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Detectives medievales

Pilyarquitect • 10/04/2026 • Actualizado hace 1 mes • 10 capítulos
Detective Conan G ▶ En curso melin BBC Acción Aventura Peleas / Batallas Fantasía Ciencia ficción
viajes en el tiempo los detectives junior descubren la magia de merlin merlin descubre que los detectives junior vienen del futuro Merlin descubre la identidad de Shinichi y en consecuencia de Haibara
329 visitas 4 me gusta 2 comentarios 10 cap. 45.623 palabras 228 min de lectura 5/5 (2)
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Sinopsis Atrapados en el pasado por culpa del malfuncionamiento de un invento del profesor Agasa, los Detectives Junior se enfrentarán a diversas situaciones en Camelot bajo el reinado del rey Uther. Afortunadamente no estarán solos en estas aventuras y contarán con la ayuda de un príncipe llamado Arturo y su fiel sirviente Merlin.

Índice de capítulos

Cap. 1

Capítulo 1

3.425 palabras

"Habla en japones"

Pensamientos en japonés

"Habla en ingles"

Pensamientos en ingles

✦ ✦ ✦

El profesor Agasa estaba en su laboratorio trabajando en un nuevo invento, uno que en su opinión ¡iba a revolucionar el mundo entero! Sí, su genio incomparable lo convertiría en el primer hombre capaz de inventar… ¡el teletransporte!

Probablemente muchos lo tacharían de loco o de que lo que pretende hacer es ciencia ficción. Pero en opinión de Hiroshi, la ciencia ficción en muchas ocasiones, es la ciencia que no se ha descubierto aún.

Muchos hubieran pensado que un aparato que puede modular la voz haciendo que suene exactamente como la de otra persona era algo imposible, y, sin embargo, el profesor lo había conseguido. Así que, si eso era posible, ¿quién decía que era imposible conseguir otros hitos considerados también imposibles?

“Muy bien, solo me falta conectar esto…”

La puerta del laboratorio se abrió de repente sorprendiendo al hombre y casi haciendo que su proyecto cayera al suelo.

El hombre de cabello blanco se dio la vuelta solo para encontrar a Haibara allí mirándolo.

“¿Profesor?” su voz sonaba fría con un toque de enojo. Cuando Haibara Ai tenía esa voz, no era una buena señal.

“Ai-kun, ¿qué pasa?” preguntó Agasa desconcertado.

La joven encogida puso los ojos en blanco ante esa pregunta. Inmediatamente después, se cruzó de brazos y miró al hombre con algo de molestia.

“¿Acaso lo ha olvidado profesor?”

“¿Olvidarme de qué?” ahora Agasa estaba genuinamente confundido. ¿Qué era lo que tenía que hacer? ¿De qué se había olvidado?

Haibara exhaló un suspiro.

“Prometió a los niños que hoy les dejaría probar un nuevo videojuego en el que había estado trabajando.” Explicó la no-niña con molestia.

Las palabras de Haibara hicieron palidecer a Agasa, ya que ella estaba en lo cierto. Era verdad que les había prometido a los niños que les dejaría probar su juego hoy. ¿Cómo podía haberlo olvidado?

“Oh, ¡es cierto! Ya no me acordaba.” El profesor se frotó la parte posterior de la cabeza, completamente avergonzado. Tenía que hacer algo con su memoria…

“He podido darme cuenta de eso.” Respondió Haibara todavía con un toque de molestia en su voz. Le lanzó una mirada mordaz al hombre con bata blanca, una mirada que esperaba que hiciera darse cuenta a Agasa de cuales debían ser ahora sus prioridades. “Venga, no se entretenga, los niños le esperan.”

“Sí, sí, diles que ahora salgo.” Respondió el profesor nerviosamente.

La niña de cabello castaño le dedicó una última mirada de advertencia y cerró la puerta. Una vez fuera, la joven mujer encogida exhaló un suspiro de cansancio. Siempre era lo mismo con el profesor Agasa, cuando estaba inmerso en uno de sus nuevos inventos, tendía a olvidarse de todo lo demás, incluidas las comidas.

Cómo había logrado el hombre sobrevivir tanto tiempo solo, era un misterio para Haibara. Bien, ahora que el profesor estaba avisado, Haibara tenía que atender a sus huéspedes. Quizás podía ofrecerles algo de bebida mientras esperaban a que el profesor viniera, sí eso les ayudaría a soportar la espera.

Ai inhaló y exhaló para calmar la exasperación que en ese momento sentía por el hombre que la acogía en su casa y la cuidaba. Sabía que era un buen hombre, pero sus tendencias olvidadizas a veces eran realmente agotadoras… a veces tanto que la no-niña se sentía casi como la secretaria del científico.

Tras lograr controlar sus emociones nuevamente, Haibara sonrió y caminó hacia donde la esperaban los otros cuatro niños. Tres de ellos hablaban eufóricos, ansiosos por probar el juego, mientras que el cuarto niño, simplemente estaba allí sentado, apoyando su brazo en el reposabrazos mientras que su cabeza descansaba sobre su mano. Su rostro reflejaba puro aburrimiento con un tinte de frustración.

Sinceramente, Haibara podía entender a Conan, el chico, a pesar de tener 10 años más que los otros 3 niños era extremadamente pésimo jugando a cualquier videojuego. Si los niños hacían un campeonato, Edogawa-kun siempre era el primero en quedar eliminado, era un hecho seguro, fuera quien fuese su oponente.

La única vez que el detective encogido ganó en un videojuego, fue con el juego del COCOON (1) ese juego de realidad virtual en el que literalmente se jugaban la vida, ya que, si morían dentro del juego todos los que participaban, morirían todos ellos en la vida real. En esa ocasión y contra todo pronóstico, Edogawa-kun fue el último jugador en pie, y, de hecho, ganó el juego lo que hizo que el resto de niños también se salvara. Pero eso, solo sucedió una vez. Desde entonces, Edogawa-kun ha seguido demostrando que es un jugador nefasto.

Haibara llegó hasta donde estaban Genta, Mitsuhiko y Ayumi, siendo esta última la primera en darse cuenta de la llegada de la otra chica.

“¡Ai-chan!” llamó la niña emocionada. A decir verdad, a Haibara le gustaba escuchar a la otra niña llamarla Ai, aunque era la única, a parte del profesor, a la que le permitía llamarla así. Ni siquiera Edogawa-kun gozaba de ese ‘privilegio’.

“Oh, Haibara-san,” añadió Mitsuhiko “¿viene ya el profesor?”

La niña dio un asentimiento al chico alto.

“Sí, estará aquí en seguida, no os preocupéis.”

En ese momento Conan se volvió para mirarla, su rostro era la epitome del aburrimiento. “A ver, ¿de qué va este juego que ha desarrollado el profesor?” preguntó con voz que sonaba cansada.

Haibara se encogió de hombros.

“La verdad es que no lo sé.” Respondió la chica con total honestidad.

“¿Ah, no?” preguntaron los otros tres niños al mismo tiempo.

La no-niña volvió a negar con la cabeza. “No, el profesor lo mantuvo totalmente en secreto, incluso de mí. No os puedo dar pistas.”

Esa respuesta provocó que las caras de los tres niños se iluminaran al pensar en las probabilidades.

“¡Qué emocionante!”

“¿De qué creéis que tratará?”

“¡Me muero de ganas por probarlo!”

Conan por otra parte exhaló con cansancio. La verdad, el adolescente encogido preferiría estar fuera jugando al fútbol antes que encerrarse entre cuatro paredes frente a una pantalla. ¿Por qué los niños eran tan aficionados a estas cosas? ¿Y por qué siempre se dejaba convencer para ir con ellos?

Tal vez… aún estaba a tiempo de escaparse de tener que probar ese video juego nuevo. Sí, si podía inventar una excusa-

La puerta del laboratorio del profesor Agasa se abrió de repente y el hombre apareció cargando varias cosas.

Oportunidad perdida Pensó el niño con gafas cerrando los ojos con pesar.

El profesor Agasa se acercó a una mesa donde descargó todo lo que llevaba encima cogiendo solo el juego que había desarrollado y que inmediatamente se dirigió a la consola para conectarlo.

Los niños estaban que saltaban de la emoción mientras que Conan cada vez más se sentía atrapado. Bien, siempre podía pedirse ser el primero, ser derrotado, como pasaba siempre, e irse a leer o hacer cualquier otra cosa. Así al menos, la tortura sería lo más corta posible.

Cuando la pantalla se encendió en ella apareció la carátula de presentación del juego. A decir verdad, Conan estaba un poco sorprendido cuando leyó:

“En busca de Excalibur.”

Sus ojos se dirigieron hacia su amigo inventor con incredulidad. El profesor… ¿había diseñado un juego relacionado con la leyenda Artúrica? Y al parecer, Conan no era la única persona sorprendida por este nuevo juego.

“¿Excalibur? ¿Pero… esa no es… la espada del rey Arturo?” preguntó Mitsuhiko completamente confundido.

“Sí, en efecto Mitsuhiko-Kun.” Respondió el hombre con bata blanca con una enorme sonrisa en su rostro

“¿El rey Arturo? ¿Quién es ese?” preguntó Genta completamente confundido.

“Vamos Genta, ¿no te acuerdas?” replicó Ayumi con voz ligeramente molesta. “Kobayashi Sensei nos habló de él el otro día en clase, forma parte de las leyendas británicas.”

Genta parpadeó un par de veces antes de que sus ojos abrieran en comprensión al recordar lo que su amiga acababa de decirle.

“Ah, sí… lo había olvidado.” Respondió el niño frotándose la nuca con nerviosismo.

Conan puso los ojos en blanco. Si bien ya estaba acostumbrado a que Genta tendiera a olvidarse de las cosas, tenía otra preocupación en mente, una mucho más importante… bueno importante no, pero que sí que tenía que ver con la materia que estaban tratando.

“Si bien es normal que Genta a menudo se olvida de las cosas, eso no responde a la pregunta que creo que todos nos hacemos.” El niño con gafas se giró hacia el científico mayor. “¿Por qué ha hecho un juego con esta temática profesor?”

El hombre parecía sorprendido por sus palabras, pero pronto se recuperó de la sorpresa y se volvió hacia el niño que le miraba expectante. De hecho, todos los niños ahora le miraban emocionados esperando escuchar la respuesta.

Agasa tosió en su mano, se enderezó y comenzó a acariciarse el bigote.

“Oh, bueno, ya llevaba tiempo queriendo hacer un juego que fuera de aventuras y buscar un tesoro, pero no se me ocurría la temática” su mirada se dirigió hacia Haibara, “y mientras pensaba en ello, Ai-kun entró en mi laboratorio y entonces me vino la inspiración.”

La niña de cabello castaño parecía sorprendida por esa revelación. Ciertamente, recordaba un día como otro cualquiera llegar a casa después de la escuela, entrar en el laboratorio para saludar a Agasa y ver que el rostro del hombre se había iluminado como si fuese Navidad. Ni por un momento la joven encogida pensó que eso se debiera a que había servido de inspiración para su guardián y protector.

“¿Le vino la inspiración al ver a Haibara-san?” preguntó Mitsuhiko confundido. Si bien Haibara era increíble, él mismo pensaba así, no veía cómo ella podía relacionarse con la idea del profesor. Afortunadamente, Mitsuhiko no era el único con esa duda en mente.

“¿Y eso por qué profesor?” pregunto Genta quien parecía tan confundido o incluso más que el chico alto y delgado.

El hombre con bata no pudo evitar sonreír aún más.

“La madre de Ai era británica,” explicó, “al verla lo recordé y de repente se me ocurrió que la temática fuera algo relacionado con ese país.”

Conan frunció el ceño al escuchar eso. Si quería hacer un juego relacionado con el país británico, ¿por qué no coger algo más conocido? Como cierto detective creado por sir Arthur Conan Doyle, por ejemplo.

“¿Y por qué no hacerlo sobre algo relacionado con Sherlock Holmes?” preguntó el joven detective señalando al hombre con un dedo acusador.

El científico lo miró con ligero asombro, seguramente debería haber previsto algo así, si Shinichi escuchaba hablar del Reino Unido, lo primero que le venía a la mente al joven, era su querido detective. Pero ese país tenía mucho más que ofrecer, y esa es la postura que estaba dispuesto a defender.

“Como he dicho, quería que el juego fuera más de aventuras y buscar tesoros, algo como ‘Uncharted’,” explicó el hombre, para asegurarse de que Shinichi lo entendiera, “la temática de Sherlock Holmes sería más bien para un juego de misterio y deducciones.”

Los ojos de Conan se abrieron con sorpresa ante la explicación del hombre, ciertamente… para la temática que había pensado el profesor para su juego, era mejor no involucrar a Holmes en él.

“Ya… tiene razón…” admitió finalmente. Esa era otra buena razón para intentar escapar de probar ese juego. Sabía desde ya que no iba a ser una experiencia divertida, y nuevamente demostraría ante sus amigos que era pésimo jugando a los videojuegos.

Mientras Conan se consumía en su autocompasión, Ayumi tenía otro tema que quería sacar a relucir ya que le había llamado mucho más la atención.

“Ai-chan, ¿es verdad que tu madre era británica?”

“Sí, sí que lo era.” Respondió la joven encogida con una suave sonrisa. Sus padres murieron cuando ella era un bebé, pero sabía perfectamente cuál era su ascendencia.

“¿Y conoces la leyenda del Rey Arturo, Ai-chan?” volvió a preguntar la niña con diadema.

“Por supuesto,” aseguró Haibara. De hecho, saber que su madre era británica la llevó a estar interesada durante un tiempo a investigar cuanto pudiera de ese país, ya que lo sentía como parte de su propia historia. “Aunque en realidad no es una sola leyenda, sino varias.”

“¿Varias?” preguntaron sorprendidos los tres niños al mismo tiempo.

“Sí,” respondió la niña de cabello castaño con una sonrisa, “hay muchas versiones que giran entorno al rey Arturo, sus caballeros, la reina Gwenivere, la mesa redonda, el mago todopoderoso Merlin… saber cuál de esas versiones puede ser la que más se acerca a la realidad es algo prácticamente imposible de determinar.”

Conan se quedó escuchando a Haibara mientras explicaba esto a los niños, aunque en verdad su mente se había movido hacia otra parte, hacia otra persona que compartía el mismo país de origen que la madre de Haibara.

Ahora que lo pienso, la madre de los Akai, Mary (2), también es británica, es posible que ella también conozca las leyendas artúricas. Pensó Conan en plena concentración. Pero su cara seria pronto se convirtió en una que reflejaba incredulidad. Pero qué digo, si tal y como sospecho ella es un agente del MI6, dudo que se preocupe por algo como leyendas.

El detective encogido volvió al presente cuando escuchó a uno de los niños dirigirse al profesor Agasa.

“Entonces, si lo he entendido, ¿tenemos que encontrar la espada llamada Excalibur?”

El científico asintió con una gran sonrisa en su rostro.

“Así es Mitsuhiko, en el juego sois unos cazatesoros y tenéis que encontrar la legendaria espada de quien se dice fue el rey más grande que jamás ha existido.”

Aquí está mi oportunidad de escapar. Pensó Conan mientras una sonrisa comenzaba a adornar su rostro.

“Pero si esto es así, solo pueden jugar de uno en uno, ¿verdad?” trató de evitar que su voz mostrara esperanza ante la perspectiva de no tener que jugar a ese juego.

“Pero ¿qué dices Conan-kun? ¿Crees de verdad que arruinaría así la diversión?” respondió Agasa con una inmensa sonrisa para gran consternación del detective encogido. “Obviamente he añadido función multijugador. ¡Pueden jugar hasta cuatro personas al mismo tiempo!”

Mi gozo en un pozo. Pensó el niño con amargura mientras agachaba la cabeza. Sabía que Haibara probablemente se negaría a jugar, por lo que no tendría más remedio que ser él el que jugara junto con los otros niños. Ya podía imaginarlos quejándose por no ser capaz de seguirles el ritmo. ¿Por qué no se había escapado cuando tuvo la oportunidad?

Una breve tos llamó la atención de todos quienes miraron a Haibara que tenía una sonrisa tímida en el rostro.

“Esto… me gustaría… me gustaría probar ese juego… ¿puedo?”

Conan la miró con una mezcla de incredulidad y alegría pura, ¿era cierto lo que acababa de escuchar? ¿No se vería arrastrado a probar ese juego? Por otra parte, tres rostros infantiles se iluminaron como luces navideñas al escuchar a su compañera mostrar interés por jugar con ellos.

“¡Por supuesto que sí Ai-chan!”

“¡Claro que sí Haibara-san!”

“Apuesto a que lo haces mucho mejor que Conan-kun.”

“Oi, oi.” Conan se giró indignado hacia Genta por el comentario que acababa de lazar, aunque… siendo honestos, podría muy bien ser una afirmación acertada.

El no-niño soltó un suspiró, no merecía la pena discutir por eso. Al menos… se había librado de esa tortura.

Mientras el resto de los miembros de la Liga juvenil de detectives se acomodaba en los sofás para empezar a jugar, Conan se puso las manos en los bolsillos y se encaminó hacia la zona de cocina, donde Agasa estaba ya revisando otra de sus invenciones.

“Oiga profesor, ¿qué es eso?”

El científico miró primero al niño y después nuevamente al aparato en sus manos.

“Oh, ¿esto? Si logro que funcione, será el primer teletransportador de la historia.”

Los ojos de Conan se abrieron con sorpresa al escuchar esas palabras. ¿De verdad esperaba el profesor llegar a inventar eso? Era cierto que el profesor tenía algunos inventos bastante impresionantes, pero lo que sugería… eso ya eran palabras mayores.

“¿Teletransportador? ¿Está seguro de que logrará inventar tal cosa?” le preguntó con voz ligeramente burlona.

“¡Por supuesto que sí! ¿Acaso dudas de mi genio?” la voz del profesor sonaba ligeramente dolida, aunque Conan sabía por experiencia que el hombre mayor hablaba en broma, por lo que él mismo siguió con la broma.

“¿De verdad quiere que responda a eso?”

El profesor Agasa hizo un puchero ante la pregunta del niño, la cual iba acompañada con una sonrisa que podría rivalizar con el gato de Cheshire.

“Oh vamos Shinichi, ten un poco de fe en mí.”

Conan soltó una breve risita y se sentó al lado del profesor mientras miraba a los niños jugar a ese nuevo juego del profesor. Conan tuvo que admitir que el juego, al menos visualmente tenía muy buena presentación, y los niños parecían divertirse bastante con sus aventuras para buscar la espada.

✦ ✦ ✦

Pasado un rato, los niños decidieron hacer una pausa para comer, por sugerencia de Genta. El profesor accedió a ello, pero cuando fue a revisar el frigorífico, se dio cuenta de que no tenía nada que ofrecerles a los niños para comer.

Ante esta situación, el hombre se ofreció a ir a comprarles algo de merienda. Los niños aceptaron y se quedaron a esperar a que el hombre que veían como un tío o quizás un abuelo regresara con la comida.

De repente, algo que estaba en el mostrador de la cocina llamó la atención de Genta.

“Ei, chicos ¿qué es esto?”

Los demás niños dirigieron su mirada hacia lo que el chico más alto señalaba, parecía una especie de caja rectangular con una pantalla y varios botones.

“Debe ser uno de los inventos del profesor, Genta.” Dijo Ayumi con voz alegre.

Conan que seguía sentado en uno de los taburetes con el brazo apoyado en el mostrador asintió hacia el aparato en cuestión. “Lo confirmo, es uno de sus inventos. Estaba trabajando con él mientras jugabais.”

El no-niño estaba a punto de explicarles para qué supuestamente servía ese invento, cuando la voz de Genta lo interrumpió.

“¿En serio? ¿Y para qué sirve?” preguntó el niño mientras se acercaba para coger la nueva invención del hombre.

“Oye Genta, ¡no lo toques sin permiso!” lo reprendió Mitsuhiko. Genta se giró molesto hacia su amigo, no le gustaba que le regañaran si no había hecho nada malo, simplemente estaba mirando, ¿era eso un crimen?

Además, cuando le decían que no hiciera algo, Genta tenía aún más ganas de hacer ese algo que le estaban prohibiendo hacer.

“¿Por qué no?” replicó el niño cogiendo el aparato del mostrador. “Si lo ha hecho el profesor, puede que sea un nuevo juguete, estoy seguro de que no le importara que lo pruebe.”

Conan palideció sabía que eso no era un juguete, y además no estaba terminado. ¿Y si explotaba? Podría herir a los niños o tal vez incluso peor. ¡Tenía que detener a Genta!

“¡No Genta! ¡Espera!” gritó el adolescente encogido, pero el otro niño no le hizo caso.

“Puede que sea un dron o… ¡Un cohete!” gritó el chico emocionado. “Ya está, iré a probarlo afuera, seguro que al aire libre no pasará nada.” Convencido de que si era un invento que podía volar, lo mejor era probarlo en el jardín de la casa en lugar de el interior

Sin querer escuchar las protestas de los demás, Genta corrió hacia la entrada y se puso sus zapatos. Los otros niños no tardaron en seguir su ejemplo, siendo Conan el primero en seguir a Genta, tratando de impedir que el chico activara el dispositivo, una máquina que no estaba acabada y que podría provocar cualquier desastre. Los niños lograron alcanzar a su amigo en medio del jardín de Agasa. Conan se movió frente a Genta en un último intento de detenerle.

Desgraciadamente, ya era demasiado tarde. El niño con el aparato aún en sus manos presionó uno de los botones provocando que una luz blanca los cegara a todos.

Cuando la luz se desvaneció, los niños comenzaron a mirar a su alrededor desconcertados, pues el entorno en el que se encontraban ya no era el jardín del profesor Agasa. Había un montón de árboles y arbustos rodeando a los cinco niños, la vida salvaje abundaba por todas partes, así como el ruido de animales, ramas movidas por el viento… ningún rastro de civilización podía apreciarse a su alrededor.

Ya no… ya no estaban en casa del profesor, ahora estaban… ¡en medio de un bosque!

✦ ✦ ✦

(1) Detective Conan película 6: El fantasma de Baker Street.

(2) Detective Conan episodio 756 (file 875 del manga)


Cap. 2

Capítulo 2

4.348 palabras

"Habla en japones"

Pensamientos en japonés

"Habla en ingles"

Pensamientos en ingles

✦ ✦ ✦

Todavía perplejos por lo que acababa de pasar, los niños miraron a su alrededor, pero no pudieron reconocer el entorno en el que se hallaban.

“¿Se… se puede saber dónde estamos? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?” preguntó Ayumi expresando lo que todos se cuestionaban.

¿Cómo habían pasado de estar en un jardín de una zona urbana, a estar en medio de la naturaleza?

Conan frunció el ceño y se puso las manos en los bolsillos mientras hablaba con calma.

“No puedo decir dónde estamos, porqué no lo sé, pero sí tengo una idea de cómo hemos llegado aquí.”

Todos se giraron sorprendidos hacia el pequeño detective, quien había cerrado los ojos.

“¿De verdad Conan-kun?” preguntó Mitsuhiko ansioso por dar sentido a la situación en la que se encontraban.

Conan abrió los ojos mirándolos a todos mientras asentía.

“Sí,” respondió, luego se giró hacia el chico más alto. “Genta, el invento que cogiste del profesor Agasa, era un intento de máquina teletrasportadora. Sinceramente, no esperaba que el invento del profesor funcionara, pero al parecer, lo hace, y nos ha enviado quién sabe dónde.”

“Espera, ¿estás diciendo que el profesor Agasa ha construido un teletransportador?” preguntó Mitsuhiko totalmente fuera de sí “¡Eso es imposible!”

Haibara asintió en acuerdo con el chico alto y delgado. “Cierto, no hay evidencias científicas de que eso sea posible de lograr, ¿estás seguro de lo que dices Edogawa-kun?”

Conan dirigió su atención hacia la otra adulta encogida con una mirada que reflejaba una mezcla de seguridad y frustración.

“Si lo que digo no es cierto, ¿cómo explicas que estemos aquí, en medio de un bosque, y sin saber cómo hemos llegado aquí?”

La chica de cabello castaño abrió los ojos con sorpresa sin saber qué responder a esa pregunta.

“Tienes… razón.” No le quedaba más remedio admitir la verdad, aunque pareciera la locura más grande del mundo.

“¿Qué hacemos ahora Conan-kun?” preguntó Ayumi con voz asustada. No le gustaba estar lejos de su casa, algo perfectamente entendible.

Conan sonrió tranquilizadoramente a la chica, haciéndole saber que él se encargaría de solucionar esta situación. Luego se volvió hacia Genta quien se estremeció ligeramente bajo la mirada que el chico con gafas le dio.

“Déjame ver esa máquina, Genta, puede que indique las coordenadas de donde estamos y eso nos permita orientarnos.”

El chico más alto pareció sorprenderse por unos momentos, luego se miró las manos y después a su alrededor. Su rostro se puso pálido antes de volver a mirar a su amigo que esperaba con la mano extendida hacia él.

“La máquina… creo que la he dejado caer cuando la luz nos ha cegado… no sé dónde está.”

Los ojos del detective encogido se abrieron como platos al escuchar esas palabras.

“¡¿Qué?! ¡¿Quieres decir que la máquina no está aquí?!”

¿Cómo podrían determinar su ubicación ahora?

¡Imposible! pensó el adulto encogido. Si no sabían siquiera dónde estaban, ¿cómo iban a volver a casa?

Conan inhaló y exhaló para calmarse. Perder los estribos con Genta no iba a ayudarles con su situación. No, lo que tenían que hacer era idear un plan para volver a casa, y eso significaba en primer lugar, intentar contactar con alguien. Sí, esa parecía ser la mejor opción, por ahora.

El chico con gafas sacó su teléfono móvil y expresó una ligera maldición cuando vio que no daba señal.

“¿Alguno de vuestros móviles da señal?” preguntó a los demás niños.

“No.”

“Ni el mío.”

“Tampoco el mío.”

“Ninguno de los móviles da señal Edogawa-kun.” Concluyó Haibara tras comprobar su propio teléfono solo para volver a guardarlo momentos después ya que era inútil.

“¿Qué hacemos ahora Conan-kun?” preguntó nuevamente Ayumi. La niña parecía cada vez más asustada.

¿Qué hacer? Shinichi se preguntaba lo mismo. Lo que estaba claro, era que no podían quedarse en ese lugar, a la intemperie. Eso podría ser… desastroso. Tenían que llegar a otro lugar, más protegido, quizás… lograr salir del bosque, y tratar de buscar señal para que pudieran llamar pidiendo ayuda, eso sonaba como un plan, al menos por ahora.

Tomando una decisión, el chico asintió y se dirigió a los demás niños.

“Creo que por ahora lo que tenemos que hacer, es salir de aquí, intentar buscar un lugar que esté más protegido, o quizás… salir del bosque e intentar contactar con alguien.”

Los niños se miraron entre ellos con preocupación tras lo que Conan les sugirió.

“Pero si andamos sin rumbo fijo, podríamos acabar perdiéndonos.” Comentó Mitsuhiko con voz preocupada

“Eso es verdad, por eso sugiero que nos dirijamos hacia el norte.” Respondió el no-niño con voz confiada.

“Y ¿cómo sabes por dónde está el norte?” preguntó Genta confundido por cómo su amigo podía saber la dirección correcta si estaban, literalmente, perdidos en medio del bosque.

“Fácil, ¿veis el musgo que crece en este lado del árbol? Esto se debe a que este bosque parece bastante húmedo, y como este lado no recibe luz solar, el musgo crece aquí.” El detective sonrió tranquilizadoramente a los otros niños. “En otras palabras el musgo señala el norte.”

Los niños sonrieron aliviados, hasta que la voz de Haibara sonó para añadir un poco controversia a la situación. No es que lo hiciera con mala fe. Solo quería asegurarse de que el detective lo había tenido absolutamente todo en cuenta antes de hacerles andar en una dirección cualquiera.

“Sí, eso sería así, si supiéramos del cierto que estamos en el hemisferio norte. ¿Cómo sabes en qué hemisferio estás?”

Miró al otro no-niño con picardía, esperó para ver su reacción.

Haibara no se sorprendió cuando vio a Kudo sonreír con confianza. Estaba convencido de dónde estaba el norte, y pronto compartiría su razonamiento con todos ellos.

“Llevamos aquí un rato ya.” Comenzó el detective. “He observado cómo se mueven las sombras y sabiendo que el sol se mueve de este a oeste, puedo determinar que estamos en el hemisferio norte.”

Haibara soltó una breve risita. “Una explicación razonable.” Admitió.

“Gracias.” Respondió Conan.

Mitsuhiko, Genta y Ayumi observaron el intercambio entre los dos niños y sonrieron cuando vieron que Conan estaba seguro de lo que estaba haciendo.

Como tantas veces antes, habían confiado sus vidas en el chico con gafas, y siempre había salido bien. Conan siempre encontraba una solución.

“Entonces… ¿nos vamos?” sugirió Ayumi tras unos momentos de silencio.

Los demás niños asintieron.

“Sí, será mejor que nos movamos.”

Los cinco niños comenzaron a caminar hacia el norte. Mientras andaban Conan no podía evitar pensar en lo extraño que era este bosque. La vegetación que allí era muy distinta a la de los bosques que había visto hasta ahora en Japón.

¿Podría ser…? ¿Podría ser que ni siquiera estemos en Japón? una punzada de pánico invadió su mente al darse cuenta de que eso era una gran posibilidad.

Un ruido repentino rasgo el aire, un ruido que sacó a Shinichi de sus pensamientos. Era un ruido que todos los presentes conocían demasiado bien.

“Lo siento chicos-” comenzó el chico más alto.

“Tienes hambre.” Dijeron todos los demás al unísono.

Mitsuhiko dio un paso más cerca de su amigo.

“Siempre te pasa igual Genta.” Exclamó.

Genta bajó la cabeza, completamente abatido.

“Lo siento.” Dijo con voz ligeramente avergonzada.

Conan sonrió, sabía que, de los cinco de ellos, Genta era el más propenso a tener siempre hambre, pero siendo honestos, él también estaba un poco hambriento, aunque quizás no tanto como su amigo.

“No lo sientas Genta,” dijo con voz tranquilizadora. Probablemente el chico ya se sentía lo suficientemente culpable por meterlos a todos en este lío, no era necesario hacerle sentirse culpable por algo que no podía controlar. “Si de hecho es normal que tengas hambre, y no creo que seas el único, llevamos mucho rato andando, y puede que además sea hora de comer.”

Mitsuhiko y Ayumi abrieron los ojos como platos al escuchar esas palabras, ya que en realidad…

“Ahora que lo dices… yo también tengo hambre.” Admitió Mitsuhiko.

“Sí, y yo también un poco.” Agregó Ayumi.

“Sí, lo admito, yo también,” finalizó Haibara cruzándose de brazos. Luego miró a Conan, “pero ¿dónde encontraremos algo de comer por aquí?”

Shinichi adquirió una pose pensativa, todos tenían hambre, pero ¿dónde iban a encontrar comida?

Todos se quedaron en silencio y de repente, Conan lo escuchó. Era un sonido muy característico, un sonido que podría ser la respuesta a su problema actual.

“Chicos, creo que tengo la solución.” Dijo con una amplia sonrisa en sus labios.

“¿Eh?” preguntaron los demás al mismo tiempo. Estaba claro que no entendían a lo que se refería Conan, lo cual era normal si no habían escuchado el sonido que tan claramente él escuchaba.

En lugar de explicárselo, el no-niño simplemente sonrió.

“Seguidme.” Les dijo mientras comenzaba a encaminarse hacia el origen del sonido. A medida que se acercaban, los otros niños también lo pudieron escuchar y cuando llegaron allí, sonrieron ante lo que tenían delante.

“¡Oh!” exclamaron Genta, Mitsuhiko y Ayumi al ver el río que estaba ante ellos. El sonido que había escuchado Conan y los había guiado a todos hasta aquí, era el sonido del agua.

Haibara sonrió en comprensión.

“Ya lo entiendo, en un río puede haber peces que podemos pescar y cocinar.” Dijo Mitsuhiko girándose hacia Conan con una gran sonrisa en su rostro. El otro chico asintió en respuesta.

“Exacto, además de que podría haber árboles frutales o arbustos con bayas que también podrían estar repletos de alimento.” Añadió el chico con gafas.

“Por no mencionar que, dependiendo de la época, puede que también haya setas.” Añadió Haibara girándose para mirarlos a ambos.

Conan levantó el pulgar hacia la chica de cabello castaño.

“Exacto. Si nos dividimos, seguro que encontraremos comida muy pronto.”

“¡Sí!” exclamaron todos los niños.

Y así, decidieron dividirse en dos grupos, unos intentarían pescar en el río con la ayuda de un palo previamente afilado, y el otro se encargaría de buscar frutas, bayas y setas, cualquier cosa que pudieran encontrar.

Se pusieron a trabajar de inmediato, siendo Genta y Mitsuhiko los encargados de pescar y Haibara, Ayumi y Conan se encargaban de recolectar.

El segundo grupo tuvo suerte ya que pronto encontraron árboles frutales y se apresuraron a recolectar tanta fruta como pudieron. Estaban en plena tarea cuando de repente escucharon un grito seguido de un chapoteo.

Dejando lo que estaban haciendo, los demás corrieron hacia el río en el que estaban Genta y Mitsuhiko solo para encontrar a este último intentando levantarse. Estaba completamente empapado de pies a cabeza. No hacía falta ser un genio para adivinar qué había sucedido.

“¿Estás bien Mitsuhiko?” preguntó Conan ligeramente preocupado. Esperaba que el niño con pecas no se hubiera lastimado en su caída.

“Sí, aunque un poco mojado.” Respondió Mitsuhiko con una sonrisa avergonzada. “Estaba a punto de coger otro pez cuando mi pie ha resbalado y he acabado entero en el agua.”

“Sí no hace falta que lo digas.” Respondió Conan con una sonrisa. Estaba aliviado de que el niño solo se hubiera mojado y no hubiera lesiones, aunque… el chapuzón, si bien no planeado, podría tener consecuencias si no actuaban rápido.

Conan no fue el único que pensó en ello, ya que la voz de Haibara pronto se unió a la conversación.

“Vamos Tsuburaya-kun, será mejor que sequemos tu ropa antes de que cojas un resfriado.”

“Sí… Haibara-san.” Respondió el chico pecoso con la cara tan sonrojada como si de un tomate se tratase.

Conan suspiró. Esperaba hacer esto mientras Genta y Mitsuhiko seguían pescando, pero ahora no había más opciones.

“Está bien, lo mejor será hacer una hoguera.” Informó a los demás. “Afortunadamente he visto madera en condiciones para quemar. Ayumi-chan, ¿puedes ayudarme a recoger un poco para encender el fuego? Después iremos a recoger más.”

“Sí, Conan-kun.” Respondió la niña con diadema con una suave sonrisa.

“Yo mientras traeré aquí la fruta que habíamos cogido.” Agregó Haibara.

“Y yo iré preparando los peces para cocerlos.” Concluyó Genta.

“Lo siento, he sido muy torpe.” Habló Mitsuhiko con la cabeza agachada mientras salía del agua.

Conan le sonrió al otro chico.

“No te preocupes, habríamos hecho una hoguera tarde o temprano.” Le explicó con calma. “Simplemente será más temprano que tarde. Además, tampoco es que haga frío, por lo que el riesgo de que cojas un resfriado no es tan alto.” Le explicó al otro chico todavía sonriendo tranquilizadoramente.

Shinichi era muy consciente de que, si los ánimos decaían o los niños perdían la confianza, les sería más difícil salir de esta situación y volver a casa. Necesitaba mantenerlos a todos optimistas.

Dicho esto, el detective encogido se alejó con Ayumi para recolectar leña mientras que Haibara y Genta hicieron lo que dijeron que iban a hacer. Mitsuhiko por su parte, ayudó a Genta a preparar los peces para poder cocerlos en cuando tuvieran la hoguera ya lista.

No pasó mucho tiempo antes de que se instalaran propiamente en un claro cercano al río. Poco después, el fuego estaba ya encendido, los peces cociéndose y los niños comiendo la fruta que habían recolectado previamente. Mitsuhiko estaba sentado lo más cerca posible del fuego en un intento de secar su ropa lo antes posible, ya que, si bien era cierto lo que decía Conan de que el clima no era lo bastante frío como para coger un resfriado, también era cierto que lo mejor era no correr riesgos. Sí lo mejor era prevenir que curar.

Los cinco estaban animados hablando de cómo esto se parecía ligeramente a las veces que habían ido de acampada con el Profesor Agasa, aunque claro, en esas ocasiones tenían tiendas de campaña, salvo la vez que se la olvidaron y acabaron en ese castillo azul(1). Hablaron también de la vez en la que encontraron esa cueva… allí Mitsuhiko, Genta y Ayumi se callaron sabiendo muy bien lo que eso significó para Conan.

“Chicos, no lo hagáis.” Les dijo Conan con voz ligeramente severa.

“¿Qué?” preguntó Mitsuhiko mirando al chico con gafas.

“¿De qué hablas Conan-kun?” preguntó Ayumi a su vez.

“Os lo dije en aquel momento y os lo repito ahora, si no hubiésemos entrado en esa cueva, el crimen que cometieron esos hombres jamás se habría resuelto.”(2) Explicó el detective encogido.

“Pero Conan…” comenzó Genta.

Pero Conan no le dejó hablar.

“Sí, es verdad que resulté gravemente herido, y es verdad que estuve a punto de morir, pero eso fue algo que vosotros no podíais controlar. Además, por lo que recuerdo, dedujisteis cuál era el camino de salida y lograsteis distraer al hombre que hacía guardia. Si salimos vivos de allí, fue gracias a vosotros chicos.”

Los otros tres niños sonrieron ante las palabras de su amigo. La verdad, siempre habían temido que Conan pudiera guardarles un poco de rencor por lo que sucedió en esa cueva, ya que fue su testarudez y despreocupación la que los puso en esa situación.

Lo que ninguno de ellos sabía, era que su hoguera atrajo la atención de alguien. Un grupo de hombres que estaban en ese bosque vieron el humo de la hoguera en la distancia, por lo que se acercaron para ver de qué se trataba. No tardaron en ver a los cinco niños sentados alrededor del fuego comiendo y hablando, aunque no podían entender lo que decían. Les pareció extraño que no hubiera ningún adulto con ellos, pero aún con todo, quizás podrían sacar algo de esos niños.

El jefe del grupo, un hombre con una cicatriz sobre su ojo derecho y varias cicatrices más en sus brazos se giró a sus compañeros.

“Rodeadlos para que no puedan escapar, y no matéis a ninguno de ellos. Por ahora, los quiero vivos, ¿entendido?” explicó el hombre. De hecho, Rowan que así era como se llamaba el jefe de la banda, esperaba poder sacar un buen dineral de esos chicos, tal vez… vendiéndoselos a Jarl, el traficante de esclavos, pero para hacer eso, necesitaba a los mocosos vivos.

“Sí, jefe.” Respondieron sus hombres. Ninguno se había atrevido a cuestionar nunca las órdenes de Rowan, pues sabían que hacerlo conllevaba un castigo… extremadamente severo.

“Jefe…” se atrevió a decir uno de los hombres más cercano a Rowan.

“¿Qué sucede Klaus?” preguntó el hombre ligeramente molesto.

El miembro del grupo que había hablado tragó saliva, pero siguió adelante. “¿Se ha fijado en la ropa tan extraña que llevan estos niños?”

El jefe miró al grupo de niños que seguía ajenos a su presencia.

“Sí, es muy extraña,” admitió, “pero… ¿qué más da eso? Los cogemos y ya está. ¿queda claro?”

“Sí jefe.” Respondieron todos los hombres nuevamente.

Antes de que sus hombres se dispersaran les habló de nuevo.

“Otra cosa, me acercaré yo primero para hablar con ellos y saber si hay algún adulto cerca. Estad alerta.”

“Sí jefe.” Respondieron nuevamente los hombres antes de finalmente alejarse para rodear a los cinco niños ignorantes aún de su presencia.

Todavía ajeno a la presencia de esos hombres, Shinichi estaba escuchando a Mitsuhiko hablar sobre aquella ocasión en la que Haibara y él estuvieron solos por el bosque cuidando una cría de oso tras presenciar un asesinato,(3) pero no podían advertir a los demás ya que iban en compañía del asesino, pero que al final-

El detective encogido de repente dejó de prestar atención y disimuladamente miró hacia una zona del bosque cuando un ruido captó su atención.

¿Qué había sido eso? Casi sonaba como una-

Lo volvió a escuchar y ya no tuvo dudas, parecía una rama que se rompía al ser pisada. ¿Había algo o alguien allí?

Conan se levantó de un salto, una acción que los sorprendió a todos.

“¿Conan?”

“¿Pasa algo?”

“¿Por qué te has levantado así de golpe?”

Todas estas preguntas fueron lanzadas casi simultáneamente por los niños, Conan no les respondió de inmediato, en su lugar se quedó mirando la zona de la que provenían los ruidos con el ceño fruncido.

“Hay alguien ahí.”

La reacción de los niños no se hizo esperar.

“¡¿Qué?!” gritaron todos al mismo tiempo poniéndose de pie y comenzando a mirar a su alrededor frenéticamente.

Conan pareció no darse cuenta de las acciones de sus amigos, toda su atención estaba en esa zona concreta del bosque. Bien, si quien fuera no iba a mostrarse, Shinichi lo obligaría a salir.

“Sé que estás allí, y te sugiero que salgas, seas quien seas.” Proclamó el no-niño en voz alta para que quién fuera pudiera escucharle. Mientras esperaba una respuesta, el detective encogido movió discretamente su mano hasta su reloj, en caso de que tuviera que usar sus dardos anestésicos.

De repente, un hombre cubierto de cicatrices en ambos brazos y otra sobre su ojo derecho que a Conan le recordó ligeramente a la del superintendente Matsumoto salió de detrás de un árbol y se acercó a ellos.

Shinichi se sorprendió, pero no fue por la apariencia del hombre, que en realidad era bastante amenazante, sino más bien por la ropa que llevaba. Este hombre parecía ir vestido como vestía la gente en Europa ¡durante la Edad Media! Además, este hombre tenía claramente facciones occidentales. No era japonés, lo que le hizo creer a Shinichi, incluso más que antes, que la máquina del profesor los había enviado fuera de Japón. ¿Cómo iban a volver a casa?

“Hola niños.” Dijo el hombre acercándose a ellos con una sonrisa que podría considerarse perversa. Este hombre no tenía buenas intenciones.

Además, el hombre acababa de hablarles en inglés, algo que solo pareció confirmar aún más la sospecha del pequeño detective. Y bien, ya que el hombre había dado el primer paso, Conan no lo dudó.

“¿Está usted solo señor?” preguntó Conan con voz infantil. A sus espaldas pudo escuchar sonidos de asombro provenientes de Genta, Mitsuhiko y Ayumi.

Por otra parte, el hombre frente a él ensanchó su sonrisa.

“Sí, he visto el humo de vuestra hoguera y he venido a ver qué era. Me sorprende encontrar a cinco niños aquí solos. ¿No hay ningún adulto con vosotros?” Parecía… expectante por escuchar la respuesta.

Conan no sabía si responder con la verdad o tratar de hacer creer al hombre que no estaban solos, tal vez, lo más acertado era la segunda opción, crear una distracción e intentar escapar de este hombre, ya que no parecía tener muy buenas intenciones y Conan temía por la seguridad de los niños si se quedaban con este sujeto.

“Sí, de hecho, íbamos con un pariente mío que cuida a veces de nosotros, pero ha ido a buscar algo de comida, seguro que volverá pronto con nosotros. Para aprovechar el tiempo, habíamos encendido la hoguera, para poder cocinar lo que traiga tan pronto como regrese.” Conan esperaba que esta explicación fuera suficiente para convencer a este hombre y conseguir que se alejara. Por desgracia, ese no fue el caso.

“Ya veo, pero eso quiere decir que no sabéis cuándo volverá este pariente tuyo… ¿Y si hacemos esto? Yo me quedo con vosotros hasta que tu pariente venga y os recoja. Me sentiría mal dejando a cinco niños solos en el bosque.”

Maldita sea, este hombre no piensa irse. Pensó Conan bajando ligeramente la cabeza mientras fruncia el ceño nuevamente. No se fiaba ni un gramo de la persona ante él.

El detective encogido tuvo un momento de distracción cuando Mitsuhiko se le acercó y le susurró.

“Oye Conan-kun, estás hablando en inglés ¿verdad?”

Conan asintió.

“Sí, ¿por qué?”

“Es que, no sabía que podías hablarlo tan bien.” Respondió el niño con pecas. Mitsuhiko era de los mejores estudiantes de la clase, pero todavía hoy, seguía asombrándose por todo lo que Conan sabía.

Conan le dedicó una breve sonrisa.

“Después os lo explicó ¿de acuerdo?”

El niño alto asintió, pero de repente pareció ponerse nervioso por algo.

“Ano… Conan-kun…”

“¿Qué pasa Mitsuhiko?” volvió a preguntar Conan, a pesar de que sabía que hablar con su amigo estaba poniendo de mal humor al hombre frente a él.

“Me ha parecido escuchar ruidos que venían de esa dirección.” Mitsuhiko señaló con la mirada a algún lugar a su izquierda.

“Lo mismo desde esa otra dirección, Edogawa-kun.” Agregó Haibara que había estado pendiente de la conversación, solo que ella señaló una dirección diferente a la del niño pecoso.

Shinichi reflexionó sobre eso por unos instantes, a él también le había parecido escuchar ruidos de gente aproximándose desde varias direcciones, aunque no había podido determinar si había sido real o la paranoia haciéndose cargo. Si los otros también lo habían escuchado, entonces la paranoia quedaba descartada.

La única explicación es que había más hombres.

¡No me digas que-!

“Chico, ¿Qué estáis murmurando?” preguntó nuevamente el hombre frente a él cansado de ser ignorado.

Conan lo miró con seriedad, dejando de lado el acto de niño inocente.

“Señor, nos ha mentido.” Le dijo con voz dura, que indicaba que no había ninguna duda en el asunto.

“¿C-cómo?” se atragantó el hombre. Realmente no esperaba que un niño de 6 años pudiera ver a través de su actuación.

Nunca se lo esperan…

El detective cerró los ojos durante un instante antes de abrirlos y clavar su mirada de acero al hombre frente a él.

“Nos ha dicho que estaba solo en este bosque, pero eso no es verdad.” No había ni un rastro de voz infantil en esa acusación.

“¿Cómo sabes eso?” preguntó el hombre genuinamente asombrado.

Conan dio un paso al frente, con las manos en la espalda, donde escondía su reloj ya preparado, dada la cantidad de gente que parecía haber, como mucho podría noquear a 3 quizás 4 hombres, pero no a todos.

Tenía que encontrar otra forma de salir de aquí, y lo único que le parecía plausible era en dejar al hombre frente a él tan asombrado que no esperara el “ataque” de Conan con la que el niño podría noquearlo con facilidad y abrir una vía de escape para todos. No era el mejor plan, pero no podía pensar en nada mejor por el momento.

“Podemos ser niños, pero no estamos sordos, hay más hombres acercándose, cabe decir, que no son muy sigilosos. Y por lo que parece, nos tienen rodeados, lo que quiere decir que usted nos ha estado entreteniendo mientras el resto se acercaban para rodearnos, ¿Su intención? Secuestrarnos seguramente. ¿Me equivoco?”

El hombre frente a él estaba realmente estupefacto de que un niño pudiera ver tan claramente cuál era su plan. Desgraciadamente, se recuperó de su sorpresa antes de lo que Conan había anticipado.

No tardó en mostrar una sonrisa que era una mezcla de alegría y sádica.

“Está bien, lo has descubierto.”

Luego alzó la vista y gritó con voz potente.

“¡Ahora!”

De todas partes salieron hombres que bloquearon efectivamente cualquier vía de escape. Quizás no era lo más propio en lo que fijarse, pero Conan advirtió que todos iban armados con estadas de dos filos (distintas a las katanas que solo tienen un filo), y con ballestas. ¿En serio estos hombres no tenían pistolas, rifles u otras armas de fuego? Además, al igual que el primer hombre, todos iban vestidos con un aspecto muy medieval.

Por lo que respecta a Genta y Mitsuhiko, cuando los hombres aparecieron, se apresuraron a acercarse más a Conan y Haibara, mirando a los recién llegados con temor.

Ayumi estaba tan sorprendida por todo lo que estaba pasando que se quedó petrificada cuando se vio envuelta por una sombra. Mirando por encima del hombro, vio a un hombre que le sonreía de forma espeluznante. La niña dejó escapar un grito y trató de salir corriendo, pero pronto noto su torso siendo envuelto por un brazo grande y musculoso y sintió que era levantada del suelo, eso la hizo gritar nuevamente.

“¡Ayumi-chan!”

“¡Ayumi!”

“¡Yoshida -san!”

Los gritos de sus amigos no tardaron en llegar, pero fueron silenciados cuando el hombre de las cicatrices se aclaró la garganta ganándose la atención de todos.

“Empezaremos de nuevo, mi nombre es Rowan, y vosotros cinco, sois ahora mis prisioneros.”

✦ ✦ ✦

(1) Detective Conan episodio 136 (files 200-203 del manga)

(2) Detective Conan episodio 188 (files 251-260 del manga)

(3) Detective Conan episodio 212 (files 273-275 del manga)


Cap. 3

Capítulo 3

2.803 palabras

"Habla en japones"

Pensamientos en japonés

"Habla en ingles"

Pensamientos en ingles

✦ ✦ ✦

Merlín estaba harto de cabalgar. Había estado atrapado en esta silla durante horas mientras acompañaba a Arturo y sus caballeros a una patrulla cerca de la frontera con el reino de Cenred.

La verdad de la situación era que había habido algunos disturbios en los pueblos fronterizos, sobre todo después del intento de Cenred de conquistar Camelot, y Uther, preocupado por todo ese asunto, había enviado a su hijo para poner orden en esas tierras fronterizas y expulsar a cualquier seguidor del soberano del país con el que estaban en conflicto que pudiera hallarse en el lugar.

Mientras estaban allí, llegó a oídos de Arturo que un grupo de forajidos andaba por los bosques atacando a transeúntes y causando estragos por doquier, hasta tal punto que los aldeanos del pueblo en el que se hallaban temían adentrarse en ese bosque.

Por este motivo, Arturo decidió tomar cartas en el asunto y les prometió a esas gentes que él y sus caballeros se encargarían de esos malhechores y lograrían que el bosque fuera un lugar seguro otra vez.

Así que ahí estaban ahora, cabalgando por el bosque en busca de esos criminales que estaban causando estragos en la zona. Merlín ni siquiera sabía cuánto tiempo habían estado cabalgando, pero a juzgar por el dolor en la parte inferior de su torso, se atrevería a decir que habían sido horas.

“Arturo, ¿de verdad creéis que encontraremos a esos bandidos en esta parte del bosque?” no es que el hechicero secreto no quisiera encontrar esos hombres, ¡obviamente quería encontrarles para poder volver a casa! Simplemente, estaba cansado de cabalgar sin rumbo, y del monótono silencio, ya que nadie había dicho una palabra en la última… ¿media hora? Merlín detestaba el silencio prolongado mientras cabalgaban.

Además… le gustaría hacer un descanso, pero no podía decirle eso explícitamente a Arturo, ya que, de hacerlo, el príncipe probablemente lo trataría de niña, que de todas las bromas que el miembro de la realeza tenía para su sirviente, era la que menos agradaba a Merlín.

Arturo, que cabalgaba delante del joven de cabello negro, se volvió a mirar a su sirviente con una sonrisa pícara grabada en su cara.

“¿Qué te pasa Merlín? ¿Tienes miedo de enfrentarte a unos pocos hombres?” preguntó con sorna. Luego soltó una breve carcajada. “¿Pero qué digo? Ni siquiera vas a luchar, te esconderás detrás de un árbol como una niña, como haces siempre mientras mis hombres y yo nos encargamos de ellos.”

Y ahí estaba la comparación con ser una niña. Realmente Arturo debería revisar su registro de insultos y ser un poco más creativo.

Merlín negó con la cabeza mientras miraba al joven príncipe rubio con el ceño ligeramente fruncido.

“Podéis reíros lo que queráis Sire, no sabéis cuántas veces he salvado vuestro real trasero.”

Y era verdad, el príncipe Arturo era ajeno de todas y cada una de las veces en las que le salvó la vida… a excepción de la primera que tuvo como “recompensa” el ser nombrado sirviente del príncipe de Camelot.

Arturo soltó otro resoplido divertido, esta vez sin siquiera molestarse en mirar a su sirviente. Obviamente, el príncipe era incapaz de creer lo que el joven de grandes orejas y pómulos prominentes acababa de decirle.

“Sí claro, se salvan muchas vidas estando acostado en el suelo, ¿verdad?”

En cierto modo era normal que Arturo pensara así de Merlín. No era como si el hechicero secreto pudiera decirle a Arturo “Por cierto Arturo, todas esas veces en las que os he salvado la vida, he usado magia.”

Decir eso sería igual a firmar su sentencia de muerte, por mucho que Merlín supiera que Arturo no era como su padre y que quizás… tal vez… podría llegar a aceptarle algún día por su magia, ahora mismo, con Uther en el trono, Merlín no podía decirle la verdad al príncipe. No podía, ni quería, poner a su amigo en la controversia de tener que elegir entre su padre o él.

A pesar de ser el hechicero más poderoso del mundo, Merlín tenía que fingir ser un don nadie, por muy frustrante que eso resultara a veces. Soportaba las burlas del príncipe porqué sabía que Arturo era un buen hombre, y sabía que algún día sería un gran rey, y Merlín esperaba con anhelo que llegara ese día.

No obstante, el hecho de que el príncipe se burlara de él, no quería decir que Merlín no pudiera defenderse. En realidad, y estaba seguro que el príncipe lo veía de la misma manera, las burlas que se lanzaban mutuamente eran un juego, una forma de aligerar la tensión en ocasiones o un simple modo de ahuyentar el aburrimiento.

“¡Hago mucho más que, según vos, esconderme detrás de un árbol!” luego bajó el tono de voz, “clotpole.”

Arturo se giró de nuevo hacia su sirviente y fingió estar sorprendido por las palabras de Merlín.

“¿En serio? Dime exactamente qué más haces, Merlin, además de ser el peor sirviente de los cinco reinos.”

El hechicero estaba a punto de responder cuando un agudo grito se escuchó no muy lejos de donde estaban Arturo, Merlín y los caballeros.

“¿Qué ha sido eso?” preguntó Arturo intentando ubicar el origen del grito que acababan de escuchar.

Merlín a pesar de saber que era, trató de aligerar la tensión que podía apreciar ya en toda la postura rígida del príncipe.

“¿Un pájaro tal vez?” preguntó con voz inocente.

Un nuevo grito procedente de la misma persona se volvió a escuchar, esta vez, seguido de gritos provenientes de distintas personas, todas las voces parecían ser de niños.

“¡Ayumi!”

“¡Ayumi-chan!”

“¡Yoshida-san!”

Merlín reprimió un gemido sabiendo muy bien lo que venía a continuación.

“¿Oh eso? Ha sonado como el grito de un niño seguido de más gritos también de niños.” Dijo con voz neutral tratando de no sonar resignado.

Como era de esperar, Arturo tiró de las riendas para hacer que su caballo se encaminara hacia el origen de los gritos.

“¡Vamos!” gritó el príncipe mientras sacaba su espada.

Todos los caballeros se lanzaron al ataque. Merlín se quedó unos momentos allí, parado mientras negaba con la cabeza.

“Nunca puede ser un pájaro…” se dijo a sí mismo en voz baja, y con eso, él también se lanzó al galope detrás del príncipe sabiendo muy bien que ese Prat podría necesitar su ayuda, aunque no supiera que realmente le había ayudado.

✦ ✦ ✦

“Empezaremos de nuevo, mi nombre es Rowan, y vosotros cinco, sois ahora mis prisioneros.”

Conan se giró nuevamente para mirar al jefe de este grupo de hombres, con una mirada dura. Detestaba cuando era secuestrado o usado como rehén, lo que incluía la situación actual. Aunque… siendo sinceros, el detective encogido no sabía qué hacer, había demasiados bandidos, a falta de una palabra mejor, para luchar contra ellos solo. Si usaba su reloj, pronto le verían y le impedirían seguir usándolo. Su reloj no era suficiente.

Tal vez podría dejar a algunos más inconscientes con sus zapatillas deportivas y sus pelotas de fútbol, pero seguían siendo demasiados, eso sin tener en cuenta que uno de esos hombres tenía a Ayumi en su poder, si no la liberaba primero, la usarían como medio de presión para obligarle a rendirse, algo que solo podría traerle dolor a la niña con diadema.

Conan tenía dos cosas muy claras, primero, la seguridad de todos los niños era lo primero, tenía que asegurarse que no le hicieran daño a Ayumi y al mismo tiempo, impedir que Mitsuhiko y Genta hicieran algo estúpido como lanzarse al peligro, y dos tenía que encontrar una manera de sacarlos a todos de allí.

La dura realidad, sin embargo, era que el no-niño estaba superado en número, se sentía impotente con este cuerpo de niño, y odiaba sentirse así.

El dirigente del grupo, completamente ajeno a los pensamientos del detective rejuvenecido, se acercó un paso más a los niños, haciendo que Conan se tensara.

“Bien, ahora, no os mováis mientras mis hombres os atan, si no obedecéis, vuestra amiguita pagará el precio, ¿entendido?”

El no-niño apretó la mandíbula y bajó ligeramente la cabeza al escuchar eso mientras miraba a su alrededor para ver como esos hombres se acercaban a ellos.

Esto no pintaba bien. De repente el adolescente encogido sintió una mano en su hombro. Girándose a toda velocidad, el detective se encontró mirando el rostro confuso de Genta.

“¿Qué ha dicho, Conan?” preguntó el niño más alto.

Cierto ellos no hablan inglés. Se recordó Conan.

“Ha dicho que no nos movamos mientras nos atan, o dañaran a Ayumi.” Respondió el chico con gafas con voz seria y mirada preocupada. Dada la gravedad de la situación, no parecía correcto mentir a sus amigos.

Esa respuesta hizo que ambos Genta y Mitsuhiko abrieran ojos como platos, mientras que Haibara simplemente asintió como confirmación de lo que Conan acababa de decirles.

“¡¿Qué?!” preguntaron ambos con una mezcla de horror y furia.

“¿Se puede saber qué estáis diciendo?” preguntó el líder de la banda con ligera exasperación al ver a los niños hablando entre ellos.

Conan notó el tono impaciente del hombre, tenía que apaciguarlo antes de que diera alguna orden que pudiera perjudicar a alguno de los niños.

“Les estoy traduciendo lo que ha dicho usted.” Respondió el detective encogido mirando nuevamente al líder del grupo con el ceño fruncido. “Mis amigos no hablan este idioma.” Le explicó al hombre.

Rowan parecía sorprendido por lo que Conan le acababa de decir.

“Pero tú lo hablas bastante bien, mocoso.” Dijo con voz ligeramente desconcertada.

Conan se encogió de hombros sin dejar de mirar al hombre, prefería no perderle de vista.

“Se me dan bien las lenguas.”

El hombre entrecerró los ojos al niño con gafas, como si estuviera considerando creer o no en lo que Conan acababa de decirle. Conan, por su parte, sostuvo su mirada, sabiendo muy bien que, si la desviaba, ese hombre podría creer que el niño mentía, lo que podría poner a sus amigos en más peligro del que ya estaban, y no estaba dispuesto a correr ese riesgo. Si alguno de ellos tenía que recibir algún “castigo físico” por el motivo que fuera, Conan se aseguraría de ser él que lo tomara con tal de asegurarse que los otros estaban a salvo.

“Bien, por ahora creeré lo que me has dicho, mocoso.” Dijo finalmente Rowan. Luego se dirigió a sus hombres. “¡Atadles!”

De repente, se escuchó un silbido rasgando el aire y el hombre a la derecha de los niños cayó al suelo con una flecha de ballesta clavada en el pecho. Esto provocó una reacción inmediata de todos los adultos que comenzaron a mirar frenéticamente a su alrededor. No muy lejos, Conan pudo escuchar un caballo relinchando, así como cascos de caballo chocando contra el suelo… varios caballos se acercaban en realidad.

El pequeño detective aprovechó que los bandidos estaban distraídos y rápidamente apuntó con su reloj al hombre que tenía cautiva a Ayumi. Disparó el dardo anestésico acertando en el cuello del hombre. Pronto el forajido quedó inconsciente cayendo al suelo y liberando a la niña en el proceso.

“¡Ayumi-chan! ¡Corre, ven aquí!”

La niña con diadema no perdió tiempo en unirse a sus amigos. Justo en ese momento, un grupo de jinetes, con cotas de malla y armadura entró en el claro y comenzó a luchar contra los bandidos. Sorprendido como estaba el detective encogido de ver a esos hombres con armaduras occidentales, de la época medieval, pronto dejó eso de lado ya que lo primordial era alejarse de la batalla que estaba teniendo lugar a su alrededor.

“Venid.” Les dijo a los demás.

El chico con gafas corrió hacia un árbol con los demás siguiéndole de cerca. Se escondieron detrás de dicho árbol y entonces contemplaron la escena frente a ellos. Hombres vestidos con cotas de malla peleaban contra los bandidos ¡con espadas!

Parecía que estuvieran viendo la escena de una película de otra época, sin embargo, era real, allí estaban viendo a gente vestida con armadura de metal reluciente luchando contra gente sin armadura, pero vestida como la gente de Europa vestía en la Edad Media. Ninguno de ellos tenía pistolas, escopetas o cualquier arma que pudiera ser considerada moderna.

“Parece que estemos en una película, ¿verdad chicos?” dijo Mitsuhiko con un susurro.

“Sí realmente lo parece.” Estuvo de acuerdo Genta.

Ayumi asintió. “No sé si está bien que lo diga, pero ¡esto es bastante emocionante!”

Haibara soltó entonces un suspiro. Tenía que cortar los comentarios de los niños antes de que cometieran alguna imprudencia. “Sin embargo esta batalla es muy real, es mejor que permanezcamos aquí escondidos y evitemos llamar la atención.” Acompañó sus palabras de una mirada dura para dejarles claro que no había discusión posible en el asunto.

En el transcurso de la batalla, de vez en cuando alguna rama de repente caía, casualmente golpeando siempre a alguno de los bandidos, pero nunca a uno de los hombres con armadura.

¿Qué estaba pasando?

Desapercibido por los niños, Rowan los vio correr y esconderse agachados detrás del árbol, por lo que decidió acercarse sigilosamente a ellos. Esos mocosos le intrigaban, especialmente el niño que había hablado con él en representación del resto. Ese chico parecía ser el líder de ellos, y tenía un truco bastante interesante la verdad, ya que sí, Rowan le había visto usar algo que tenía en su muñeca con lo que dejó inconsciente o tal vez matado a Ferris, que era el que había estado sujetando a la niña con diadema antes de la llegada de los caballeros. ¿Qué arma tan perfectamente bien camuflada era capaz de hacer eso? Rowan mentiría si dijera que no sentía curiosidad por saberlo.

Por desgracia, antes de que pudiera acercarse lo suficiente, pisó una rama que se rompió bajo su peso, alertando a los mocosos de su presencia. Los niños inmediatamente volvieron la cabeza en su dirección, todos con cara de miedo excepto la niña de cabello castaño claro que tenía una mirada que aseguraba que moriría antes que dejar que algo dañara a los otros niños y el chico que ahora mismo tanto interesaba al líder de los bandidos.

Ese chico, al parecer el único que podía entenderle, lo miraba con unos ojos azules llenos de determinación.

¿Quién era este chico?

Rowan sonrió, eso daba igual, cogería a esos niños y se los llevaría, y entonces obligaría al mocoso a revelarlo todo bajo la amenaza de dañar a sus amiguitos si no hablaba. Además, aún podía obtener un buen dineral por esos niños, era… lo mínimo después de todos los hombres que estaba perdiendo en esta batalla. Lentamente se acercó a los niños con su espada desenvainada perfectamente atento a cualquier movimiento de los mocosos. No estaba dispuesto a dejarlos escapar.

“Bien, bien, esos caballeros han decidido unirse a la fiesta, pero eso no me impedirá conseguir lo que quiero. Vosotros cinco vendréis conmigo pase lo que pase.”

Conan frunció el ceño. ¿Estaban literalmente matando a sus hombres y él seguía empeñado en capturarles? ¿Tenía este hombre claras sus prioridades?

Conan por su parte, sí tenía sus prioridades claras, y su prioridad, asegurarse que ese hombre no haría daño a Genta, Mitsuhiko, Ayumi o a Haibara, los protegería a toda costa. El detective encogido, se percató de que Rowan estaba solo, ahora tenía la oportunidad de dejarle inconsciente sin llamar la atención de los que combatían a sus espaldas. Lentamente movió una de sus manos hasta su zapato derecho mientras que la otra se movió hacia su cinturón.

Sin embargo, antes de que pudiera activar su cinturón y sacar uno de sus balones, una silueta se interpuso entre ellos y Rowan. Conan, al igual que los otros niños, alzó la cabeza y vio a un adulto de aspecto bastante joven, rubio, vestido con armadura y su espada en la mano. El hombre dio un paso al frente y su voz sonaba enojada.

“Estos niños no irán a ninguna parte contigo.” Dijo el recién llegado con voz autoritaria.

Rowan no se dejó intimidar por el tono del recién llegado, por muy caballero que fuera. Es más, parecía divertido por el hecho de que alguien tan joven creía ser capaz de poder desafiarle.

“Oh, ¿en serio? ¿Y quién me lo impedirá?” preguntó el líder de la banda con tono burlón.

“Yo.” Respondió el joven con el mismo tono autoritario. Los niños detrás de este joven estaban asombrados del porte de este hombre.

“¿Tú?” Rowan soltó una sonora carcajada. “¿Y quién eres tú si se puede saber?” preguntó al caballero rubio mientras le apuntaba con su espada.

El hombre se enderezó dando un paso al frente.

“Soy Arturo Pendragon,” dijo el hombre rubio mientras hacía girar su espada para luego ponerse en posición de lucha, “príncipe de Camelot.”


Cap. 4

Capítulo 4

4.436 palabras

"Habla en japones"

Pensamientos en japonés

"Habla en ingles"

Pensamientos en ingles

✦ ✦ ✦

A medida que se acercaban al claro, Arturo pudo distinguir a varios hombres rodeando un grupo de niños. Uno de esos hombres tenía en su poder a una de las niñas, lo más seguro para forzar a los demás a obedecer.

El príncipe heredero miró al caballero que cabalgaba a su lado, Sir Leon, y asintió. La prioridad era liberar a la niña del hombre que la sostenía, y para ello, necesitaban una distracción.

Leon enseguida entendió el mensaje que le transmitía Arturo y alzó su ballesta apuntando a uno de los hombres que rodeaban a los niños. Cuando estuvo seguro de tener un tiro certero, disparó, dando en el blanco sin problemas y provocando el efecto deseado de confusión en el resto de los hombres que había en el claro.

Arturo maniobró su caballo para atacar al hombre que sostenía a la niña, pero antes de llegar a él, el hombre de repente puso una expresión de sorpresa y cayó hacia adelante. Inconsciente o muerto, Arturo no lo sabía, solo sabía que ese bandido había aflojado su agarre sobre su rehén permitiendo así que ella pudiera escapar.

“¡Ayumi-chan! ¡Corre, ven aquí!” Arturo escuchó gritar a uno de los niños. No entendió qué era lo que el chico acababa de decir, pero al parecer, la niña sí, ya que inmediatamente corrió hacia los demás niños lanzándose a los brazos del chico que había hablado.

Mientras esto pasaba, sus caballeros habían llegado ya al claro y comenzaron a luchar contra los bandidos. Esto no era bueno, esos niños estaban en medio del conflicto, ¡podrían resultar heridos!

¡Tenía que acercarse a ellos y decirles que se escondieran!

Al mismo tiempo que este pensamiento cruzaba la mente de Arturo, el mimo niño que había gritado a la niña de antes, ahora les dijo algo a todos ellos que nuevamente Arturo no pudo entender, y no porqué no lo hubiera escuchado, sino porqué estos niños parecían hablar una lengua completamente distinta.

Dejando eso de lado, Arturo vio como los niños estaban haciendo exactamente lo mismo que él había querido decirles que hicieran. Se escondieron detrás de un árbol, lejos del peligro.

Bien, eso le permitiría luchar contra los demás bandidos sin la preocupación de tener que vigilar a esos niños. Centrándose en la batalla, vio como sus caballeros estaban manejando la situación bastante bien, y el número de forajidos iba en descenso. Él también contribuyó en eso, obviamente.

El príncipe heredero estaba bastante satisfecho con el trabajo que estaban haciendo, pero de repente, un movimiento por el rabillo del ojo llamó su atención. Uno de esos bandidos se había alejado de la lucha y se estaba acercando sigilosamente… ¡dónde estaban esos niños! ¡No! ¡Tenía que protegerles! Inmediatamente Arturo se encaminó hacia allí, sabiendo que sus caballeros podrían ocuparse del resto de bandidos.

Él se encargaría de ese cobarde que ataca a niños indefensos por la espalda. Mientras se acercaba, escuchó el chasquido de una rama, la cual llamó también la atención de los niños.

Este hombre es tan torpe como Merlin… pensó Arturo tratando de acelerar el ritmo, si los niños ahora sabían que ese hombre se acercaba, podrían intentar huir, corriendo directos al peligro, o bien ese bandido podría actuar precipitadamente y herir o peor aún, matar a alguno de ellos. ¡No podía permitir que eso pasara!

Arturo vio como los niños se giraban buscando el origen del ruido que habían escuchado, y sus rostros se llenaron de temor al ver al hombre allí, frente a ellos. Ese bandido, por su parte, sonrió con suficiencia, seguramente disfrutando del efecto que estaba teniendo en aquellos infantes.

“Bien, bien, esos caballeros han decidido unirse a la fiesta, pero eso no me impedirá conseguir lo que quiero. Vosotros cinco vendréis conmigo pase lo que pase.” Les dijo a los niños mientras se acercaba lentamente a ellos con su espada en mano a modo de advertencia para que no se les ocurriera alejarse.

Esto era suficiente. El príncipe heredero corrió el pequeño tramo que le quedaba y se interpuso entre ese bandido y los niños, quienes no podía ver, pues toda su atención se centraba ahora en el hombre frente a él.

“Estos niños no irán a ninguna parte contigo.” Dijo usando su mejor tono autoritario, o como Merlin habría dicho, su tono principesco de Prat.

El hombre en lugar de intimidado o temeroso por la aparición de un caballero, parecía más bien divertido, como si no considerara a Arturo una amenaza.

Pobre iluso… pensó el hombre rubio casi sintiendo lástima por este bandido y su ignorancia.

“Oh, ¿en serio?” preguntó el hombre con sorna. “¿Y quién me lo impedirá?”

Arturo dio un paso al frente, irguiéndose en toda su estatura y mostrando su porte.

“Yo.” Respondió con el mayor convencimiento. Y sí, estaba convencido. No permitiría que ese hombre se llevara a ninguno de esos niños.

A pesar del tono que uso el príncipe, el hombre ante él estaba claro que no le creía.

“¿Tú?” preguntó mientras soltaba una sonora carcajada. “¿Y quién eres tú si se puede saber? preguntó al caballero rubio mientras le apuntaba con su espada.

Llega el momento de cerrarle la boca a este hombre. Pensó Arturo con una sonrisa complacida.

“Soy Arturo Pendragon,” respondió el príncipe heredero mientras hacía girar su espada para luego ponerse en posición de lucha, “príncipe de Camelot.”

Arturo escuchó a alguno de los niños inhalar bruscamente al escuchar sus palabras. Esto le llevó a pensar que podían entenderle, si no, no se habrían sorprendido al escuchar que era un príncipe.

Pero eso ahora carecía de importancia. No, lo que importaba ahora era derrotar al bandido que estaba ante él. La verdad, Arturo estaba gratamente complacido al ver que la seguridad y confianza del hombre se habían desvanecido al escuchar su nombre, aunque intentó ocultarlo rápidamente poniéndose una máscara de furia.

“¿Y qué importa que seas el príncipe de Camelot? ¡No me impedirás tomar lo que quiero!”

Tras estas palabras, el hombre se lanzó al ataque. Arturo lo bloqueó con facilidad enviándole hacia atrás. Tenía que alejarlo tanto como pudiera de esos chicos para que no decidiera usarlos como escudo.

El hombre tropezó, pero no cayó al suelo. Al menos en eso era mejor que Merlin, pues su sirviente con total seguridad habría caído al suelo.

“Os he salvado más veces de las que podéis imaginar.” La voz de Merlin sonaba en la cabeza de Arturo.

Me gustaría verte hacerlo desde el suelo, Merlin, fue la respuesta mental del príncipe a esa declaración que el sirviente le había hecho más de una vez desde que el joven de cabello negro entró a su servicio.

El bandido se enderezó nuevamente y se lanzó otra vez al ataque, luchaba ferozmente, aunque sin mucha técnica, por lo que a Arturo no le era difícil bloquear sus ataques. La falta de disciplina de ese hombre haría que pronto se cansara, entonces sería más fácil vencerle. Por el momento, todo lo que Arturo necesitaba hacer, era aguantar, y no permitir que el bandido se acercara a los niños.

Hablando de los niños, sabía que estaban conversando entre ellos mientras Arturo luchaba, aunque nuevamente no era capaz de entender lo que estaban diciendo.

✦ ✦ ✦

Los ojos de Conan se abrieron como platos y un jadeo, acompañado por uno propio de Haibara, escapó de sus labios cuando escuchó el nombre del caballero rubio.

¿Arturo Pendragon?

¡Eso era imposible! Si ese hombre era en realidad el príncipe de Camelot, eso quería decir que la máquina del profesor no solo los había enviado a otro lugar del mundo, ¡sino también a otra época! ¡Imposible!

Y, sin embargo, eso explicaría la extraña indumentaria de esta gente, así como las armas que usaban. En la época del Rey Arturo… o príncipe, al parecer, la pólvora aún no se había descubierto, por lo que no podrían tener armas de fuego ni nada parecido. Cuanto más pensaba en ello, más sentido tenía parecer todo-

Conan negó rápidamente con la cabeza, esto era demasiado surrealista para ser cierto. No, tenía que haber otra explicación, tenía que haberla…

“Oi, Conan-kun.”

El detective rejuvenecido miró por encima del hombro para ver al niño pecoso mirándole con preocupación.

“¿Qué pasa Mitsuhiko?” Conan trató de sonar tranquilo, aunque interiormente, el temor crecía por momentos.

Mitsuhiko inhaló y exhaló.

“Me… me ha parecido escuchar que ese hombre que está luchando con ese bandido ha dicho que se llamaba Arturo…” dijo el chico con voz temblorosa, se notaba que estaba nervioso y temía estar en lo cierto de lo que fuera que estaba pensando, “y también he escuchado que nombraba Camelot. ¿Cómo es eso posible?”

El adolescente encogido no estaba sorprendido por lo que el niño pecoso acababa de decir. Mitsuhiko era en realidad bastante inteligente, y si bien no sabía ni de lejos tanto inglés como Haibara o él, también era cierto que sabía lo suficiente como para entender algunas palabras y de hacer conexiones.

Conan suspiró, no solo Mitsuhiko, Genta y Ayumi también miraban expectantes, queriendo saber qué respondería su amigo con gafas. Además… tampoco era como si pudiera ocultarles la verdad, dada la situación en la que se encontraban.

“Sí, es verdad, ha dicho que se llama Arturo Pendragon, y ha dicho…” miró a los otros niños con el rostro ligeramente pálido, “que es el príncipe de Camelot.”

“¡¿Qué?!” exclamaron Genta, Mitsuhiko y Ayumi al mismo tiempo.

Haibara permaneció en silencio, pues ella también se había llevado la sorpresa cuando el príncipe lo dijo por primera vez, y ahora ya había tenido cierto tiempo para… asimilarlo.

“Espera, cuando dices príncipe Arturo, ¿te refieres al rey Arturo?” preguntó Ayumi con temor en su voz mientras el pánico comenzaba a crecer en su interior.

El detective la miró a los ojos mientras asentía con expresión grave. “Ese mismo.”

“¡No puede ser!” exclamó Mitsuhiko, “Entonces…”

“Eso quiere decir…” siguió Genta.

“Que nosotros…” esta vez Ayumi.

“¡¿Hemos viajado en el tiempo?!” exclamaron los tres al mismo tiempo.

El suspiro de otra persona pudo escucharse a la derecha de los niños, quienes se giraron para ver a Haibara allí de pie con los brazos cruzados, los ojos cerrados y una expresión de frustración en el rostro.

“A pesar de lo inverosímil que parece, esa es la única explicación posible para todo lo que está pasando.” Abrió los ojos para mirar a Conan directamente. “¿Verdad, Edogawa-kun?”

El detective encogido asintió a la niña de cabello castaño, pues lo que decía era cierto, esa era aparentemente la única explicación posible.

“Así es, a mí también me cuesta trabajo creerlo,” admitió Conan, “pero esto no es una película, es la realidad, y la ropa y armas que usa esta gente, son de la Edad Media.” Luego miró hacia el hombre rubio que los estaba defendiendo en ese momento. “Eso más el hecho de que ese caballero se haya presentado como el príncipe de Camelot, me lleva a pensar que por imposible que parezca, hemos viajado varios siglos al pasado, chicos.”

“Esto es malo…” dijo Mitsuhiko con un hilo de voz.

“¿Cómo volveremos a casa?” preguntó Ayumi que ya tenía lágrimas formándose en sus ojos.

“Hay un tema que me preocupa más chicos.” Dijo Conan de repente, su voz mostrando aún más gravedad que antes si es que eso era posible.

“¿Cuál?” preguntaron todos a la vez.

¿Qué podía ser peor o más preocupante que estar atrapado en la Edad Media y sin posibilidades, al parecer, de volver a su tiempo?

Conan los miró con expresión seria.

“En esta época, por lo que tengo entendido, se creía en la existencia de la magia, y no sé hasta qué punto es cierto, pero he oído que se quemaban a aquellas personas acusadas de usar magia.” Su tono tenía una seriedad que rara vez se escuchaba en el niño con gafas. La situación era realmente mala si Conan hablaba con ese tono.

Pero aun así…

“¿Y qué tiene que ver eso con nosotros, Conan-kun? Nosotros no hacemos magia.” Replicó Mitsuhiko sin lograr entender por qué su amigo les contaba eso.

La expresión seria de Conan se hizo más profunda.

“Eso ya lo sé,” respondió al chico con pecas, “pero llevamos encima varios elementos que son demasiado avanzados para esta época, como nuestros teléfonos, por ejemplo.”

Conan se sentía como un completo idiota en estos momentos. Había usado su reloj con dardos anestésicos a plena vista. ¿Y si alguien le había visto? ¡Esto los pondría en muchos problemas!

Haibara sospechaba qué era lo que Conan pretendía decirles, sus últimas palabras confirmaron esas sospechas.

“Ya lo entiendo, crees que, si ven objetos como nuestros teléfonos, los relojes o incluso nuestras insignias, pueden pensar que es cosa de magia y que podría ponernos en problemas.” Explicó la niña de cabello castaño.

“Exactamente.” Respondió el chico con gafas con un asentimiento.

“Eso es un problema sí, pero creo que tenemos otro que es igualmente importante.” Anunció entonces la científica encogida. “Cuando nuestros rescatadores terminen con esta lucha, nos preguntaran quienes somos y de dónde venimos. ¿Qué les vamos a decir?”

Los ojos del detective encogido se abrieron con sorpresa. ¿qué podían decirles? Era claro como el agua que ellos no eran de aquellas tierras. ¿Cómo iban a justificar su presencia? ¿La presencia de cinco niños completamente solos en medio del bosque? Conan no podía pensar en ninguna explicación que sonara convincente. Así que en entonces solo quedaba…

“Supongo… que en este aspecto en concreto podemos ser honestos.” Dijo el detective encogido, aunque no sonaba muy convencido.

“¿Estás seguro de eso?” preguntó Genta con ligero temor en su voz.

“No del todo, pero no creo que sea prudente mentirles acerca de cómo hemos llegado aquí.” Respondió el adolescente encogido.

“¿Por qué no?” preguntó Ayumi confundida.

“Pensadlo, ¿creéis de verdad que cinco niños con nuestra ropa y el idioma que hablamos pasarían desapercibidos? Si les decimos que hemos estado viajando por un tiempo, es lógico primero que nos pregunten si algún adulto nos acompañaba, y al descubrir que no, querrán saber de dónde venimos, indagarán, y descubrirán que nadie nos ha visto, lo que, a sus ojos, nos convertirá en sospechosos.” Explicó el detective encogido.

“Tienes… tienes razón, Conan-kun.” Concedió Mitsuhiko.

Conan asintió y justo en ese momento, el caballero rubio se acercó a ellos, no muy lejos de él, estaba Rowan tendido en el suelo con un creciente charco de sangre debajo de él.

Si bien Conan era totalmente contrario a matar a otras personas, en esta ocasión, no podía decir nada, ya que esto era una batalla. Así que a pesar de que no le gustaba que hubiera muerto gente, por esta vez… tendría que permanecer en silencio.

Arturo vio la expresión del niño que llevaba gafas. Sí, Arturo sabía lo que eran unas gafas porqué alguna vez había visto a Gaius llevar unas, solo que estas eran mucho más grandes que las del médico de la corte y de color negro. Creyendo adivinar qué estaba pensando el niño y probablemente el resto de niños detrás de ese chico, el caballero rubio consideró su deber tranquilizarle a él y al resto.

“No os preocupéis, ya no podrá haceros daño.” Explicó el príncipe con voz calmada.

El niño con gafas pareció salir de sus pensamientos y miró al hombre rubio con confusión evidente en su rostro.

“¿Qué?” preguntó el chico mirándole con desconcierto.

Arturo pudo escuchar a la niña de cabello castaño susurrándoles a los otros niños, aunque no podía escuchar qué era lo que les estaba diciendo. ¿Quizás eran tímidos por el hecho de que estaban delante de un príncipe y no se atrevían a hablar con él? Por otra parte, si el niño con gafas sí parecía dispuesto a hablar, entonces, hablaría con este chico por ahora y lo intentaría con los otros más tarde. Además… estos niños debían estar profundamente afectados por casi ser atrapados por estos bandidos. Tenía que asegurarse que entendían que ahora estaban a salvo.

“Lo que quiero decir” lo intentó de nuevo, “es que él está muerto, no puede haceros daño, así que no hace falta que tengas miedo chico.”

El niño con gafas asintió, lo que para Arturo fue un alivio, al menos parecía entender que estaban a salvo, fueron las siguientes palabras del niño las que lo confundieron.

“Ya lo sé, no era eso en lo que estaba pensando.” Admitió Conan.

Arturo abrió los ojos con sorpresa. El chico acababa de admitir que sabía que ese hombre no les haría daño, pero de algún modo había estado pensando en algo relacionado con ese bandido, a juzgar por la forma en la que miraba su cadáver. Si no era el temor a que les hiciera daño, entonces, ¿en qué estaba pensando el chico? El caballero rubio sentía curiosidad por saberlo.

“¿No? Entonces, ¿qué era?”

Conan miró al hombre, sabía que el príncipe probablemente no entendería su modo de pensar, una vez tuvo que discutir el tema con Akai para evitar que el agente del FBI matara a la culpable de un caso (1), a pesar de que probablemente habría sido mucho más seguro para asegurar la supervivencia del director del FBI acabar con ella.

Le llevó un tiempo, pero Akai acabó aceptando no matar a la culpable tras mucha insistencia por parte de Conan. Si el agente del FBI pudo entender su modo de pensar, tal vez el hombre que actualmente estaba frente a Conan también podría entenderlo… o eso esperaba el adolescente encogido.

“Por mucho que ese hombre, así como sus seguidores, fueran gente mala, siempre creeré que hay una alternativa a matar. No estoy a favor del asesinato.” Explicó el niño con calma. Esperaba que el príncipe entendiera que no lo culpaba por matar a ese hombre, simplemente… si existía la posibilidad de evitar acabar con una vida, Conan haría lo que fuera posible para tomar esa vía.

Arturo asintió comprendiendo. Este niño valoraba la vida, incluso la de aquellos que eran gente malvada o corrupta, pero por desgracia, la vida no siempre era fácil, y no siempre se podía permitir que todos vivieran.

El hombre rubio había visto como a veces, dejar vivir a alguien podía traer más mal que bien. Por mucho que el propio príncipe quisiera ser como este chico y aceptar que todos merecían vivir, la realidad a menudo le llevaba por otro camino.

“Entiendo chico, pero a veces… no hay alternativa.” Tratando de mostrarle al niño que aunque entendía su punto de vista, quizás demasiado idealista, no siempre era posible seguir ese camino.

El niño lo miró con una expresión indescifrable. La verdad, con esa mirada, casi no parecía que el príncipe estuviera hablando con un niño, sino con alguien mucho mayor.

“¡Arturo!” llamó de repente una voz. El caballero rubio alzó la vista para ver a su caballero de más confianza llamándole desde el otro lado del claro mientras comenzaba a caminar hacia él y el grupo de niños.

“Leon.” Respondió el príncipe reconociendo al otro caballero. Los niños por su parte miraban con curiosidad al hombre que había llamado la atención del caballero rubio, y Arturo pudo escucharlos nuevamente murmurando entre ellos. Parecían ligeramente asustados.

¿Qué era lo que les preocupaba? Ahora estaban a salvo, no había motivo para tener miedo. Ignorando eso por ahora, el príncipe de Camelot caminó hacia el otro hombre mientras los niños le seguían de cerca probablemente alentados por el niño con gafas. Los dos caballeros se encontraron en el centro del claro.

Desde allí, Arturo hizo una vista panorámica, alegrándose de que al parecer ninguno de sus hombres había acabado muerto o gravemente herido. Los bandidos por otra parte no habían corrido la misma suerte, a juzgar por el número de cuerpos esparcidos por el suelo.

Leon llamó nuevamente la atención del príncipe mientras le hacía un resumen de la situación.

“Sire, la batalla ha acabado y Merlin está revisando a los supervivientes.”

Arturo escuchó a los niños jadear ligeramente ante la mención del nombre de su sirviente. ¿Conocían a Merlin? Era dudoso, por lo que el príncipe lo ignoró por el momento decidido a seguir escuchando el informe de su caballero de mayor confianza.

“Los llevaremos a Camelot para que sean juzgados.” Luego su vista se desvió hacia los cinco niños que parecían ligeramente asustados. Al menos tres de ellos. “¿Sabemos ya quiénes son estos niños?”

Arturo negó con la cabeza. “No, aún no he tenido ocasión de preguntarles.”

Leon asintió en comprensión mientras que el príncipe dirigía su atención nuevamente a los niños.

“¿Quiénes sois chicos?”

El adolescente encogido se llevó la mano al pecho para presentarse. “Mi nombre es Edogawa Conan.”

Los ojos de Arturo se abrieron con sorpresa. Había escuchado muchos nombres en su vida, pero este era sin duda el más extraño que jamás había llegado a sus oídos.

“¿Edogawa? Ese es un nombre raro.”

Esta vez fue el turno de Conan el de abrir los ojos con sorpresa. Había olvidado por completo que en Europa el orden entre el nombre y el apellido se invertía. Tenía que apresurarse a sacar al príncipe del error.

“En realidad, mi nombre es Conan, en el lugar del que venimos, primero decimos nuestro apellido, y después nuestro nombre.” Le explicó el detective intentando enmascarar el nerviosismo en su voz. Supuso que el príncipe entendería la ligera confusión, pero aun así no pudo evitar patearse mentalmente por no haber sido capaz de acordarse de algo así.

El hombre rubio por su parte asintió en comprensión, entendiendo que se había confundido. ¡Qué raro era el lugar del que venían estos niños si decían sus apellidos antes que sus nombres!

“Ya veo… ¿y el resto? ¿Cómo os llamáis?” preguntó mirando al resto de niños. Nuevamente fue el chico con gafas el que respondió, para consternación del príncipe.

“Se llaman Haibara Ai, Tsuburaya Mitsuhiko, Kojima Genta y Yoshida Ayumi.” Cada uno de los niños dio un breve asentimiento ante la mención de su nombre. Bien ahora el caballero rubio sabía sus nombres, aunque seguía pensando que, salvo Conan, los demás nombres eran en verdad nombres extraños.

Por otra parte, ligeramente molesto, Arturo centró su atención en el niño con gafas, pues había impedido que los niños se presentaran ellos mismos. El príncipe quería que esos chicos vieran que no había nada que debieran temer, pero si solo hablaba uno de los niños, los demás jamás superarían su miedo.

“Dime Conan, ¿por qué hablas solo tú?” miró a los otros niños y nuevamente a Conan. “Los he escuchado antes, sé que pueden hacerlo.”

El chico no parecía sorprendido, e iba a brindarle al príncipe una respuesta, pero antes de que pudiera hacerlo, una voz femenina respondió por él.

“Eso es cierto, pero no todos conocen este idioma, de hecho, solo Edogawa-kun y yo lo entendemos y lo hablamos con fluidez.”

La niña que había hablado era la chica de cabello castaño, cuyo nombre si Arturo recordaba correctamente, era Ai. Las palabras de la niña explicaban por qué los otros chicos no hablaban con él. Por otra parte… ¿qué era eso de kun? Estos niños eran en verdad extraños.

“¿kun? ¿qué es eso?” preguntó el príncipe confundido.

Los dos niños que sabían hablar inglés se miraron momentáneamente y luego la niña se encogió de hombros antes de centrar su atención nuevamente en el caballero rubio.

“Lo usamos en nuestra tierra, son sufijos que corresponden al estatus de la persona, como ‘sama' bien sea por edad, como ‘san’ para referirnos a los adultos o gente madura, ‘kun’ los niños ‘chan’ a la gente a quien les tienes cariño.”

Arturo no sabía qué pensar. ¿Realmente había gente que hablaba de esa manera? Además… a pesar de hablar su idioma con fluidez tal como dijo que podía, el príncipe se percató de que su acento era… raro, por decirlo de algún modo, aunque ese era un detalle de menor importancia. Ahora sabía que, si quería comunicarse con esos chicos, tendría que ser mediante los niños llamados Conan y Ai.

“De acuerdo…” dijo finalmente el hombre rubio aceptando la explicación de la niña. “Ahora mi siguiente pregunta, ¿Hay algún adulto con vosotros?”

“No, sire.” Respondió Conan recordando que el caballero llamado Leon se había dirigido al príncipe con ese título. Mejor tratar a la nobleza con el título que le correspondía y ahorrarse problemas.

“Si no había ningún adulto con vosotros, ¿Cómo habéis llegado hasta aquí?”

Tanto Conan como Ai de repente se tensaron, y Arturo vio el pánico crecer en sus semblantes hasta ahora tranquilos y serenos. ¿Tan difícil era explicar cómo cinco niños andaban en medio del bosque y sin la compañía de un adulto?

Conan y Ai se miraron, expresiones idénticas de miedo ante la temida pregunta. Conan aún dudaba en contarle la verdad al príncipe y que él pensara que se tratara de magia, pero, por otra parte, no podía mentirle, tampoco es que tuviera alguna historia inventada, que justificara su presencia, oculta bajo la manga.

El falso niño tomó una respiración profunda tratando de calmarse. Contaría la verdad al príncipe y pronto sabría si eso les costaría la vida o no.

“Esto… no va a ser fácil de explicar… verá… nosotros-” Conan se detuvo de repente cuando percibió movimiento detrás del caballero rubio.

El bandido al que noqueó disparándole un dardo anestésico se estaba levantando y tenía… ¡una espada en la mano! Sus ojos se abrieron con temor al ver que su objetivo al parecer era el príncipe de Camelot.

“¡Cuidado!” gritó Conan para advertir a todos del peligro.

Actuando por instinto, el detective saltó hacia adelante, más allá del príncipe, agachándose para activar sus zapatos. Se puso en pie de inmediato girando la rueda de su cinturón y apretando un botón para sacar una de sus pelotas de futbol (2).

Su puntería fue perfecta, como siempre. La pelota voló a toda velocidad hasta que impactó con la cabeza del hombre quien cayó hacia atrás inconsciente de nuevo.

Conan se secó el sudor de la barbilla, exhalando un suspiro de alivio. El peligro había pasado-

“Edogawa-kun…” la voz de Haibara sonó de repente.

Conan se puso rígido y lentamente se dio la vuelta y encontró a todos los caballeros, y un joven de pelo negro, grades orejas y ojos azules mirándole sorprendidos. Los niños le miraban con horror, y Haibara tenía una mirada de desaprobación en su rostro.

En definitiva, Conan había metido la pata haciendo exactamente lo que les dijo a los niños que no hicieran.

Kuso… ¿qué he hecho?

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(1) Detective Conan película 24: La bala escarlata

(2) Detective Conan primera aparición en el episodio 309 (files 380-383 del manga)


Cap. 5

Capítulo 5

4.597 palabras

"Habla en japones"

Pensamientos en japonés

"Habla en ingles"

Pensamientos en ingles

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Un silencio inquietante se extendió entre los presentes. Lo que acababan de presenciar Arturo y sus caballeros era… insólito. Para Merlin también fue insólito, pero a diferencia de lo que probablemente pensaba el príncipe, el joven brujo sabía con certeza que lo que acababa de presenciar no era en absoluto obra de la magia.

No había sentido nada mágico en los niños cuando se acercaron a ellos para rescatarles y definitivamente no hubo magia en lo que fuera que el niño hizo para noquear a ese hombre y, dicho sea de paso, salvarle la vida al imbécil. Merlin solo esperaba que el príncipe le dejara al niño la oportunidad de explicarse antes de acusarle de usar magia y probablemente llevarlo preso a su padre quien, evidentemente, lo condenaría a muerte.

Vacilante, el sirviente dio un paso más cerca de Arturo, mirando al príncipe con cierta aprehensión mientras que el hombre rubio tenía sus ojos puestos en el chico con grandes gafas. Ese niño, cuyo nombre Merlin no había escuchado cuando Arturo se lo preguntó, miraba al príncipe con miedo evidente, como si supiera que acababa de hacer algo que podría ser igual a una condena a muerte.

“Sire…” comenzó el niño con voz ligeramente temblorosa. Estaba claro que no sabía cómo explicar lo que acababa de hacer.

Arturo levantó una mano para silenciar al chico.

“Acabas de salvarme la vida, Conan,” dijo el príncipe con voz tranquila para gran sorpresa de Merlin, “pero… lo que acabas de hacer-”

“Se lo puedo explicar-”

“Ha sido magia, ¿verdad?” Cortó Arturo antes de que el niño llamado Conan pudiera brindarle al príncipe una explicación.

El niño, para sorpresa de Merlin y probablemente de todos los presentes, cambio su expresión asustada por una determinada y ligeramente enojada.

“No, eso no es magia.” Dijo con voz segura.

Merlin no había tenido ocasión de ver a los niños hasta ahora, pero este chico parecía bastante maduro a pesar de su corta edad, y también era rápido reaccionando ante el peligro. De no ser por él, Merlin no estaba seguro de haber llegado a tiempo antes de que Arturo fuera herido por ese bandido.

El hechicero secreto vio a Arturo negar con la cabeza y sus siguientes palabras le hicieron resoplar interiormente.

“Reconozco la magia cuando la veo chico, tú-”

Antes de que Arturo pudiera expresar lo que pensaba, que el chico con gafas había usado magia, una voz infantil cortó sus palabras.

“¡No ha sido magia!”

Todos se giraron para ver la fuente de ese grito. El niño con pecas en las mejillas estaba allí, mirando al príncipe con expresión nerviosa. Arturo vio que el chico con gafas miraba al otro niño con expresión ligeramente triste, como si no hubiera querido que su amigo se involucrara en esta discusión.

“Mitsuhiko…”

Mitsuhiko ignoró a Conan y centró toda su atención en el príncipe de Camelot.

“C-Conan-kun… él… no tiene… magia.” Dijo nerviosamente intentando expresarse correctamente y rezando para que el caballero rubio entendiera lo que el chico pecoso intentaba decirle.

El príncipe se centró en Mitsuhiko, arrodillándose a su nivel.

“¿Entiendes mi idioma chico?” le preguntó sorprendido. Por lo que habían dicho anteriormente Conan y la otra niña… Ai, solo ellos hablaban el inglés. Pero este niño, aunque inseguro, estaba hablando su idioma.

“U-un p-poco… p-pero Conan y Haibara… ellos… ellos saben más que yo.” Respondió el niño. Luego su expresión se volvió seria, aunque Arturo apreció el miedo en sus ojos, como si tuviera miedo de que el príncipe no creyera lo que el chico iba a decir. “Yo… entiendo algunas… palabras. Y… usted cree que Conan… ha usado magia, pero… él no lo ha hecho.”

O el chico decía la verdad, o estaba desesperado por proteger a su amigo, pero Arturo no podía negar que a pesar de su inseguridad hablando, el niño con pecas estaba convencido de lo que estaba diciendo.

Pero Arturo sabía lo que había visto, y eso no era natural, seguro que la magia estaba implicada.

“¿Cómo explicas entonces ese objeto que tu amigo ha pateado, con más fuerza de la que tiene un niño, y ha noqueado a ese hombre?”

Mitsuhiko se puso nervioso, el príncipe había hablado tan rápido que el chico no había entendido lo que el hombre le preguntaba.

Conan había visto la angustia en el rostro de su amigo, probablemente no porqué no supiera qué responder, sino porqué no había comprendido la pregunta que el príncipe le había hecho. El detective encogido se acercó al chico con pecas y le puso la mano en el hombro.

“Gracias Mitsuhiko, ya sigo yo.” Le agradeció con voz tranquilizadora.

El niño parecía visiblemente aliviado de ver que Conan se hacía cargo de la situación de nuevo.

“De nada, Conan-kun.” Respondió más calmado. Al menos, aunque fuera un poco, había intentado ayudar, y esperaba que eso le permitiera a Conan explicar al príncipe cómo había podido hacer lo que había hecho.

El niño con gafas miró nuevamente al caballero rubio con expresión seria.

“Ese objeto sire, es un balón hecho de un material elástico y que se hincha rápidamente.” Su mirada bajó hacia su abdomen, al igual que sus manos, con las que sostuvo su… ¿cinturón? “Ha salido de este cinturón.” Prosiguió el niño, luego se lo quitó y se lo acercó al príncipe para que lo viera. “Si gira esta rueda y aprieta este botón, activa un mecanismo que hace que salga un balón como el de antes, y si gira más la rueda, el balón se hincha más.” Explicó, luego sonrió pícaramente a Arturo. “Puede probar a hacerlo si quiere, sire.” El príncipe no estaba del todo convencido, pero, aun así, siguió las indicaciones del niño y para su sorpresa, un balón salió del cinturón en cuestión de segundos.

El niño sonrió ampliamente al príncipe. “Esto no es magia, es un invento que hizo un amigo nuestro. ¿verdad?”

El chico se giró hacia la niña de cabello castaño claro, quien asintió “Edogawa-kun tiene razón, esto es un invento, es decir tecnología, es decir ciencia. No es magia.”

Arturo estaba asombrado, realmente no se había pronunciado ningún hechizo, y él mismo lo había hecho sin problemas, y Arturo estaba bastante seguro de que él era incapaz de hacer magia. ¿Cómo habría podido hacer eso si no podía hacer magia?

Bien una parte del “misterio” estaba aclarada, pero no la totalidad del misterio.

“Está bien, suponiendo que creo que esto no es magia, ¿cómo explicas lo de la potencia con la que has pateado ese balón, chico?”

La sonrisa de Conan nunca abandonó su rostro, como si hubiera anticipado la pregunta y ya tuviera una respuesta preparada.

“Eso también tiene una explicación,” el niño se señaló los pies, “el amigo que fabricó ese cinturón, también me hizo estas zapatillas mejoradas precisamente para que, al girar esta rueda,” especificó que se refería a una parte circular al lado del calzado, “la potencia al patear objetos se multiplica haciendo que adquieran la fuerza que tendría si lo pateara un adulto.” El chico hizo entonces una pausa mirando al príncipe. “Os invitaría a que las probarais, pero mi pie es bastante más pequeño que el vuestro, no creo que os valgan.” Su expresión se volvió seria de nuevo. “Estos inventos… mi amigo los hizo para que pudiera defenderme de gente mala.”

Los ojos de Arturo se abrieron con sorpresa ante esas palabras, y pudo escuchar jadeos de varios de sus caballeros. ¿Qué niño podría necesitar tales aparatos para defenderse?

“¿H-has dicho defenderte de gente mala?” preguntó estupefacto. Aunque… pensando en ello, la presteza y seguridad con la que reaccionó cuando vio a ese bandido acercarse a ellos… esa manera de actuar parecía natural para ese niño, como si hubiera hecho esto cientos de veces antes.

El príncipe vio al niño asentir, pero no fue él el que respondió.

“Sí sire, lo ha escuchado bien.” Era esa niña, Ai. “Edogawa-kun tiene la desafortunada mala suerte de toparse a menudo con gente… con no muy buenas intenciones, por eso, este amigo inventor le hizo estos aparatos para que pudiera defenderse de sus atacantes.”

¿Desafortunada mala suerte? Pensó Conan mientras miraba a Haibara con el ceño ligeramente fruncido.

La niña miró brevemente a Conan y nuevamente a Arturo.

“Aunque no solo fabrica cosas para Edogawa-kun.” Explicó la niña, pensó que, ya que le explicaban sobre los inventos del profesor, mejor hablar de todos ellos. “También nos hizo objetos a los demás, como estas insignias que cada uno de nosotros tenemos,” le mostró su transmisor de los Detectives Junior. “nos permiten comunicarnos a pesar de estar a cierta distancia entre nosotros.” Luego alzó la muñeca para enseñarle su reloj al príncipe, “y estas pulseras que al apretar este botón, emiten luz para que podamos ver en lugares oscuros. Como ha dicho Edogawa-kun, podéis probarlo vos mismo si queréis, no hay nada mágico en esto.”

Arturo era escéptico con lo que acababa de escuchar de comunicarse a distancia a través de esas pequeñas placas que tenían los niños, pero lo convencieron para que lo probara con uno de sus caballeros.

Arturo eligió a uno al azar, siendo el elegido sir Orwell, cada uno cogió una de las placas y se fueron hacia los lados opuestos del claro, como indicaron los niños, tras haber aprendido cómo funcionaba supuestamente esa herramienta de comunicación, el príncipe presionó un botón y pronto se sorprendió al escuchar la voz de sir Orwell a través de esa placa. El caballero ni siquiera estaba gritando, pero Arturo lo escuchaba como si le tuviera al lado.

El príncipe también habló a través del aparatito ese, y se sorprendió al escuchar que sir Orwell había entendido todas y cada una de las palabras que Arturo le había dicho. Si no fuera porque le habían explicado cómo funcionaba y lo había experimentado él mismo, el caballero rubio pensaría que esto era obra de magia.

El príncipe se reunió nuevamente con los niños y entonces tomó una de esas raras pulseras, se sorprendió al ver un círculo de números del 1 al 12, y los tres palos que giraban, pero le restó importancia y siguiendo las indicaciones de la niña, presionó el botón que activó la linterna. Como era pleno día, alumbraba poco, pero Arturo estaba convencido que por la noche eso debía ser una gran ayuda para poder moverse en la oscuridad.

Si tal y como afirmaban los niños esto no era magia, se le parecía bastante. Todos los caballeros de Arturo y Merlin estaban tan sorprendidos como el propio príncipe viendo cómo funcionaban todos estos objetos.

Finalizadas todas las pruebas, Arturo se dirigió nuevamente a los chicos en busca de más respuestas a las preguntas que plagaban su mente.

“Ese amigo vuestro debe ser un genio si es capaz de construir todo esto, ¿dónde está?”

Ante esta pregunta, Conan y Ai se miraron ligeramente nerviosos, como si temieran responder a la pregunta del príncipe. El niño con gafas inhaló y exhaló para calmarse.

“Muy lejos de aquí.” respondió Conan, y era verdad, el profesor estaba en Japón, prácticamente al otro lado del mundo… y cientos de años en el futuro, pero esa parte, los caballeros no necesitaban saberla. “De hecho, si estamos aquí es por uno de sus inventos.”

“¿De verdad?” preguntó el príncipe sorprendido.

Merlin que se había ido interesando cada vez más por la conversación entre los niños y el príncipe y por los inventos que estos tenían en su posesión, se situó un poco por detrás de Arturo para escuchar la respuesta de Conan.

“Sí, el profesor nos había invitado a su casa, y mientras nos divertíamos con un juego que él mismo había inventado,” Conan omitió deliberadamente que él no había estado jugando en absoluto, “él estaba trabajando en un nuevo invento.” Conan soltó un ligero suspiro, era mejor explicarles lo que le dijo el profesor con respecto a ese invento. “Dijo que gracias a este invento la gente podría recorrer largas distancias en apenas nada de tiempo.”

“¿Recorrer largas distancias en poco tiempo? ¿Quieres decir como teletransportarse?” preguntó de repente Merlin con los ojos abiertos por la sorpresa al escuchar esa explicación y prácticamente adivinando lo que había sucedido.

Eso sonaba en verdad como magia, pero Merlin nunca había escuchado de un artefacto mágico que permitiera la teletransportación, aunque no lo descartaba. Pero ese tipo de magia siempre dejaba un rastro, y estos niños no tenían en ellos ningún rastro de magia, ni siquiera el más pequeño.

Conan por su parte se había sorprendido de escuchar una nueva voz hablándole directamente, por lo que su respuesta había salido ligeramente tartamudeante.

“S-sí.”

Arturo entrecerró los ojos al escuchar aquello. Había visto a brujas y otros usuarios de magia teletransportase antes. Morgause misma lo hizo cuando desapareció con Morgana hacía un año más o menos.

“Hay usuarios de la magia que pueden teletransportarse.” Dijo el hombre rubio sin rodeos. Quizás ese amigo, supuestamente inventor, era en verdad un hechicero y estos niños ni siquiera lo sabían.

Conan frunció el ceño mirando a Arturo con una expresión ligeramente enojada.

“Pero el profesor no hace magia, él estaba trabajando en una máquina. La dejó sobre la mesa para ir a comprar algo de comida para nosotros y mientras esperábamos… uno de nosotros cogió la máquina pensando que era algún tipo de juego, la activó y de repente, los cinco estábamos en medio del bosque. Nos hemos llevado una gran sorpresa al ver que ya no estábamos en casa del profesor.” Explicó con voz clara y segura, haciendo énfasis sobre todo en la parte en la que decía que su amigo no hacía magia.

Arturo levantó una ceja con escepticismo.

“¿Eso es cierto? ¿Habéis llegado aquí gracias a esa ‘máquina’?”

El niño con gafas asintió al príncipe. “Sí, de repente la máquina nos ha cegado, y hemos pasado de estar en un jardín de una casa particular a estar en medio del bosque.” El detective encogido hizo una pausa buscando la manera de hacer que el príncipe pudiera corroborar sus palabras. De repente le vino a la mente una sugerencia. “Si pregunta por los alrededores, verá que nadie nos ha visto nunca antes, y eso es porqué antes de hoy nunca hemos estado aquí, y tampoco hemos salido del bosque. Esos bandidos, han sido las primeras personas con las que nos hemos encontrado desde que llegamos.”

Eso confirma que estos niños no han llegado aquí por obra de la magia, pensó Merlin, pues sabía que el rastro de magia de teletransporte tardaba unos días en desaparecer. Si estos chicos eran unos “recién llegados” tal y como afirmaban, el brujo debería ser capaz de sentir la magia que los trajo aquí, pero no podía sentir absolutamente nada en ellos. Estaban ‘limpios’ en este aspecto.

A pesar de que Merlin estaba convencido de que ni estos niños, ni su amigo inventor habían usado magia, Arturo por desgracia, no era tan fácil de convencer.

“Por lo que acabas de explicar, ¿cómo sabéis que en verdad no era un objeto mágico y que ese amigo vuestro al que llamáis profesor no es en realidad un brujo?”

“Lo que acaba de decir es una estupidez.” Dijo repentinamente Haibara.

Arturo miró a la niña boquiabierto.

“¿Acabas de llamarme estúpido?” preguntó el príncipe estupefacto mientras le pareció escuchar una risa mal disimulada de Merlin.

Nota mental, cuando regresemos, Merlin tendrá que ir a limpiarme los establos, pulir mi armadura, lavar mis calcetines… y una larga lista de tareas siguió en la mente de Arturo para ‘castigar’ a su sirviente por esa risita.

Su atención se centró de nuevo en la niña de pelo castaño que se había cruzado de brazos y miraba al príncipe con una expresión gélida.

¿Quién hubiera pensado que una niña de seis años podría parecer tan intimidante?

Haibara ignoró por completo la pregunta del príncipe. En su lugar, dio un paso al frente para mostrar que no había vacilación en lo que iba a decir. “El profesor es un inventor, todo lo que él hace es fabricar objetos, algunos a veces incluso literalmente le explotan, lo cual puede pasar en esta profesión, como cuando un químico mezcla dos sustancias que provocan una reacción inesperada.”

Merlin se interesó por esta comparación ya que no era habitual, ni mucho menos, pero alguna vez le había pasado eso a Gaius. Siguió escuchando a la niña cuyo discurso parecía que sólo acababa de empezar. “Pero nunca ha hecho nada que pueda ser remotamente considerado magia. Yo vivo con él desde hace algún tiempo, y créame, sobre todo al principio estaba muy alerta con él ya que para mí Agasa Hiroshi, que es como se llama el profesor, era un completo desconocido.” Podría ser solo imaginación de Arturo, pero los ojos de esa niña parecían brillar, como si hubiera dolor en ellos. “Agasa me acogió y cuidó desde el primer día, tratándome como a su hija, y él… no tenía ninguna obligación de hacerlo, lo hizo porqué quiso, porqué descubrió mis padres murieron siendo yo muy pequeña, y que mi hermana mayor que fue la que me cuidó desde entonces, había muerto recientemente.”

Haibara cerró los ojos, inhaló y exhaló un par de veces para calmarse y luego abrió los ojos nuevamente para mirar al caballero rubio con expresión dura. “En todo el tiempo que he vivido con él, nunca ha hecho nada relacionado con la magia.”

Conan se unió a la conversación añadiendo su propio granito de arena.

“Digo lo mismo. Hace tiempo que conozco al profesor Agasa, y nunca se ha dedicado a algo más que no fuera inventar.” El detective rejuvenecido dio un paso más cerca del príncipe para enfatizar su punto. “Él es un científico, no un mago, brujo o lo que sea.”

Arturo tuvo que admitir que la ferocidad con la que esos niños defendían a ese hombre, ese… profesor Agasa era admirable. En cierto modo, Arturo podía entenderles, cuando creyó hace tiempo que Gwenivere era una bruja, le dolió en el corazón tener que detenerla. Ahora, después de haber llegado a conocerla mejor, sabe que sería incapaz de usar magia, por lo que, si alguien la acusara de brujería, la defendería a capa y espada, lo mismo con Merlin (aunque nunca lo admitiría en voz alta).

Aún así, Arturo no podía evitar lanzar la pregunta de confirmación. “¿Estáis seguros de eso?”

“¡Absolutamente!” respondieron los dos niños al unísono. Su determinación completamente visible y sin mostrar flaqueza.

Merlin también vio la convicción con la que los dos niños hablaban. La persona de la que hablaban… el hechicero no la conocía, pero tenía la impresión de que se parecía a Gaius, un hombre que ayuda a los demás en lo que puede. ¿Por qué otra razón si no aceptaría cuidar a una niña con la que no tenía ninguna relación?

El joven de pelo negro se acercó un poco más al príncipe. “Sire… creo que estos niños dicen la verdad.”

Arturo se giró para mirarle con expresión burlona. “Oh, ¿ahora eres un experto en magia, Merlin?”

Hombre, sé un par o tres de cosas… pensó el brujo sarcásticamente. Aunque obviamente no podía decirle esto al príncipe. Además… Merlin estaba más intrigado por la mirada ligeramente sorprendida que los niños lanzaron hacia él cuando escucharon su nombre. ¿Le conocían? Él definitivamente no los conocía.

Quizás podría… intentar hablar con esos chicos más tarde. Pero, por ahora necesitaba ayudar a convencer al imbécil que esos niños nada tenían que ver con la magia, ni ellos ni el hombre, al parecer responsable, de que estuvieran aquí ahora.

“No, sire, pero estos niños os han presentado argumentos razonables y os han mostrado estos objetos, que en verdad pueden parecer magia, pero cuyo funcionamiento se basa en mecanismos, muy sofisticados ciertamente.” Explicó el sirviente calmadamente. Luego añadió la frase que haría que el príncipe reflexionara, y, conociéndole, le hiciera tomar la decisión correcta. “Si fueran en verdad objetos mágicos, ¿no creéis que los ocultarían en lugar de mostrároslos tan abiertamente?”

Arturo permaneció en silencio durante un buen rato, tan largo que a Merlin incluso le entró sueño y se hubiera quedado dormido de pie si la voz de su señor no hubiera sonado repentinamente cuando el sirviente menos se lo esperaba.

“Puede que tengas razón Merlin, por una vez al menos.”

Merlin puso los ojos en blanco, aunque internamente saltaba de júbilo ya que lo había logrado, Arturo se había convencido de la inocencia de estos niños así como del hombre que con tanta convicción habían defendido.

Mientras Merlin se alegraba de esta pequeña victoria, Arturo se dirigió nuevamente a Conan y Ai.

“Está bien niños, vuestra historia, aunque un poco difícil de asimilar, parece ser cierta.” Admitió, lo que para los dos adolescentes encogidos fue un gran alivio. “Y vuestra predisposición a enseñarme lo que puede ser considerado mágico ayuda a corroborar vuestra historia,” entonces Arturo se enderezó hablando más para sí mismo que para los cinco niños ante él, “sin embargo, me temo que tenemos un problema.”

Conan estaba a punto de preguntar cuál era el problema, pero uno de los caballeros del príncipe se le adelantó.

“¿Cuál es ese problema, sire?”

Arturo miró a sir Gerald tras la pregunta que el hombre le había hecho. El príncipe le habló en voz baja, no quería preocupar a los niños, al menos por ahora.

“Si estos niños realmente vienen de otra tierra y nadie de por aquí los conoce, nadie podrá hacerse cargo de ellos. Y está claro que tampoco podemos dejarlos en medio del bosque, no sería un acto digno de un caballero.” Los miró brevemente antes de volver a mirar al caballero. “La única opción que veo es que vengan con nosotros a Camelot.”

Sir Gerald abrió los ojos como platos ante lo que acababa de decir Arturo. Sus siguientes palabras mostraron la preocupación que había en su interior.

“Pero sire, vuestro padre…”

Sir Gerald, así como el resto de caballeros, habían aceptado la idea de que esos niños no poseían magia, ni eran peligrosos, además, todos sabían que Arturo era un buen hombre y de ninguna manera los dejaría desamparados, pero por desgracia, el rey Uther no era tan permisivo como Arturo.

Si lo que habían visto de estos niños, el rey lo veía, inmediatamente los acusaría de magia y no les daría la oportunidad de explicarse como sí lo había hecho Arturo. El rey, ante la más mínima sospecha de magia los condenaría a muerte. Llevarlos a Camelot era un gran riesgo.

El príncipe parecía coincidir con el pensamiento de su caballero, ya que inmediatamente asintió ante la mención de su padre.

“Ahí es donde está el problema. No creo que mi padre acepte la explicación de estos niños como algo basado en la ciencia, me temo que creerá que es magia y nadie logrará convencerlo de lo contrario.” Miró otra vez a los niños que esperaban con ligeras expresiones de preocupación y de nuevo a sus caballeros ya que ahora la mayoría se habían reunido a su alrededor para escuchar el ‘plan de acción’. “Realmente creo que lo mejor es que vengan con nosotros a Camelot, pero eso significa que tendrán que esconder todos estos inventos que llevan.”

Leon dio un paso más cerca del príncipe. “Y tal vez sea conveniente hacer algo con su indumentaria, sire.”

Arturo abrió los ojos, ligeramente sorprendido. Ciertamente no había caído en ese detalle, pero era cierto, la ropa que llevaban esos niños era… curiosa, y se hacía notar de inmediato que no pertenecía a ese lugar.

Conociendo a su padre, era muy probable que el rey considerara esos extraños ropajes como algo mágico también. Sería mejor no correr riesgos de ningún tipo.

“Tienes razón Leon.” Admitió el hombre rubio a su caballero de mayor confianza. Lo pensó por unos segundos y una idea le vino a la mente. “De camino a Camelot buscaremos ropa para ellos en alguna de las aldeas por las que pasemos.” Miró a los niños de reojo una vez más antes de volver a mirar a Leon. “Será más seguro para ellos si no se presentan ante mi padre con su ropa actual.”

“Tenéis razón, sire.” Admitieron varios caballeros.

Arturo se dirigió entonces hacia los dos niños que le entendían plenamente, ya que sería más fácil transmitirles el mensaje a ellos y que ellos se encargaran de decírselo a sus amigos.

“Conan, Ai, hemos decidido que lo mejor para vosotros es que vengáis con nosotros a Camelot.” Miró por encima del niño con gafas y la niña de cabello castaño claro a los otros niños que todavía parecían estar ligeramente nerviosos ante la presencia del príncipe. Luego centró su atención nuevamente a Conan y Ai. “Pero antes de llegar allí, tendremos que buscaros ropa para que os cambiéis. La que lleváis actualmente…”

“No coincide mucho con la que la gente lleva por aquí, ¿verdad?” dijo Conan expresando lo que Arturo pensaba.

El hombre rubio asintió. “Exacto, y todos estos inventos que me habéis mostrado, será mejor que los escondáis antes de que lleguemos.” Conan y Haibara se miraron momentáneamente antes de dedicarle al príncipe una mirada de comprensión, transmitiéndole que entendían por qué debían mantener estos inventos en secreto.

El príncipe tomó esto como una señal para que continuara. “Una vez que estemos allí, buscaremos la manera de que volváis a vuestras casas.”

Ambos niños asintieron.

“Entendido. ¿Se lo podemos decir a nuestros amigos?” preguntó Conan.

Arturo asintió de nuevo. “Por supuesto.”

Los dos adolescentes encogidos se acercaron a los otros niños.

“Conan-kun, Haibara-san, ¿cómo ha ido?” preguntó Mitsuhiko tan pronto como los vio acercarse a ellos.

Conan soltó un suspiro cansado. “Bueno… ha habido un momento en el que he temido por nuestras vidas cuando Haibara ha llamado estúpido al príncipe.”

La niña de pelo castaño claro le lanzó una mirada gélida al pequeño detective. “Yo no le he llamado estúpido. Lo que he dicho, es que sus palabras eran estúpidas, no él.”

Conan hizo un gesto de desdén, como para demostrar que lo que había dicho era una broma.

“Sí, sí, en fin, aparte de este… malentendido,” concedió para finalizar con la discusión, “hemos logrado convencer al príncipe y sus caballeros de que no hacemos magia, y nos han dicho que, por nuestra seguridad, nos llevaran con ellos a Camelot.”

“¿A Camelot?” preguntaron los otros tres niños sorprendidos.

Conan asintió. “Así es. Dicen que cuando lleguemos allí, intentarán ayudarnos a volver a casa.” El falso niño adoptó una expresión ligeramente seria. “Creo que es mejor aceptar, ya que tienen razón que quedarnos en medio del bosque no es seguro. Lo que no creo que sea posible es que puedan ayudarnos a llegar a casa, ya que no creo que puedan hacer que volvamos al futuro.”

Estas últimas palabras hicieron que miradas de horror aparecieran en los rostros de Genta, Mitsuhiko y Ayumi.

“¿Entonces nos quedaremos atrapados en este tiempo para siempre?”

Conan miró al chico más alto. “Eso no lo sabemos Genta, no pierdas la esperanza.” El chico con gafas trató de sonar tranquilizador. “Iremos paso a paso, ¿de acuerdo? Y el primer paso es ir a Camelot. Cuando estemos allí, veremos qué hacer a continuación.”

“Sí, tienes razón Conan-kun.” Dijo Mitsuhiko con una incipiente sonrisa. Conan siempre les había sacado de apuros, y si bien este era probablemente el más grande que habían afrontado hasta la fecha, con Conan a su lado, seguro que saldrían adelante.

Conan le devolvió la sonrisa a Mitsuhiko y miró también a los otros dos niños. “Vámonos a Camelot.”

“¡Sí!” respondieron los tres con entusiasmo.


Cap. 6

Capítulo 6

4.676 palabras

"Habla en japones"

Pensamientos en japonés

"Habla en ingles"

Pensamientos en ingles

✦ ✦ ✦

Tras una breve charla, se acordó que cada uno de los niños iría a Camelot a caballo, con alguno de los caballeros, mientras que los bandidos supervivientes harían todo el trayecto a pie. Cuando llegaran a la ciudad, serían encarcelados a la espera de juicio mientras que Arturo trataba con su padre el tema de los niños.

En el momento de decidir con quién iría cada niño, todos esperaban que Arturo, siendo la persona de mayor autoridad, elegiría al niño con gafas para que le acompañara, ya que, siendo como era Arturo, querría saber más cosas de esos chicos, y Conan era casi el único con el que se podía comunicar. La verdad… fue una sorpresa para todos cuando el príncipe anunció que quería que Haibara fuera su acompañante para el viaje

El niño con gafas acabó viajando con Merlin. No es que a Conan le importara mucho con quien ir, siempre y cuando eso significara salir de ese bosque y poder descansar bajo cobijo.

Haibara por otra parte, se sentía halagada y también algo cohibida de que el príncipe de Camelot la hubiera elegido específicamente a ella como compañera de viaje. ¿Tal vez le había enfadado que defendiera al profesor Hagasa tan fervientemente?

Pero, por lo que sabía de las leyendas artúricas, el rey Arturo siempre había defendido lo bueno y justo, y lo que Haibara había hecho, era en realidad justo, había defendido el honor de un hombre que no estaba allí y al que estaban acusando falsamente de algo que no hacía. Haibara no había hecho nada malo. Entonces… ¿por qué el príncipe quería que la niña de cabello castaño viajara con él?

Los nervios de Haibara crecían mientras cabalgaban rumbo a la aldea más cercana para conseguirles ropa.

“¿De verdad crees… que soy estúpido?” preguntó de repente el príncipe Arturo en voz relativamente baja sacando a la científica encogida por sus pensamientos.

“¿Qué?” preguntó la niña falsa con voz confundida mientras intentaba mirar al hombre rubio a los ojos. Tarea ciertamente difícil dada su postura a horcajadas en el caballo y su baja estatura.

El príncipe se movió nervioso en su silla. Su voz sonó baja, como si no quisiera que nadie le escuchara mientras interactuaba con Haibara.

“Antes… mientras hablábamos… me has llamado estúpido.” Miró a los otros caballeros de reojo antes de mirar nuevamente a la chica de cabello castaño. “¿De verdad crees que soy estúpido?”

Haibara no pudo evitar fruncir el ceño ante la pregunta del príncipe, y al responder, su voz sonó ligeramente molesta.

“¿Esto otra vez? Sire, no le llamé estúpido.”

Esta vez fue el turno de Arturo el de fruncir el ceño.

“¿Me estás diciendo que mis oídos me engañan? ¿O que soy un mentiroso?”

Haibara soltó un ligero bufido. “Ni una cosa ni la otra.” Luego inhaló y exhaló para calmarse. Tampoco sería bueno que el príncipe de Camelot la tuviera por mala persona. “Lo repetiré por última vez.” Miró a Arturo lo mejor que pudo para hacerle ver que lo que decía era la verdad y que además hablaba completamente en serio. “Lo que he dicho, es que lo que usted dijo, era estúpido. Sus palabras fueron estúpidas, no usted.”

“Entonces… ¿realmente no crees que sea estúpido?” preguntó el hombre rubio con una voz ligeramente más tranquila, lo que para Haibara también fue un alivio. El príncipe no parecía ser mala persona, pero tampoco quería arriesgarse a ver cómo era cuando estaba enfadado.

“No, no lo creo, Sire.” Dijo la falsa niña con convicción. Luego sonrió con ligera malicia. “Pero a veces una persona que no es estúpida, ciertamente puede decir grandes estupideces.”

“Parece que hables por experiencia.” Expresó Arturo sorprendido por el tono de la científica atrapada en el cuerpo de una niña.

Haibara se encogió de hombros. “Podría decirse así.” Su mirada se dirigió momentáneamente a Conan que en esos momentos hablaba con Ayumi por algo que la niña con diadema le había preguntado. Haibara volvió a mirar al frente. “Conozco a alguien que es tal vez, una de las personas más inteligentes que conozco,” su sonrisa se amplió y el tono de su voz era una mezcla de broma y burla, “pero eso no quiere decir que él no haya dicho alguna vez algo realmente estúpido que me ha hecho cuestionar si realmente es tan inteligente como parece o solo actúa todo el tiempo.”

(De repente en el caballo de Merlin, Conan estornudó.)

Casualmente, la mirada del príncipe también se dirigió al caballo de Merlin, pero no para mirar al niño con gafas, sino para mirar a su jinete.

“Es curioso, a mí me pasa todo lo opuesto con mi sirviente. La mayor parte del tiempo es un completo idiota, sin embargo, a veces… dice algo que me hace pensar que casi podría considerarle… sabio.”

(Merlin estornudó en ese instante)

Haibara volvió a encogerse de hombros. “Las personas son un gran misterio, Sire.”

“Estoy de acuerdo.” Respondió Arturo.

Desapercibido para ambos, Conan los miraba desde su caballo. Había acabado de hablar con Ayumi, y su atención se centró en el príncipe y Haibara. Al detective encogido le gustaría saber de qué hablaban ambos, ya que en algún momento vio que Haibara le lanzaba una mirada, y el príncipe también había mirado en su dirección.

¿Habían dicho algo referente a él? ¿Qué le estaba contando Haibara?

“Oye, chico.”

“¿Eh?” Conan fue sacado de sus pensamientos y miró al jinete con el que iba, según había aprendido, criado personal del príncipe. Un hombre joven de cabello negro azabache y profundos ojos azules que le miraba con curiosidad y… ¿miedo?

Merlin inhaló y exhaló, lo cual para el detective encogido fue extraño. ¿Qué quería decirle este hombre que fuera tan difícil como para tener que prepararse mentalmente para ello?

“Verás… he podido notar antes que…” Merlin comenzó con incertidumbre mientras sus ojos escaneaban el entorno, “tus amigos y tú me habéis mirado con caras sorprendidas cuando habéis escuchado mi nombre, pero nunca antes nos hemos visto.” Su voz sonaba nerviosa en esta última parte. “¿Me conocéis de algo?”

Los ojos de Conan se abrieron con sorpresa. No esperaba que se les hubiera notado tanto su sorpresa al escuchar el nombre del legendario brujo que siempre se nombraba como el mayor hombre de confianza del rey Arturo. No se podía haber escuchado hablar del rey Arturo sin escuchar hablar de Merlin. La sorpresa de los niños vino al ver lo joven que era en realidad Merlin. Siempre habían pensado, y Conan no era una excepción, que Merlin era un anciano, no alguien que parecía tener prácticamente la misma edad que Arturo.

Pero… el detective encogido no podía decirle eso al hombre de grandes orejas, no podía decirle que venían del futuro y que para ellos, Arturo, Camelot, sus caballeros y el propio Merlin no eran más que leyendas. No, tenía que buscar otra explicación para su reacción-

De repente se le ocurrió.

“No… es que… Merlin… Merlin es el nombre de un pájaro ¿verdad? Nos ha sorprendido que lleves un nombre así, es eso.” Trató de poner su mejor voz infantil mientras daba esta explicación plausible.

“Eso es cierto,” admitió el sirviente del príncipe, “pero… ¿En vuestra tierra hay también una especie de pájaro llamado Merlin y que tiene este nombre?” su voz sonaba genuinamente curiosa.

Manteniendo su actuación, el niño con gafas asintió. “Sí, sí, eso es.”

Merlin miró al niño ligeramente receloso. La sorpresa que esos niños habían mostrado era más profunda que el hecho de que el nombre del brujo fuera el de un tipo de pájaro. “¿Seguro que no hay otra razón?” cuestionó.

Conan sonrió, ofreciendo su actuación infantil más inocente.

“No, claro que no.”

El falso niño miró de reojo al hombre de cabello azabache, y no le costó ver que el sirviente del príncipe no parecía convencido por la declaración de Conan.

Será mejor que advierta a Haibara y a los niños de que tengan cuidado de cómo actúan delante de este joven. Parece ser muy perspicaz. Pensó el detective encogido mientras volvía a mirar hacia adelante para no levantar aún más sospechas por parte de Merlin.

No mucho tiempo después llegaron a una aldea donde el príncipe ordenó a sus caballeros que consiguieran ropa para los cinco niños. Costó un poco pero finalmente lograron encontrar ropa para todos ellos. Cabe decir que los aldeanos fueron muy cooperativos en ayudar a encontrarles ropa. Arturo supuso que era su modo de agradecerles que hubieran acabado con los bandidos.

Cuando todos los niños se hubieron cambiado de ropa remprendieron el camino hacia Camelot, cada niño con el adulto que le había sido asignado previamente. Todos sus aparatos fueron cuidadosamente escondidos entre el equipaje de los caballeros para que no quedaran a simple vista cuando llegaran a la ciudad.

Arturo les informó que tenían un día de viaje por delante, lo que implicaba que tendrían que dormir a la intemperie esa noche. Los niños no recibieron muy bien esa noticia, pero el príncipe les aseguró que no permitirían que les pasara nada malo. Informaron a los niños que siempre que dormían en medio del bosque, como siempre hacían, harían turnos de guardia para vigilar durante la noche y evitar así que algo malo pasara.

Más pronto de lo que los niños pensaron, el grupo de caballeros anunciaron que se detendrían para montar campamento en el claro en el que se habían detenido. Los niños vieron que Merlin iba a encargarse de la cena… solo. Por lo que, con la ayuda de Conan y Haibara para explicarlo, se ofrecieron a ayudar al joven de pelo negro. El sirviente denegó la oferta, aludiendo que ya estaba acostumbrado, pero los niños insistieron alegando que ya que por causa de ellos eran más bocas las que había que alimentar.

Ante ese argumento, Merlin acabó cediendo, lo cual al parecer fue un error, ya que, sin siquiera darse cuenta, Haibara acabó tomando el mando y ordenando a cada cuál lo que tenía que hacer, incluido el propio Merlin.

El hombre de pelo negro miró al niño con gafas, quien a su vez miraba a la niña de cabello castaño con una expresión aburrida.

“¿Ella es siempre así?”

Conan bajó ligeramente la cabeza antes de mirar al sirviente con una sonrisa pícara. “Cuando se trata de cocinar, sí.”

“¡He escuchado eso!” gritó Haibara de repente haciendo que tanto Conan como Merlin se pusieran rígidos. Ambos miraron a la chica de pelo castaño que les observaba con una mirada gélida. “En lugar de perder el tiempo hablando, poneos a hacer la tarea que se os ha encomendado.”

La científica encogida no necesitó repetirse, pues de inmediato tanto el sirviente del príncipe como el pequeño detective se pusieron manos a la obra.

“Haibara-san, ¿podríamos preparar arroz con anguilas?” preguntó Genta de repente.

“No, Kojima-kun.”

El chico más alto se decepcionó de inmediato. “¿Por qué no?”

“¿No es evidente? No tenemos ni arroz ni anguilas. No podemos preparar un plato llamado ‘Arroz con anguilas’ si no tenemos los ingredientes principales que lo componen.” Respondió la científica encogida mirando al chico con expresión exasperada.

Siempre era lo mismo, cuando Kojima pensaba en comida, su plato predilecto tenía que ser nombrado. No fallaba.

Los ojos de Genta se abrieron como platos al darse cuenta de que lo que decía Haibara era cierto. Nuevamente no podría comer su plato preferido. El chico más alto bajó la cabeza, avergonzado. “Tienes razón, Haibara-san voy a seguir con mi tarea.”

“Bien.” Fue todo lo que respondió la joven encogida.

Arturo vio todo esto desde la distancia. Se sorprendió al principio cuando vio como los niños se ofrecían a ayudar a Merlin a cocinar. Supuso que era su forma de agradecer a los caballeros que les salvaran. Pero los pensamientos del príncipe iban más allá.

A diferencia de los otros pequeños, esa niña, Haibara, le generaba mucha curiosidad, ya que actuaba como si fuese una joven adulta, de hecho, su actitud servicial le recordaba a Guinevere, mientras que su sarcasmo y respuestas mordaces le recordaban a Morgana. Esa pequeña parecía una combinación de ambas.

El otro niño capaz de comunicarse con ellos, Conan, también le generaba genuina curiosidad, ya que parecía mucho más maduro de lo que correspondería a un chico de su edad. Como un adulto atrapado en el cuerpo de un niño. Quizás… podría preguntarle a Merlin su opinión, ya que vio al chico hablando con su sirviente.

Mientras el príncipe estaba inmerso en sus pensamientos, la cena no tardó en estar lista. Afortunadamente, habían cogido platos y cubertería de sobra para los caballeros y los cinco niños, por lo que no tuvieron que hacer turnos para comer. A los prisioneros también se les permitiría tener una ración, pero en su caso sería después de que los demás acabaran de comer.

“Tengo que admitir Merlin, que esta comida es mucho mejor que la que sueles preparar.” Anunció Arturo de repente entre bocado y bocado.

Merlin fulminó al príncipe con la mirada, pero luego algo le vino a la mente y sonrió con ligera malicia.

“Puede que eso sea cierto sire, pero será mejor que no comáis tanto, no querréis que tenga que hacer un nuevo agujero en vuestro cinturón.”

(Conan y Haibara se atragantaron con su comida al escuchar el descarado comentario del sirviente)

Arturo frunció el ceño. “¿Me estás llamando gordo, Merlin?”

“No habrá necesidad si controláis lo que coméis, sire.” Respondió el sirviente con una amplia sonrisa en su rostro.

“¿Merlin?” Arturo uso ese tono de voz que sabía silenciaría a Merlin… por un rato.

“¿Cállate?” cuestionó el sirviente, aunque ya sabía qué venía a continuación.

Arturo asintió. “Qué bien que al menos has aprendido eso.” Su atención se dirigió entonces a los niños. “Se os da muy bien cocinar para ser niños.”

Haibara, habiéndose recuperado de la sorpresa por el evidente descaro de Merlin y cómo el príncipe no parecía enojado por sus comentarios, se encogió de hombros.

“Tiene una explicación razonable.”

El príncipe sonrió con picardía ante las palabras de la chica de cabello castaño. “¿De verdad? ¿Te importaría explicármela entonces?” preguntó haciendo que todos sus caballeros y Merlin miraran interesados de repente el intercambio entre el hombre rubio y la niña con la que hablaba.

Haibara inhaló y exhaló antes de satisfacer la petición de Arturo con voz calmada y carente de emoción. “Solemos ir de acampada con el hombre con el que vivo, el profesor Agasa. Cuando lo hacemos, dormimos en tiendas que traemos con nosotros y cocinamos lo que tenemos prácticamente igual que hemos hecho aquí.”

Haibara omitió el hecho de que más de una vez, cuando habían ido de acampada con el profesor, de algún modo u otro se habían acabado viendo envueltos en algún caso, como esa vez que olvidaron la tienda de campaña y acabaron pasando la noche en una mansión azul, otra vez en la que Mouri y Suzuki los acompañaron y Mouri fue secuestrada por equivocación y casi muere ahogada(1), la vez en la que dispararon a Kudo(2)… sí, la lista era larga.

“¿Vais tan a menudo a acampar como para haber aprendido a cocinar tan bien?” cuestionó entonces Arturo no del todo convencido de las palabras de Haibara.

La científica encogida se encogió de hombros nuevamente. “En realidad, como ya expliqué, vivía con mi hermana desde que mis padres murieron. Solía ayudarla a cocinar, así que aprendí bastante de ella.” Una sonrisa triste se formó en el rostro de la chica de cabello castaño. “Cuando el profesor me acogió en su casa, en seguida advertí que sus hábitos alimenticios no eran lo que podría considerarse muy saludables, por lo que asumí el mando de sus horarios de alimentación y de lo que comía para que su salud no se viera afectada.”

Sí, pobre profesor, no podría tener una cuidadora más estricta que Haibara. Pensó Conan ante la explicación, totalmente verídica de la ex miembro de la organización.

Los ojos de Arturo se abrieron como platos. Esta era la segunda vez que la niña de cabello castaño admitía ser huérfana y cómo ese hombre la había acogido en su casa. Y ciertamente… el príncipe podía entender lo que la pequeña decía. Cuando él mismo era pequeño, más de una vez se acercó a su padre diciendo que quería ayudarle con sus tareas de gobernar el reino, y si bien su padre no le dio tareas reales, Arturo en realidad aprendió alguna cosilla de aquella época.

No era… inusual que Haibara hubiese aprendido a cocinar de su hermana si la ayudaba, y tampoco era inusual que intentara ayudar al hombre que la cuidaba haciendo uso de lo que había aprendido, en este caso el arte de la cocina.

Arturo asintió con una sonrisa genuina. “Eso es algo muy loable para alguien tan joven.”

La científica encogida sintió que sus mejillas se calentaban repentinamente, y apenas pudo articular palabras coherentes. “Gracias…” logró decir.

Por su visión periférica pudo ver que Kudo estaba haciendo grandes esfuerzos para evitar reírse en voz alta.

Kudo, será mejor que no digas nada pensó la joven de cabello castaño sin atreverse a apartar la mirada del príncipe que aún le sonreía alentadoramente.

“¡Ai-chan, te has sonrojado!” exclamó Ayumi de repente, lo que provocó que Genta y Mitsuhiko la miraran con sorpresa.

Genial ahora soy el centro de atención de todo el mundo… pensó la adulta encogida con consternación.

“¡Es cierto!” Exclamó Mitsuhiko viendo el inmenso rubor en las mejillas de la chica de cabello castaño. “¿Qué te ha dicho el príncipe para que te hayas puesto así?” su voz era totalmente curiosa.

“N-nada importan-”

“Solo ha sido un elogio por el esfuerzo que hace Haibara en cuidar al profesor.” Espetó Conan con voz ligeramente jocosa.

Haibara le envió al chico con gafas una mirada gélida. “¡Edogawa-kun!”

La sonrisa de Conan creció. Sabía que por mucho que gritase, Haibara no le mataría, aunque… Haibara podría vengarse de él, como lo hizo una vez en unos baños termales, donde le puso una sustancia irritante en su ropa interior después de hacer un comentario que a la científica encogida no le gustó en absoluto(3).

Un escalofrío recorrió la espalda del detective encogido. Esa no fue una experiencia agradable. Se atrevió a mirar a la chica y lo que vio en sus ojos le dio miedo. Estaba claro que Haibara no dejaría pasar esto sin más.

Estoy en un gran problema… pensó Conan con amargura. El detective encogido llegó a la realización de que tendría que vigilar sus espaldas de ahora en adelante.

Los caballeros observaron el intercambio entre los niños con sonrisas en sus rostros. A pesar de no entenderles, estaba claro que estos chicos se lo estaban pasando bien.

Después de que todo el mundo estuviese alimentado, los niños nuevamente se ofrecieron a ayudar a Merlin a lavar los platos mientras los caballeros extendían sus petates y lo preparaban todo para poder irse a dormir.

Cuando Merlin y los niños regresaron de lavar los platos, se les dijo que ya que los petates eran de un tamaño relativamente grande, los cinco podían repartirse en dos de ellos y que los turnos de vigilancia que harían, los harían dos de los caballeros a la vez.

Los niños al principio declinaron esa oferta ya que les parecía abusar demasiado de la generosidad de Arturo y sus caballeros, pero el príncipe insistió aludiendo que no podían estar acostados en sus petates si tenían que vigilar, por lo que siempre habría dos petates vacíos. Si esto iba a ser así, también podían los niños usar esos petates vacíos y los caballeros por esta noche irían rotando.

Ante tales argumentos y viendo que no tenían muchas opciones de ganar la “discusión” pues Arturo parecía haber tomado la decisión en firme, los cinco amigos acabaron cediendo y se acostaron en los petates que les dijeron.

El príncipe se ofreció a hacer la primera guardia, y Merlin se ofreció a vigilar con él. No pasó mucho tiempo antes de que todos cayeran dormidos.

Arturo estaba de pie observando los alrededores mientras que Merlin se aseguró de añadir más leña al fuego y evitar que se extinguiera. Cuando estuvo seguro que las llamas aún arderían un rato, el joven de cabello oscuro se acercó a su príncipe.

“¿Qué piensas?”

Merlin miró a Arturo sorprendido, no esperaba que el hombre rubio iniciara una conversación tan rápido. Lo tomó por sorpresa.

“¿Sire?” logró articular.

Arturo miró a su sirviente a los ojos. “De esos chicos, quiero decir. ¿Qué piensas de ellos?”

Merlin abrió casi imperceptiblemente los ojos al darse cuenta de a qué se refería el príncipe heredero.

“Oh, sobre los niños… para empezar, su historia es bastante increíble y ciertamente podría parecer que la magia está involucrada, pero algo me dice que ellos dicen la verdad, quiero decir, los aparatos que llevaban con ellos no eran mágicos e incluso ese niño, Conan trató de explicar su funcionamiento, tratando de demostrar que no eran mágicos. Lo que parece más desconcertante es el modo en el que llegaron. Hay hechiceros que pueden teletransportarse, pero según Gaius, se requiere de mucho poder para hacerlo.”

“¿Hechiceros como Morgause?” preguntó Arturo de repente. Aún recordaba como esa bruja se teletransportó desde el salón del trono en Camelot llevándose a Morgana con ella, y no pudieron encontrar a la pupila del rey hasta casi un año más tarde.

El sirviente asintió al príncipe. “Sí, hechiceros como ella, o la mujer que vi el primer día que pisé Camelot, se teletransportó justo después de que su hijo fuera ejecutado ante sus ojos. Además, me cuesta creer que un hechicero pueda poner tanto poder en un objeto para transportar a tantos niños al mismo tiempo.”

Merlin habló con cautela con toda esta explicación, tratando de ser sincero, pero al mismo tiempo tratando de alejar cualquier sospecha de magia que Arturo pudiera albergar con razonamientos plausibles.

Arturo tarareó mostrando su acuerdo con su sirviente.

“Hay algo más, ¿no es así, Merlin?” preguntó de repente.

El hombre de grandes orejas exhaló un ligero suspiro. Estaba claro que Arturo también se había dado cuenta de algo referente a esos niños.

“Así es sire… los dos niños que hablan nuestra lengua parecen… más maduros… como si fuesen…”

“¿Adultos?” concluyó el príncipe.

Realmente ambos se habían dado cuenta de lo mismo. Esos dos niños, a diferencia de los otros tres, eran mucho más calmados, menos enérgicos, parecían observar su entorno con ojos más maduros, dándose cuenta de cosas que un niño normal no notaría.

“Así es.” Admitió el sirviente. “¿Vos pensáis lo mismo, sire?”

“Cuesta de creer, pero esa es ciertamente la impresión que transmiten.” Respondió Arturo con voz tranquila.

Un súbito temor floreció en el interior de Merlín. “¿Qué pensáis hacer?”

Arturo miró a su sirviente por unos instantes, tratando de descifrar el significado detrás de la pregunta de su sirviente. Casi parecía que Merlin estuviera preguntando “¿Queréis encararos a esos niños y cuestionarles por qué parecen actuar como adultos?”

Si era honesto consigo mismo, Arturo había pensado fugazmente en esa posibilidad, pero por otra parte, esa pequeña, Haibara, era huérfana. Toda su familia estaba muerta. Podría ser que una experiencia tan traumática a una edad tan joven la hubiese hecho madurar antes. Y si bien ese niño, Conan, no había explicado nada de su pasado, podría ser que algo le hubiese pasado y esa fuese la explicación de su tan marcada madurez a pesar de su joven edad.

El príncipe se encogió de hombros. “No haré nada. Puede que las experiencias de la vida les hayan hecho madurar, pero siguen siendo niños. ¿Crees que se les debería castigar por actuar fuera del rango normal en el que actúan los niños?"

Merlin suspiró aliviado internamente. Temía cómo podría desarrollarse un interrogatorio de ese calibre. En cuanto a lo de castigar a esos dos…

“No, sire, no creo que se les deba castigar por ello.” Respondió con honestidad. Después miró al príncipe con una sonrisa. “Sois un buen hombre, Arturo.”

El hombre rubio lo miró por un momento y luego volvió a mirar hacia el bosque.

“Merlin, tengo otra duda.”

“¿Tiene que ver con esos niños también?” inquirió el sirviente mirando al príncipe con curiosidad.

Arturo asintió. “En cierto modo.” Miró a Merlin a los ojos. “No me ha pasado por alto que cuando han escuchado tu nombre por primera vez, todos ellos te han mirado sorprendidos.” Arturo dio un paso más cerca de su sirviente. “¿A qué crees que se debe?”

Merlin suspiró internamente. Debería haber visto venir a leguas esa pregunta del príncipe. El hombre de cabello oscuro inspiró y expiró. Cuando inquirió al niño con gafas acerca de ese tema, le pareció que el chico estaba tratando de ocultarle algo, inventando la excusa de la especie de pájaro en su lugar para justificarse.

Merlin en realidad había decidido espiar a los niños. No es que pensara que fueran peligrosos para Arturo o el reino… al menos no que él pudiera ver, pero la incertidumbre por su inmensa sorpresa aún estaba en su mente, y quería resolver ese ‘misterio’.

Sabiendo que Arturo esperaba una respuesta, Merlin trato de parecer despreocupado.

“De hecho me cuestionaba lo mismo, así que se lo he preguntado a ese niño, Conan, y lo que me ha respondido es que en su tierra tienen un tipo de ave con el mismo nombre. Según él, su sorpresa se debe a que nunca habían escuchado de alguien que tuviese por nombre el de una especie animal.”

“Y tú… ¿le crees?” al igual que él, el príncipe no parecía convencido por la explicación que le había dado el niño con gafas.

Merlin realmente no quería seguir hablando de eso, al menos no hasta que supiera más él mismo. Así que decidió cambiar de tema, se encogió de hombros, tratando de mostrar indiferencia.

“¿Qué puedo decir? Antes de hoy nunca había visto a estos niños, y me guste o no, yo no soy tan conocido como lo sois vos, sire. Solo soy un sirviente, nadie importante. Vos, sois un príncipe, y un día seréis un gran rey, y como ya os he dicho en el pasado, yo estaré feliz de serviros hasta el día de mi muerte.”

El hombre rubio frunció el ceño. Claramente esa no era la respuesta que quería escuchar. “Has cambiado de tema, Merlin.”

Vaya no ha dado resultado… pensó el hechicero secreto con consternación. En fin, tendría que ser sincero.

“Lo siento, sire.” El sirviente esbozó una tímida sonrisa. “Pero honestamente, no creo que esos niños hayan oído hablar de mí nunca, por lo que su explicación de que tienen una especie de pájaro llamada merlin en su tierra no me parece absurda, ni ilógica.”

Arturo tarareó nuevamente. “Ciertamente suena como una posibilidad… tienes que admitir que llevar el nombre de un pájaro no es algo muy… masculino.”

“Oh, supongo que debe ser masculino ser un imbécil” Respondió el hombre de cabello oscuro con voz burlona.

“No puedes hablarme así Merlin, soy tu príncipe.”

La sonrisa de Merlin se amplió. “Perdonad sire, debe ser masculino ser un imbécil real.”

Con un movimiento rápido, el príncipe inmovilizó la cabeza de Merlin con una llave de brazo y con su mano libre cerrada en un puño lo frotó en la cabeza del sirviente mientras el hombre más joven se retorcía y gemía por el ‘trato’ que el hombre rubio le estaba dando.

Tras unos segundos, Arturo soltó a su sirviente que rápidamente se frotó la cabeza mirando al príncipe con enojo. Arturo por su parte le dedicó a su sirviente una sonrisa triunfal.

El silencio se estableció entre ambos durante un rato y luego comenzaron a hablar de cosas triviales mientras esperaban el momento de hacer el relevo y poder dormir un poco. Lo que ninguno de los dos sabía, era que cierto detective encogido había estado escuchando toda su conversación.

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(1) Detective Conan episodio 376 (original del anime)

(2) Detective Conan episodio 188 (files 251-260 del manga)

(3) Detective Conan episodio 597-598 (files 722-724 del manga)


Cap. 7

Capítulo 7

7.149 palabras

"Habla en japones"

Pensamientos en japonés

"Habla en ingles"

Pensamientos en ingles

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La mañana se presentó soleada y con los pájaros cantando alegremente. Los caballeros, Merlin y los niños se levantaron con presteza y mientras Arturo y los caballeros recogían el campamento, Merlin y los niños se ocuparon de preparar el desayuno. Dada la experiencia de la noche anterior, Merlin dejó que Haibara asumiera el mando.

En el momento en el que el desayuno estuvo preparado, todos se sentaron a comer mientras hablaban de lo que iban a hacer en las próximas horas, que consistía en seguir viajando del mismo modo que el día anterior, hacer una parada para la comida, y llegar a Camelot a primera hora de la tarde. Los Detectives Junior no pudieron hacer más que estar de acuerdo con este plan. A fin de cuentas, era prácticamente lo único que podían hacer en esos momentos.

“Cuando lleguemos a Camelot, Leon te encargarás de encerrar a los bandidos en el calabozo mientras yo voy a informar a mi padre. Mientras tanto, Merlin quiero que acompañes a los niños a ver a Gaius, puede que no parezcan estar heridos, pero prefiero que el médico de la corte les haga una revisión para estar seguros.” Explicó Arturo a sus caballeros y Merlin. Conan y Haibara también estaban escuchando para poder después explicarles a sus amigos lo que el príncipe rubio había dicho, ambos se miraron brevemente ante la mención del médico, temerosos de que les examinara muy a fondo y descubriera en ellos ciertas cicatrices en sus cuerpos que serían difíciles de explicar.

Ajeno a los pensamientos de los dos adolescentes encogidos, Arturo miró entonces a los cinco niños, como si algo acabara de venirle a la mente. “Eso me recuerda… tenemos que presentar una historia convincente para justificar vuestra presencia niños.”

Conan apartó por el momento el pensamiento del médico y asintió al príncipe, de hecho, era algo que también había tenido preocupado al detective encogido y lo había hablado con sus amigos mientras preparaban el desayuno. “Estoy de acuerdo, sire, y, de hecho, yo pensaba lo mismo.” Miró a sus amigos con una sonrisa, haciéndoles saber que iba a compartir con el caballero rubio lo que habían ideado. “Lo estuvimos hablando hace un rato y se nos ha ocurrido una posible explicación.”

Los ojos de Arturo, así como los de los caballeros, se abrieron con sorpresa. “¿En serio?” su voz sonaba genuinamente curiosa. Realmente estos niños le generaban una gran intriga. El príncipe de Camelot se inclinó hacia adelante, más cerca del chico con gafas. “Veamos, ¿cuál sería esa explicación?”

Una sonrisa confiada adornaba el rostro de Conan, la misma sonrisa que siempre mostraba cuando descubría la verdad de algún crimen o resolvía algún misterio. Para Arturo y sus hombres, la expresión del niño más bajo se parecía más a la de un caballero que acababa de ganar un torneo que a la alegría infantil que normalmente exhibirían los rasgos de un niño de la edad del chico con gafas.

“Hemos deducido que los hombres de quien nos rescataron no querían matarnos, querían capturarnos supongo que para vendernos a otra gente.” La expresión del niño se había vuelto tremendamente sombría cuando dijo la última parte, como si estuviera imaginando todas las implicaciones de lo que podría haber pasado si Arturo y sus hombres no hubieran llegado cuando lo hicieron.

Conan negó con la cabeza descartando cualquier pensamiento que le hubiese invadido. Volvió a mirar a los adultos que le observaban con expresiones que mostraban un igual nivel de intrigada y sorpresa. “Como se puede ver por nuestros rasgos físicos, así como por nuestro idioma, está claro que nosotros no somos de estas tierras. Nadie puede decir habernos visto antes de que usted, sire, y sus caballeros nos salvaran de esos hombres. Por lo que, nadie sabe cuánto tiempo estuvimos con-”

La voz del príncipe intervino antes de que el adolescente encogido pudiera finalizar su explicación. “Creo que empiezo a ver lo que insinúas, estáis sugiriendo cambiar un poco el marco de tiempo, hacer creer que hace ya bastantes días, meses incluso, que fuisteis capturados y llevados lejos de vuestras casas por esos bandidos de quienes os salvamos.”

La sonrisa volvió al rostro de Conan. Ciertamente, ese era el plan, decirle al rey que fueron rescatados de los bandidos, lo cual era cierto, cuando ya llevaban un tiempo con ellos, la parte que no era cierta, y que serviría de tapadera para ocultar su desconcertante… llegada a estas tierras.

También serviría para justificar que no supieran cómo volver a su hogar, ya que llevaban tanto tiempo viajando con sus “captores” que no sabían con certeza en qué sitios habían estado ni de dónde habían venido.

“Exacto, y de los cinco, durante nuestro tiempo de ‘cautiverio’, Haibara y yo aprendimos este idioma y Mitsuhiko lo estaba aprendiendo para así poder comunicarnos con nuestros captores o con quien pudiera ayudarnos.” Terminó de explicar el detective encogido con una amplia sonrisa en su rostro.

Arturo tarareó pensativo. Realmente, esos bandidos iban a capturar a esos niños. Que su plan fuera venderlos a otros era lo más factible. Por mucho que a Arturo no le gustara mentir a su padre, contar esta historia… alterada, ayudaría a proteger a esos niños del probable funesto destino que les esperaba si el rey Uther descubría cómo habían llegado a estas tierras.

“Suena posible,” admitió finalmente el caballero rubio. “como bien dices esto explicaría el idioma tan distinto al nuestro que habláis, así como vuestra apariencia física. Y eso además justificaría también vuestro… raro acento.”

Esas últimas palabras hicieron que el chico con gafas mirara al príncipe de Camelot con sorpresa, aunque este no se dio cuenta ya que inmediatamente después de decirlo, Arturo se volvió a sus hombres y comenzó a hablar con ellos sobre otros asuntos, dando a entender a los niños que podían hablar entre ellos si querían, o en el caso de Conan y Ai, contarles lo que se había estado diciendo. Sin embargo, el detective encogido no estaba muy por la labor de explicar nada.

¿Raro acento? Eso era todo lo que Conan podía pensar por ahora frunciendo el ceño levemente. ¿Qué tenía de raro su acento? Se había esforzado mucho practicando con sus padres para hablar inglés fluido y que no se notara que era japonés. Y Haibara había estudiado años en Estados Unidos, aunque a Shinichi le costara admitirlo… el inglés de Haibara probablemente era mejor que el suyo. ¿Por qué el hombre rubio decía que su acento era-?

De repente el detective encogido cayó en la cuenta. Tanto Haibara como él habían estado hablando inglés americano, no el británico, de aquí que su acento, pareciera raro a los oídos del príncipe y sus caballeros.

En fin, si bien era cierto que su acento era americano, tal y como había dicho Arturo, eso ayudaría a corroborar la historia de que Conan y Haibara habían aprendido el idioma y no lo… hablaran del todo bien.

“¿Conan-kun?”

El niño con gafas salió de sus pensamientos al escuchar la voz de Ayumi que le llamaba. El joven encogido dirigió su atención a la niña con diadema que le miraba con ligera preocupación. Esto sorprendió al detective.

“¿Qué pasa?” preguntó confundido al darse cuenta de que no solo Ayumi, sino que también Genta y Mitsuhiko le miraban con rostros preocupados.

Ayumi se inclinó ligeramente hacia adelante, más cerca de su amigo. “Haibara nos estaba contando lo que ha dicho el príncipe Arturo, pero no ha querido decirnos por qué de repente parecías sorprendido.” Explicó la niña. “Te lo hemos preguntado, pero no reaccionabas.”

Los ojos de Conan se abrieron con sorpresa, no se había dado cuenta que se había encerrado tanto en un simple pensamiento como para que no fuera consciente de lo que ocurría a su alrededor. Su mirada se desvió a Haibara que le miraba con expresión neutra y con los brazos cruzados.

Su atención se desvió entonces a los otros tres niños. “Lo siento, estaba pensando en cómo podremos volver a casa.”

“¿De verdad?” preguntó Mitsuhiko con voz emocionada. “¿Tienes alguna idea de cómo volver?”

“No, aún no.” Respondió el detective con tristeza.

La expresión entusiasta de Mitsuhiko decayó al instante. “Vaya…” entonces el niño negó rápidamente con la cabeza y trató de sonar optimista y alegre. “En fin, tengo curiosidad, ¿Qué ha dicho el príncipe que te haya hecho poner esa cara tan sorprendida?”

Los ojos de Conan se abrieron nuevamente con sorpresa. “¿Eh?”

Genta se unió entonces a la conversación. “Sí, ya sabes, lo último que te ha dicho el príncipe, ¿qué ha sido?”

El detective encogido sintió que el sudor se acumulaba en su frente. No quería admitir que Arturo llamó rara a su forma de hablar inglés. Conan miró a Haibara en busca de ayuda y todo lo que recibió de ella, fue una sonrisa divertida que se traducía fácilmente en “Arréglatelas tú solo, detective.”

Gracias Haibara…

“Nada.” Respondió Conan mirando nuevamente a sus amigos.

Los tres inmediatamente fruncieron el ceño.

“Eso no es cierto, ¡no está bien mentir, Conan-kun!” dijo Ayumi en tono de reprimenda. Casi parecía una madre sermoneando a su hijo.

Vagamente, Conan escuchó una risita por parte de Haibara. Claramente, la ex miembro de la organización estaba disfrutando con toda esta situación.

“Eso, algo te ha dicho el príncipe, ¿por qué no nos lo dices?” inquirió Mitsuhiko uniéndose a la ‘reprimenda’ de la niña con diadema.

Conan se sentía atrapado. ¿Qué podía decir?

Piensa Kudo, piensa…

“No os lo digo porqué… es una palabra que no he entendido.” Declaró finalmente el detective encogido. Les estaba mintiendo, lo sabía, pero no sabía cómo se tomarían los niños el comentario de que Haibara y él hablaban un inglés raro a ojos de Arturo y sus caballeros.

La respuesta del niño con gafas sorprendió a los otros tres miembros de los Detective Junior.

“¡¿Qué?!” exclamaron los tres de golpe.

Mitsuhiko entonces frunció el ceño y se cruzó de brazos mirando a su amigo con escepticismo. “Conan-kun, no creo eso. ¿Tú no sabiendo algo?”

El comentario, así como el tono que usó el chico pecoso hicieron que Conan entrecerrara los ojos. Realmente era más inteligente que la mayoría, y su mente inquisitiva siempre le había instado a buscar más y más conocimiento. Pero si bien eso era verdad, el detective encogido estaba lejos de poseer todo el conocimiento del mundo.

“Por increíble que parezca, no lo sé todo chicos.” Dijo con voz ligeramente frustrada. “Incluso yo tengo cosas que aprender aún.” Admitió.

Los tres niños se miraron entre ellos y parecía que querían replicar, pero centraron toda su atención en Arturo cuando vieron que el príncipe se puso de pie.

“Niños, veo que habéis terminado vuestro desayuno. Me acaban de informar que los bandidos también han terminado de comer. Recogedlo todo y partimos.”

Conan y Haibara asintieron y procedieron a transmitir el mensaje a sus amigos. Pronto todos los utensilios del desayuno estuvieron limpios y guardados.

Arturo anunció que en esta jornada quería que Conan cabalgara con él, lo que hizo que la ansiedad y la incertidumbre se asentaran en el corazón del adolescente encogido. Al detective no le costó trabajo suponer que el príncipe quería indagar más acerca de él y Haibara en lo que concernía a que parecían niños fuera de lo común. Al menos, si se basaba en lo que escuchó anoche del hombre rubio mientras hablaba con su sirviente.

Había otro factor que tenía a Conan extremadamente curioso, y era el tema de la magia, y la seguridad con la que afirmaban que había gente capaz de usarla. Incluso nombraron a gente que parecía ser capaz de teletransportarse… usando magia. Pero… ¡la magia no existe! Seguro que las personas de las que hablaban habían usado algún truco. Y sin embargo… ambos adultos parecían tan convencidos… el adolescente encogido mentiría si dijera que no sentía curiosidad por saber más. Quizás… viajar con el príncipe era la oportunidad de descubrir algo nuevo.

Pocos minutos después, el grupo había reemprendido la marcha rumbo a Camelot. Conan intentaba parecer lo más normal posible, esperando que, si el príncipe quería hablar de algo, él diera el primer paso.

“Escucha Conan, me preguntaba… ¿dónde has aprendido palabras como deducir o cautiverio y a hacer razonamientos como el de antes o ayer cuando nos conocimos?”

Conan suspiró internamente. Debería haber imaginado que una de las primeras cosas que haría el príncipe, sería abordar el tema de su inteligencia “fuera de lo común”. El detective encogido ya se había preparado para esta situación y para ofrecerle a Arturo una respuesta que no distaba mucho de la realidad.

“Supongo que la explicación es simple,” comenzó el falso niño con un encogimiento de hombros, “vivo con un detective y su hija adolescente. Intento aprender todo lo que pueda del detective Mouri, ya que ¡él sabe mucho!” trató de enfatizar la última parte, haciendo que pareciera que sentía gran admiración por Kogoro y que esa admiración le llevaba a actuar del modo en el que lo hacía.

Los ojos de Arturo se abrieron con sorpresa. ¿Este niño vivía con extraños? Sus manos apretaron las riendas de su caballo y sintió que su cuerpo se ponía rígido, tal vez no debería haber preguntado.

“¿No vives con tus padres?” la voz del hombre rubio era una mezcla de sorpresa y preocupación por lo que la declaración del niño con gafas podría implicar. “¿Acaso tú también eres huérfano como tu amiga Ai?”

El falso niño negó con la cabeza, tratando de mirar al príncipe a los ojos en un intento de tranquilizarle. “No soy huérfano, sire. Pero mis padres están de viaje, y como no podían llevarme con ellos, me dejaron con unos amigos.” Explicó Conan. Luego volvió a mirar al frente. “Vivo allí desde entonces.”

La voz tranquila y alegre del niño tranquilizaron la mente de Arturo. El príncipe soltó el aliento que no sabía que había estado conteniendo.

“Ya veo… así que ese… detective Mouri es alguien a quien admiras e intentas imitar, ¿no es así?”

Nada más lejos de la verdad, pensó el detective encogido, pero naturalmente no podía decirle eso a Arturo.

“¡Exacto!” exclamó con todo el entusiasmo que pudo poner en su voz. Realmente, ser el hijo de una actriz famosa le estaba ayudando en estos momentos.

Hubo unos momentos de silencio entre el príncipe y el niño con gafas.

“¿Cómo es el lugar del que venís?” preguntó el caballero rubio de repente.

La pregunta tomó a Conan por sorpresa. “¿Eh?”

Arturo se aclaró la garganta. “Me resulta curioso un lugar en el que unos niños tienen aparatos tan sofisticados como los vuestros. Me gustaría saber más de vuestra tierra.”

Le lanzó a Conan una mirada que decía que no se atreviera a negarle una respuesta. El chico con gafas lo pensó durante unos segundos y luego sonrió con picardía.

“Está bien, ¿puedo hacer un trato con vos, sire?” preguntó sin dejar de sonreír.

Arturo estaría mintiendo si dijera que no le sorprendió la osadía de ese chico, casi le recordaba a su insolente sirviente, aunque este chico era mucho más respetuoso que Merlin.

“¿Un trato?” la curiosidad e incertidumbre brotaron en Arturo. ¿qué clase de trato iba a proponerle el niño?

Conan asintió, la sonrisa todavía adornaba su rostro. “Sí, yo os cuento sobre el sitio del que venimos si vos me habláis sobre la magia.”

El shock invadió al hombre rubio. ¿Este pequeño quería saber sobre magia? ¿Acaso estaba pensando en comenzar a practicarla? Si ese era el caso, era el deber de Arturo disuadirle de lo contrario. ¡La magia era peligrosa!

“¿Magia? ¿Te interesa la magia?” preguntó con sospecha.

Conan advirtió rápidamente el cambio de actitud en el caballero rubio, se estaba poniendo a la defensiva, procurando estar listo para atacar si el niño se posicionaba a favor de la magia.

Puedes estar tranquilo, mi interés es pura curiosidad. Creo firmemente que los sucesos llamados mágicos tienen una explicación científica. Pensó Conan, aunque claro, el príncipe no sabía lo que pasaba por su mente, así que el falso niño tenía que tranquilizar a Arturo. “No exactamente, pero ayer dijisteis que reconocíais la magia cuando la veíais, me gustaría aprender a reconocerla a mí también para saber cuándo algo que pasa es un… suceso mágico.”

Una vez más el príncipe se tranquilizó ante las palabras de Conan. Realmente le alegraba que el chico no quisiera iniciarse en las prácticas mágicas, era lo mejor.

“Está bien, trato hecho.” Concedió finalmente el caballero rubio.

Conan asintió y así procedió a explicarle al príncipe de Camelot, sin entrar en demasiados detalles, que vivían en un lugar llamado Beika. Conan consideró innecesario decirle al caballero que era un barrio de la ciudad de Tokio. También le contó que los niños allí van a la escuela, donde se les enseña conocimientos básicos de distintas materias, a leer y a escribir… el falso niño puntualizó que la magia obviamente no era una de las materias que se imparten. Le explicó también que los niños se conocieron en la escuela, que ya iban a casa del profesor Agasa antes de que Haibara comenzara a vivir con él. También le explicó sin entrar en mucho detalle en qué consistía el trabajo de Kogoro, puntualizando que el detective siempre buscaba pruebas irrefutables que llevaran al culpable ante la justicia.

Arturo escuchó interesado la historia del niño. Cuando el pequeño habló del trabajo que hacía un detective, no pudo evitar pensar en Aredian(1), ya que lo que el niño contaba se parecía bastante a lo que hizo el cazador de brujas cuando estuvo en Camelot. Aunque Conan le dejó muy claro que lo que el hombre del que hablaba Conan investigaba crímenes como asesinatos, robos, secuestros… era distinto a buscar un hechicero. Y el niño también habló de cómo en más de una ocasión había ayudado al detective, dándose cuenta de algún detalle que acababa ayudando a resolver el misterio, como lo había llamado Conan, y a desenmascarar al culpable quien solía admitir su culpabilidad tras la explicación, er… deducción del detective.

A diferencia de Aredian, este detective Mouri, no parecía usar la tortura para llevar a sus sospechosos a confesar, razonaba cómo había sucedido todo, presentaba pruebas y no dejaba más opción al culpable que admitir su crimen.

Otro asunto del que habló el niño llamó especialmente la atención del príncipe de Camelot. La idea de la escuela le pareció curiosa e interesante, pensó en las probabilidades que tendría su gente si pudieran acudir a un lugar así y aprender diferentes ramas de conocimiento.

Cuando Conan concluyó su historia, el príncipe lo tomó como su turno para narrar todo lo que sabía sobre la magia. Le explicó al chico cómo su padre luchó hace veinte años para erradicar ese mal y cómo la lucha seguía hoy en día descubriendo amenazas mágicas y acabando con ellas antes de que pudieran dañar Camelot. Arturo le narró sus aventuras pasadas contra hechiceros, como Nimueh(2), o su actual lucha contra Morgause(3), sus batallas contra criaturas mágicas, como el troll(4), el grifo(5), los Wilddeore(6), un Bastet(7), entre otros.

Le habló de su lucha contra el Gran Dragón(8) que se cobró tantas vidas en sus ataques y al que, aún sin saber muy bien cómo, dio muerte, según le había dicho Merlin. Otro detalle que el caballero rubio le contó al chico con gafas fue que cuando los hechiceros hacen un conjuro, sus ojos brillan con color dorado, por lo que pueden ser detectados por eso. Naturalmente, también le habló del pueblo de los druidas, gente pacífica, muy reservada, pero que también practicaban la magia. Arturo no tenía nada contra los druidas, de hecho, aún recordaba a Mordred, a quien ayudó a escapar de Camelot en contra de las órdenes de su padre(9).

A medida que el hombre rubio hablaba, el niño parecía sorprendido por todo lo que explicaba el príncipe, como si le costara trabajo creer lo que le acababan de contar. Miraba al príncipe con una expresión aturdida, como si el príncipe fuera un completo extraño en estos momentos. Parecía que Conan nunca había tenido experiencias con la magia, si su reacción era algo a tener en cuenta. Arturo, viendo la reacción del niño, entendió que no debía haber nadie que practicara la magia ni criaturas mágicas en la tierra de la que provenían estos niños.

Es mejor así, pensó Arturo.

Y así, hablando y hablando de experiencias pasadas, llegó el mediodía, con lo que el grupo se detuvo para preparar la comida. Mientras cocinaban, Conan transmitió a sus amigos todo lo que el príncipe le había explicado acerca de la magia. Los otros niños parecían escépticos, pero la cantidad de detalles que Conan les transmitió, así como la seriedad con la que el falso niño habló, hizo que los demás comenzaran a creer que su amigo les decía la verdad.

Siendo honesto, a Conan también le costó asimilar que todo lo que decía el príncipe era cierto, pero las descripciones que hizo de cada criatura, las consecuencias que trajo para el reino cuando mató a un unicornio(10), el hecho de que le animara a preguntar a otra gente en Camelot acerca de estos acontecimientos, le hicieron darse cuenta de que nada de esto era… mentira. En este lugar había ¡gente con magia, y criaturas mágicas!

Arturo por otra parte, mientras los niños hablaban entre ellos, se acercó a su sirviente, que estaba añadiendo leña a la hoguera que habían encendido para preparar la comida.

“Merlin.”

El hombre de cabello negro se giró rápidamente al escuchar la llamada del príncipe. Su rostro adquirió una expresión confundida el ver el modo en el que le miraba Arturo. “¿Sire?” el joven se levantó de su posición en cuclillas y se acercó un poco más al hombre rubio.

Arturo se aclaró la garganta, miró brevemente a los Detectives Junior y luego nuevamente a su sirviente. “Verás Merlin, creo haber descubierto por qué esos dos niños, Conan y Ai actúan de un modo tan maduro.”

Los ojos del hechicero secreto se abrieron abruptamente al escuchar esas palabras. “¿En serio?” frunció el ceño mirando al hombre rubio con escepticismo, mientras se cruzaba de brazos. “Y… ¿a qué creéis que se debe?”

Arturo puso los ojos en blanco ante el tono de Merlin, casi parecía que el hombre de cabello negro no creía que él pudiera descubrir las cosas por sí mismo, lo cual era falso, y ahora se lo demostraría a su incrédulo sirviente. “Ambos han pasado por experiencias duras a pesar de su corta edad, lo que les ha hecho madurar antes de tiempo.”

Merlin dio un breve asentimiento. Sabía de la historia trágica de Ai, siendo huérfana, su hermana mayor también muriendo no hace mucho… lo que dejó a la pequeña completamente sola. Pero… ¿cómo podía Arturo estar tan seguro de haber descubierto el motivo por el que Conan actuaba también de un modo tan adulto?

“Entiendo que en el caso de la niña lo decís porqué ella es huérfana, pero ¿qué hay de Conan?”

Arturo asintió brevemente, al menos Merlin había usado un poco su cerebro como para darse cuenta de algo él solo. El príncipe solo tendría que agregar la información de la que su sirviente carecía.

“Él vive con un hombre, que no es su padre, cuyo trabajo consiste en investigar asesinatos, robos, secuestros y otros crímenes.”

Los ojos del hechicero secreto se abrieron como platos ante las palabras de Arturo. Eso… no podía ser cierto, si ese niño estuviese en contacto con ese tipo de sucesos, lo más probable es que estuviera traumatizado.

“Estáis bromeando, ¿verdad, sire?”

El hombre rubio negó con la cabeza, para consternación del sirviente. “No, Merlin. Ese chico ha visto mucha más muerte de la que le nadie tendría que ver, y menos alguien de su edad.”

La mirada de Merlin se dirigió al chico con gafas, cuya expresión era grave mientras hablaba con sus amigos. No sabía qué les estaba diciendo, y le gustaría saberlo, pero parecía algo serio. Ese pequeño realmente presentaba un aspecto tan maduro y serio que lo hacían parecer adulto. En realidad… si ese niño había visto todo lo que Arturo decía, cabía la posibilidad que su comportamiento actual fuera una consecuencia de ello.

“Si lo que decís es cierto, con razón ese niño actúa del modo en el que lo hace.” Admitió el brujo más poderoso del mundo. “Su vida no parece haber sido fácil.”

Arturo asintió nuevamente. “Estoy de acuerdo.” Su mirada también se dirigió momentáneamente a Conan y sus amigos, antes de volver a mirar a su sirviente. “Por eso creo que mientras estén en Camelot debemos asegurarnos de que viven contentos y fuera de peligro. Hablaré también con mis hombres para que les ayuden a sentirse bienvenidos y a salvo entre nosotros.”

Merlin sonrió ampliamente “Lo entiendo Arturo, y comparto vuestra perspectiva. Yo también ayudaré en cuanto pueda.”

“Así lo espero, Merlin.” Replicó el príncipe.

Dada por finalizada la conversación, Arturo se giró y se acercó a sus caballeros mientras que Merlin reanudó su tarea de preparar el fuego para cocinar.

La comida se desarrolló tranquilamente, hablando de temas triviales, como qué hacían los caballeros en su día a día, o que hacían los niños para divertirse después de la escuela, sí Arturo les contó a sus hombres sobre la escuela. En todas estas conversaciones Conan y Ai actuaron como traductores para unos y para otros, haciendo que la comunicación entre adultos y niños fuera posible.

Al terminar de comer, lo recogieron y lo lavaron todo con presteza para poder así reemprender la marcha cuanto antes. Finalizada la tarea de limpieza, montaron nuevamente sus caballos y reanudaron la marcha, sabiendo que la próxima vez que se detuvieran, lo harían ya en Camelot.

✦ ✦ ✦

“Ya llegamos.” Anunció Arturo con voz ligeramente emocionada mientras salían de la espesura de árboles. Siempre le alegraba volver a ver los muros de su hogar aparecer ante sus ojos.

Conan que estaba cabalgando nuevamente con el príncipe, miró primero al hombre rubio y después en la dirección hacia la que él miraba. El pequeño detective no pudo evitar abrir los ojos con sorpresa ante el paisaje ante él. El castillo construido de piedra blanca se elevaba majestosamente en medio del paisaje. La vista era… impresionante. Conan había visto castillos occidentales en televisión o en fotos, pero esas imágenes palidecían ante el espectáculo que se elevaba ante él.

No muy lejos del detective encogido, se pudieron escuchar jadeos de asombro a medida que los otros niños iban saliendo del bosque y vislumbrando el castillo ellos también. Arturo, Merlin y los caballeros no pudieron evitar reírse por las reacciones de los niños. Si bien era de esperar, no lo hacía menos divertido.

No pasó mucho tiempo antes de que el grupo de jinetes y sus prisioneros estuvieran cruzando las murallas y se dirigieran hacia el patio de la ciudadela, pasando por el mercado de la ciudad baja. Los niños no pudieron evitar sentirse ligeramente cohibidos ante las miradas curiosas de los aldeanos reunidos que miraban a los recién llegados con alegría hacía Arturo y los caballeros; sorpresa hacía los niños y desprecio por los prisioneros que traían con ellos.

Murmullos y comentarios entre aldeanos comenzaron a recorrer las multitudes cada vez más numerosas. Conan le dirigió una mirada a Haibara quien también miraba en su dirección. Ella había llegado a la misma conclusión.

Los Detectives Junior iban a ser motivo de habladurías en las próximas horas y seguramente días.

Llegaron a la ciudadela y detuvieron los caballos frente a la escalera que conducía a la entrada del castillo. Arturo y sus hombres desmontaron y mientras ayudaban a los niños a bajar de los caballos, una mujer morena descendió corriendo las escaleras, directamente hacia ellos.

“¡Arturo! ¡Me alegro mucho de veros!” saludó la mujer recién llegada con una amplia y alegre sonrisa.

Los niños miraron a la joven de piel oscura con asombro. Haibara en especial frunció ligeramente el ceño ante la actitud de la joven, no porqué le pareciera que estaba haciendo algo malo, sino más bien, porqué actuaba como… una joven enamorada que viene a saludar a su ser amado. Miró entonces al hombre rubio y sus ojos se abrieron con sorpresa al ver la radiante expresión del príncipe ante la llegada de la mujer morena.

“¡Gwenivere!” saludo Arturo con entusiasmo.

No puede ser…

La sorpresa se apoderó de Conan y Haibara. Gwenivere… era el nombre de la reina que estaba casada con el rey Arturo, según las leyendas artúricas. Pero… esta mujer, parecía ser una sirvienta, no alguien noble.

“¿Habéis tenido éxito en vuestra misión, milord?” preguntó Gwen, quien era completamente ajena a la sorpresa de los dos falsos niños.

“Así es, Gwenivere, pudimos acabar con los bandidos que amenazaban la paz en las aldeas cerca de la frontera con el reino de Cenred.” Explicó el príncipe señalando a los bandidos que Leon ya estaba conduciendo hacia los calabozos.

La mujer morena parecía visiblemente aliviada de que gente como esos bandidos hubieran sido detenidos y se evitara así que hicieran daño a gente inocente. “Me alegra escucharlo.” Admitió con una sonrisa, que Arturo consideró encantadora. Le llenaba el corazón de júbilo el ver feliz a Gwenivere.

Ayumi, Genta y Mitsuhiko se acercaron a Conan y Ai, quienes miraban con atención al príncipe y la sirvienta. Al ver el interés con el que seguían la conversación enseguida les preguntaron al respecto, pero los dos adolescentes encogidos les hicieron callar de inmediato, alegando que se lo explicarían todo más tarde.

Sus voces captaron la atención de Gwen, quien por primera vez prestó atención a los cinco niños. La sorpresa llenó de inmediato sus facciones, así que, volviéndose hacia Arturo, le hizo la pregunta que el príncipe sabía que tarde o temprano llegaría.

“Y estos niños, ¿quiénes son?”

Arturo dio un paso más cerca hacia los niños y luego volvió a mirar a la joven.

“Esos bandidos los tenían prisioneros.” Solo esas palabras hicieron que la cara de Gwenivere adoptara una expresión horrorizada, y miró a los niños con lástima. Arturo se aclaró la garganta, para llamar nuevamente la atención de la sirvienta. “No recuerdan de dónde vienen ya que han estado mucho tiempo con ellos.” Luego el príncipe puso su mano sobre la cabeza de Genta ya que, siendo el chico más alto, no tenía que agacharse para hacerlo. “Llegué a la conclusión que lo mejor para ellos, era traerlos a Camelot, e intentar llevarlos de vuelta a su hogar desde aquí.”

La sonrisa regresó nuevamente a los labios de Gwen. “Bien pensado, sire.”

Arturo sonrió de nuevo. Para él, cada vez que Gwenivere sonreía, era como estar viendo a un ángel. Por desgracia, no podía perder más tiempo, tenía deberes que atender, así como su holgazán sirviente. Negando rápidamente con la cabeza, el príncipe se dirigió nuevamente a la mujer de piel morena.

“Eso me recuerda… ¿puedes acompañar a Merlin y llevar a los pequeños con Gaius? Quiero que los examine y se asegure que están bien.”

Gwen asintió con entusiasmo. “Lo haré con mucho gusto, Arturo.”

Justo en ese momento, apareció Merlin deteniéndose al lado del príncipe.

“Ah Merlin, por fin.” El caballero rubio se volvió a su sirviente. “Bien, como he dicho antes, acompaña a los niños a Gaius, y en cuando él los haya examinado, quiero que ordenes mi habitación, limpies mi ropa sucia, pulas mi armadura, afiles mi espada y limpies mis establos.”

Conan y Haibara estaban atónitos por la lista de tareas que el príncipe acababa de darle al joven de cabello oscuro. Aunque… por la expresión de Merlin, eso parecía ser algo habitual.

“Claro, milord. ¿Algo más?” preguntó el joven brujo en un tono sarcástico.

“Por ahora, eso es todo. Si se me ocurre algo más, te lo haré saber.” Respondió Arturo con una sonrisa.

Merlin puso los ojos en blanco. “No me cabe duda.”

“Date prisa en cumplir con tus obligaciones, Merlin. Yo voy a informar a mi padre de todo.”

Tras estas palabras, Arturo subió las escaleras y se encaminó con presteza a la sala del trono donde esperaba encontrar al rey.

Merlin vio al imbécil desaparecer. Cuando estuvo fuera de su vista, negó con la cabeza y se cruzó de brazos.

“Clotpole…”

Conan se sorprendió ante lo que acababa de decir el sirviente, esa palabra… nunca la había escuchado. Antes de que el detective pudiera darse cuenta, su boca estaba formulando la pregunta que tenía en mente. “¿Qué significa Clotpole?”

El joven brujo se sorprendió momentáneamente ante la voz inesperada. Miró al chico con gafas que le miraba con curiosidad. El joven de cabello negro se encogió de hombros.

“¿En dos palabras? Príncipe Arturo.” Respondió Merlin con una sonrisa traviesa, lo que hizo que Conan y Ai soltaran una breve carcajada. Gwen también sonrió con diversión. El joven de cabello oscuro se aclaró entonces la garganta. “Bien niños, seguidme, os llevaré con Gaius.”

Conan y Ai asintieron. El niño con gafas miró a sus tres amigos.

“Vamos.”

Los otros tres asintieron y comenzaron a caminar detrás de Conan. Ai fue la última en moverse de los niños, cerrando así el grupo de pequeños y dejando atrás a una desconcertada Gwen que no había entendido lo que Conan había dicho.

El grupo dirigido por Merlin y con Gwenivere a la retaguardia recorrieron los pasillos rumbo a las cámaras del médico de la corte. Al llegar, el joven abrió la puerta saludando al mismo tiempo a su mentor.

“¡Gaius!”

El anciano medico levantó la vista del libro que estaba leyendo tan pronto como el saludo llegó a sus oídos. Una sonrisa paternal apareció en su rostro.

Inmediatamente se levantó para saludar apropiadamente a su pupilo. “¡Merlin! Muchacho, me alegra que ya hayáis vuelto, ¿ha ido todo bien?”

Los niños entraron silenciosamente junto con Gwen, no querían estropear el momento entre Gaius y Merlin.

“Sí Gaius, todo ha ido bien, escucha, traigo estos niños conmigo,” señaló con la cabeza a los pequeños, “los bandidos contra los que luchamos les tenían prisioneros. Arturo creyó que lo mejor era traerlos aquí a Camelot, y quería que les examinaras.”

Gaius miró a los cinco niños que ahora sonreían nerviosamente. El anciano volvió mirar a su pupilo. “Está bien, enseguida lo hago.”

El hechicero secreto sonrió ampliamente, mientras Gaius examinaba a los niños, él podría… probar un hechizo que tenía en mente, uno que le permitiera entender qué decían los niños cuando hablaban en su idioma.

“Perfecto, yo mientras guardaré mis cosas,” comenzó a caminar hacia su habitación a grandes zancadas. “Arturo ya me ha dado una de sus ridículas listas de tareas.”

El joven estaba a punto de llegar a los escalones cuando la voz de Gaius le hizo detenerse en seco. “Veo que se te olvida, Merlin, que me prometiste limpiar el tanque de sanguijuelas cuando regresaras.”

Esperaba que no te acordaras…

Merlin se giró para encarar al médico de la corte con una tímida sonrisa. “No lo he olvidado, Gaius, lo haré… tan pronto como me sea posible.”

Sin esperar respuesta del anciano, el joven subió los escalones, y entró en su habitación cerrando la puerta tras él.

Gaius exhaló un suspiró cansado. Este chico no tenía remedio. En fin, era el momento de ponerse manos a la obra. El anciano médico se acercó a los niños con lo que esperaba fuera una sonrisa tranquilizadora. Si estos niños habían sido prisioneros de bandidos, podrían haber sufrido experiencias traumáticas, era imperativo hacerles saber que estaban a salvo y que no les haría daño. Tal vez eso explicaba la presencia de Gwen, ya que la amable sirvienta podría ayudar a calmar a estos niños en caso de que sufrieran algún… ataque de pánico.

“Bien niños, me han pedido que os examine para asegurarme que estáis sanos. ¿Quién quiere ser el primero?”

Lo que sucedió entonces, fue algo que el anciano no esperaba. Dos de los niños asintieron mientras que los otros tres parecían confundidos. Inmediatamente después, el barón que había asentido procedió a hablar con los tres pequeños de aspecto confundido en el idioma más extraño que Gaius había escuchado nunca, más extraño que la lengua de la Antigua Religión.

La puerta de la habitación de Merlin se abrió de repente, y el pupilo del médico asomó la cabeza mostrando su característica sonrisa.

“Oh, creo que olvidé mencionarlo, estos niños vienen de tierras en las que se habla otra lengua. Desconocen nuestro idioma, solo Conan, el chico con gafas; y Ai, la niña de cabello castaño, lo han aprendido.”

Gaius arqueó su ceja. Esa era… una información que Merlin podría haber compartido antes…

“No se preocupe señor.” Dijo entonces una voz alegre. El anciano se giró y miró hacia el origen de esa voz, allí encontró a un niño que llevaba gafas negras y le miraba con una gran sonrisa. “Como ha dicho Merlin, Haibara y yo conocemos esta lengua, podemos hacer de traductores entre nuestros amigos y usted.”

Los ojos de Gaius se abrieron con sorpresa. Este niño parecía singularmente confiado y emanaba una tranquilidad insólita para un niño de esa edad. La otra chica que según Merlin también era capaz de comunicarse con ellos tenía los brazos cruzados y los ojos cerrados, pero en su rostro, también había una sonrisa de complicidad, como si secundara lo que su amigo acababa de decir.

El médico de la corte se encogió de hombros, si Merlin esparcía esa información tan abiertamente, incluso enfrente de Gwen, eso quería decir que Arturo probablemente lo sabía. Gaius instó a los niños a iniciar su examen uno a uno.

✦ ✦ ✦

Merlin sacó su libro de hechizos de su escondite debajo de su cama y rápidamente comenzó a ojearlo en busca del hechizo apropiado. Desde que conoció a esos niños el día anterior, tenía la impresión de que le ocultaban algo. Intentaban disimularlo, ciertamente, pero aún así, el hechicero secreto les había atrapado observándole de reojo.

Esos niños sabían más de lo que decían saber, y Merlin tenía la esperanza de que a lo mejor lo hablarían entre ellos, en su idioma. Por lo que, si Merlin encontraba ese hechizo, podría entender lo que decían y tal vez descubrir su secreto o… secretos.

¡Ajá! Este servirá. Pensó el sirviente de pelo negro al encontrar finalmente lo que había estado buscando. Memorizó el hechizo, afortunadamente no era largo.

Luego se acercó a la puerta y la entreabrió, los niños aparecieron ante su vista. Gaius estaba examinando al más alto de ellos, Genta. Gwen estaba cerca del médico por si este último necesitaba ayuda. Los demás niños estaban hablando entre ellos, Conan parecía preocupado por algo, o al menos eso era lo que parecía mostrar su expresión.

Era el momento perfecto para probar su hechizo.

Merlin pronunció las palabras y sintió el calor familiar de su magia acudiendo en respuesta. Cuando finalizó el encantamiento, escuchó con atención a los niños.

“¿Por qué no quieres que te examine el médico Conan-kun?” preguntó Ayumi con voz ligeramente preocupada.

¡Funcionó!

El niño con gafas exhaló un suspiro mirando a la niña con diadema con una mezcla de frustración y preocupación. “Porqué, si lo hace, verá la cicatriz de la herida de bala que tengo en mi abdomen.”

¿Bala? ¿qué es una bala? Se preguntó el hechicero secreto. Y otra pregunta que le venía a la mente era ¿por qué no podía permitir que Gaius viera esa cicatriz? Si estaba cicatrizado, quería decir que la herida estaba curada, no debería suponer ningún problema que el médico de la corte viera esa herida.

“¿Pasa algo si la ve?” preguntó entonces el chico con pecas. Era como si Mitsuhiko le hubiese leído la mente al sirviente de cabello negro.

Conan se volvió hacia su amigo más alto, parecía frustrado ante la incapacidad de sus amigos para entender lo que fuera que él veía tan claramente. “Por supuesto que sí Mitsuhiko.” Espetó secamente. “Esta herida fue hecha por un arma de fuego, un arma que no existe en esta época, y fue curada con procedimientos médicos de nuestro tiempo.”

¿Época? ¿Nuestro tiempo? Cuanto más escuchaba, menos entendía Merlin. Estos niños hablaban como si no vivieran en el presente, como si estuvieran convencidos de ser de… otra época, según sus palabras.

El joven se acercó más a la puerta, tratando de no perderse ni una palabra de lo que decían los niños.

“No entiendo cuál es el problema, Conan-kun,” dijo nuevamente la niña con diadema. “Puedes decir que es un rasguño o algo así.”

Esta vez no fue el chico con gafas el que respondió, sino que quien habló, fue Ai.

“No es tan sencillo Yoshida-san, si la cicatriz estuviera en otra parte de su cuerpo, como los brazos o las piernas, podría funcionar. Pero dada su localización, una herida como esta en este período histórico era incurable, de hecho, Edogawa-kun estuvo cerca de morir, en nuestra época.”

La niña de cabello castaño claro hizo una breve pausa, como si contemplara el mejor modo de decir sus siguientes palabras.

Mientras guardaba silencio, Merlin sentía que su cabeza iba a explotar. Esa niña había dado mucha información en muy poco tiempo, y al joven brujo le estaba costando trabajo procesar todo lo que se acababa de decir. Según podía entender, Conan tenía la cicatriz de una herida que se consideraba incurable, entendía que Conan… ¿estuvo a punto de morir? Pero eso no se lo dijo a Arturo…

Las siguientes palabras de Ai, confundieron aún más, si es que eso era posible al hechicero secreto.

“Estamos en el siglo VI, si no me equivoco, no en el nuestro, el siglo XXI. En este siglo, a ojos de todos, Edogawa-kun debería haber muerto, y si ese médico ve esa herida, tendrá preguntas que no podremos responder.”

¿Siglo XXI? ¡Esta niña está insinuando que hay como 15 siglos de diferencia entre ellos y nosotros! A Merlin esta afirmación le parecía una locura, sin embargo, observó la seriedad en el rostro de los niños, y lo más alarmante aún, el asentimiento del niño con gafas a las palabras de su amiga, dando su aprobación a todo lo que ella acababa de decir.

“Exactamente, no podremos responder a esas preguntas sin confesar que no solo venimos de otro país, sino también del futuro.”

✦ ✦ ✦

¿Qu-? ¡¿Vienen del futuro?!

(1) Merlin temporada 2 episodio 7- El cazador de brujas

(2) Merlin - Antagonista de la temporada 1

(3) Merlin - 1ª aparición temporada 2, pero principalmente temporada 3

(4) Merlin temporada 2 episodios 5-6- La bella y la bestia

(5) Merlin temporada 1 episodio 5 - Lancelot

(6) Merlin temporada 2 episodio 4 - Lancelot y Gwenivere

(7) Merlin temporada 1 episodio 13 - La muerte de Arturo

(8) Merlin temporada 2 episodio 13 - El último señor de los dragones

(9) Merlin temporada 1 episodio 8 - El principio del fin

(10) Merlin temporada 1 episodio 11 - El laberinto de Gedref


Cap. 8

Capítulo 8

5.366 palabras

"Habla en japones"

Pensamientos en japonés

"Habla en ingles"

Pensamientos en ingles

✦ ✦ ✦

Morgana estaba leyendo la carta que su hermana le había pasado durante un breve encuentro en el mercado después del almuerzo. Morgause había usado un hechizo de envejecimiento para acercarse a la mujer de cabello negro y pasarle la pequeña misiva sin ser detectada. ¡Cómo admiraba Morgana la inteligencia de su hermana!

“Oh, Morgause, como me encantaría que estuvieras a mi lado y no tener que soportar yo sola la tortura de vivir entre gente que odio.”

Morgana había estado exultante de alegría al recibir la nota de la mujer rubia. Por desgracia, hasta ahora Gwen no se había separado de su lado, por lo que no había podido leerla antes.

Su hermana le explicaba que aún estaba aliada con Cenred y que estaban buscando un plan para acabar con Uther, el hombre que había renegado de ella y era incapaz de reconocerla como su hija, y acabar también con Arturo, su medio hermano, para que así ella tomara el lugar que le correspondía en el trono y liberara de la tiranía a los de su especie.

A decir verdad, antes de descubrir su verdadera herencia(1), a Morgana no le habría importado que Arturo ascendiera al trono. En aquél entonces, le consideraba un buen hombre.

Pero desde que la verdad fue descubierta, Morgana no podía imaginar a su… hermanastro ocupando el trono, él era igual a su padre. Si Arturo fuese coronado rey, todo el que tuviera magia seguiría viéndose forzado a vivir ocultando sus dones. Con Arturo las cosas no cambiarían, la magia seguiría prohibida.

¡Solo ella podía lograr que la magia fuera libre! Una vez que acabara con ese tirano hipócrita de Uther y con Arturo.

“Y cuando sea reina, contigo a mi lado, hermana, nuestra gente no sufrirá nunca más la tiranía de gente como Uther o Arturo.”

La pupila del rey alzó la vista de la carta y centró su atención en la ventana cuando escuchó murmullos crecientes en el exterior. Eso solo podía significar una cosa.

Arturo y sus caballeros habían regresado de su última aventura.

Más por costumbre que por otro motivo, Morgana se dirigió a la ventana para observar la llegada de los caballeros de Camelot. Una expresión de odio se reflejó en sus facciones cuando vio aparecer a Arturo por el patio adoquinado. Sin embargo, su rabia pronto se convirtió en sorpresa al darse cuenta de que el primer caballero de Camelot no cabalgaba solo.

Sentado delante del hombre rubio había una pequeña figura de cabello corto y negro.

¡Un niño!

¿Qué hacía Arturo cabalgando con un niño? Morgana miró al resto de jinetes y vio que algunos de ellos también iban acompañados con niños, pudo contar un total de cinco incluido el que iba con Arturo. La mujer estaba intrigada ahora. ¿Quiénes eran estos niños? ¿De dónde venían? ¿Por qué Arturo los había traído a Camelot?

Vagamente, la aprendiz de bruja se percató de la presencia de hombres atados y forzados a caminar detrás de los caballos. Morgana vio a Arturo descender del caballo y acto seguido ayudar al niño a bajar. Entonces, Gwen apareció bajando las escaleras para saludar a los recién llegados.

Ese era otro asunto que mantenía la mente de Morgana ocupada. Era dolorosamente obvio que Gwenivere sentía algo por Arturo, y lo que era peor, el caballero rubio parecía corresponder a esos sentimientos.

Tal vez debería hablarlo con Morgause. Esta situación podría sernos útil en el futuro. Pensó la mujer de piel pálida mientras sonreía maliciosamente.

Tras un breve intercambio de palabras entre el príncipe y la sirvienta, Morgana vio a Arturo decirle algo a Merlin antes de entrar apresuradamente al castillo, presumiblemente para informar a Uther de cualquier gesta heroica que hubiera llevado a cabo. Momentos después, vio al sirviente traidor invitar a los niños a que le siguieran, acompañados también por Gwen.

Es decir, su hermanastro no solo los había traído a Camelot, sino que además ¡parecía que iban a residir en el castillo!

La mujer de cabello negro se apartó de la ventana. No descubriría nada con solo mirar, tendría que… escuchar, y un buen punto de partido, por muy desagradable que fuera, era escuchar a Arturo hablando con el rey. Era casi seguro que el príncipe explicaría la presencia de esos niños a su padre, y Morgana se aseguraría de estar cerca para poder saciar su curiosidad con respecto a ellos.

Con pasos delicados, se encaminó hacia la puerta y después por los pasillos hacia una sala contigua a la sala del trono, donde sabía que Arturo y Uther se reunirían. Desde allí podría escuchar sin ser vista.

✦ ✦ ✦

Merlin estaba atónito. Lo que acababa de escuchar… no podía ser cierto… ¿verdad? No podía ser que esos niños vinieran del futuro, ¡era imposible! Sin embargo… eso podría explicar los impresionantes inventos que llevaban consigo.

Si, como afirmaban, venían de varios siglos en el futuro, la tecnología y la ciencia podrían haber avanzado mucho.

Aun así… ¿puede haber avanzado tanto como para hacer posibles los viajes en el tiempo?

Por otro lado… no parecían en absoluto familiarizados con la magia. Por lo poco que Merlin había aprendido de Arturo, Conan era completamente ignorante al uso de la magia y a la existencia de criaturas mágicas. Si realmente esos chicos venían del futuro, ¿quería eso decir que la gente ya no practicaba magia en su época? ¿O solo pasaba en el lugar del que provenían esos niños? ¿Falló Merlin en cumplir su destino? A decir verdad, dudaba que esta última pregunta tuviera una respuesta afirmativa, pues estos niños parecían saber quién era Arturo, le miraban con admiración, como si estuvieran ante una leyenda.

Y… si ahondaba aún más en ese pensamiento, eso podría explicar por qué parecían conocerle a él también.

Podría ser que Merlin logrará hacer que la magia fuera libre en el futuro, lo que le llevaría a ya no tener que esconderse y revelarse ante el mundo tal y como era, ganándose así un lugar en la historia.

Deja de imaginar cómo podría ser el futuro, céntrate en el presente. Merlin siguió su propio consejo y volvió a centrar su atención en los cinco niños. Gaius había acabado de examinar a Genta y ahora estaba con Ayumi. Gwen estaba al lado del médico en caso de que Gaius necesitara ayuda. En realidad, la sirvienta morena estaba intentando comunicarse con la chica con diadema, pero dado que hablaban idiomas distintos, la pequeña necesitaba la ayuda de Ai, quien estaba a su lado para traducir lo que unos y otros decían.

Los otros niños seguían hablando entre ellos, tratando de inventar alguna excusa que evitara que Conan pasara el examen del médico de la corte. Por desgracia para los niños, ninguna de sus ideas parecía ser del agrado del niño perjudicado.

“¿Y si le dices que te duele la cabeza?” sugirió Mitsuhiko de repente con una sonrisa alegre, como si esperara que el chico con gafas aprobara su propuesta. “De esa forma se centrará en eso y no en tu abdomen.”

Conan miró a su amigo con tristeza, lo que para el chico con pecas significó que su idea no saldría adelante.

“¿Y cómo justifico que de repente haya empezado a dolerme la cabeza si hasta ahora estaba bien?” preguntó el detective encogido. Luego negó con la cabeza. “Creo que eso solo llevará a que me examine aún más a fondo que antes.”

Y tiene razón, pensó Merlin tras el comentario. Sabía que, si le decían a Gaius que tenían alguna dolencia, el médico de la corte entraría de lleno en modo profesional evaluando hasta el último centímetro de su paciente y encontrar qué era lo que estaba mal.

“Dile que tienes hambre.” Expresó Genta de repente.

Los demás niños le miraron con ligera molestia, como si estuvieran acostumbrados a este tipo de comentarios por parte del niño más alto. Luego Mitsuhiko cerró los ojos exhalando un suspiro.

“Eso funcionaría en tu caso Genta-kun.” Le dijo al otro niño.

Genta miró al chico pecoso con los ojos muy abiertos. Parecía no entender por qué sus amigos rechazaban tan de inmediato su propuesta.

Se quedaron todos en silencio. Mientras, Gaius terminó con Ayumi, quien agradeció al médico. obviamente su agradecimiento tuvo que ser traducido por Ai. Gaius llamó entonces al siguiente niño. El resto de los niños se miraron entre ellos, y entonces Mitsuhiko sonrió a Conan dando un paso más cerca del galeno indicándole que él sería el siguiente en ser examinado. El médico, como había hecho con Genta y Ayumi, le pidió que se levantara la camisa en busca de señales de tortura o de castigo, como solía ser propio en víctimas de traficantes de personas.

Eso solo dejaba a Conan y Ai como los que faltaban para ser examinados por el médico.

“¿Y si dejas que te examine, Conan-kun?” preguntó Ayumi mientras ambas chicas se acercaban a Conan y Genta.

“¿Qué?” el pequeño detective parecía sorprendido por esta propuesta.

La niña con diadema ofreció su mejor sonrisa a su amigo. “Puede que vea ambas cicatrices, pero que no piense que son de la misma herida, puede que piense que son heridas separadas que se curaron hace tiempo.”

Pequeña, no conoces a Gaius…

Conan pareció considerarlo durante unos instantes, con los ojos enfocados en el suelo. “Podría ser así, o también podría darse cuenta de que ambas cicatrices pertenecen a la misma herida.” Dijo todavía mirando al suelo. Luego miró a la niña con expresión determinada. “Creo que sería mejor no correr ese riesgo.”

Una decisión acertada, Gaius se daría cuenta en seguida.

No pasó mucho tiempo antes de que Gaius anunciara que ya había acabado con Mitsuhiko. Ai se encogió de hombros y se acercó al médico de la corte. Llegados a este punto, Merlin se dio cuenta de que Conan apenas podía contener sus nervios. El brujo secreto consideró seriamente intervenir y librar al niño con gafas del examen de su mentor, pero… ¿Qué excusa podía presentar para justificar que el pequeño no fuera revisado como los demás, tal y como había ordenado Arturo?

Más pronto de lo que cualquiera de los niños habría querido, Gaius terminó con Ai. Había llegado el momento. Merlin podría asegurar que vio una gota de sudor bajando por el lado de la cara de Conan. Casi parecía que el niño había sido condenado a muerte.

“Disculpe, señor.” Preguntó una voz de repente. Todos se volvieron para ver a Haibara señalando los frascos que el médico tenía en un estante. “¿Para qué son estas pociones?” preguntó al notar que tenía la atención del médico.

Merlin abrió los ojos, ligeramente sorprendido. Hasta ahora, siempre que había escuchado hablar a esta niña, sonaba más madura de lo que correspondería a alguien de su edad, pero ahora, su voz sonaba exageradamente infantil, casi parecía que estuviera actuando.

Gaius alzó una ceja ante la repentina pregunta, pero rápidamente se recuperó de la sorpresa y le dedicó a la pequeña una alegre sonrisa.

“Oh, algunos son remedios para distintas dolencias, y otros son venenos,” respondió con calma. Luego se inclinó para acercarse más a Ai con el rostro ligeramente serio, “te aconsejo que no los toques.”

La niña ladeó ligeramente la cabeza ante la respuesta del médico de la corte. “¿Por qué tiene venenos?” volvió a preguntar con voz inocente.

¡Esto da miedo, esta pequeña hasta ahora no había hablado así! Pensó Merlin.

Pero de repente se dio cuenta. Lo que Haibara estaba haciendo, era retrasar, o tal vez impedir que Gaius examinara a Conan, y el modo que se le había ocurrido, era distrayendo al médico de su trabajo.

Ahora el brujo secreto estaba intrigado por ver cómo se desarrollaba la situación. Por un lado, sabía que Gaius difícilmente dejaba de cumplir con lo que creía firmemente que era su obligación, su deber, pero, por otro lado, también le encantaba explicar en qué consistía su trabajo, especialmente si su interlocutor mostraba interés por ello.

Sería algo divertido de ver.

“Para poder desarrollar antídotos que contrarresten sus efectos, pequeña.” Dijo Gaius respondiendo a la pregunta de Haibara.

La niña hizo un ruido de que entendía, luego se quedó pensativa unos instantes. El médico pensó que con eso la conversación había acabado, y se dio la vuelta para mirar al único niño que aún no había examinado.

“Pero…” nuevamente la voz de la niña de cabello castaño interrumpió las acciones del médico.

Merlin tuvo que contenerse para evitar reírse cuando vio la cara de consternación de su mentor. El médico volvió a girarse para enfrentar a la niña que le miraba con expresión confusa.

“Si ya tiene los antídotos, ¿por qué sigue necesitando los venenos?”

Gaius exhaló un suspiro, al fin y al cabo, esta niña solo estaba intentando satisfacer su curiosidad. No pasaba nada por responder a sus preguntas y examinar al último niño después. Aunque interiormente, el médico hubiera deseado que las preguntas tuvieran lugar después del examen, que, si era como el de los otros pequeños, mostraría que también estaba sano y que no había nada físicamente mal de lo que preocuparse.

“Porqué muchos antídotos se elaboran a partir de sus venenos respectivos.” Respondió el médico agachándose nuevamente a la altura de la pequeña. “Si no los tuviera, no podría desarrollar los antídotos.”

Merlin pudo ver como los ojos de Ai se abrieron con sorpresa. “¿Todos los remedios y antídotos los hace usted?” ahora sonaba sorprendida, aunque el hechicero no podía decir si era una sorpresa fingida o genuina.

“Sí.”

Una amplia sonrisa apareció en el rostro de Ai. “¡Qué interesante! ¡Debe ser muy inteligente!”

Gaius no pudo evitar frotarse la nuca, avergonzado. No estaba acostumbrado a que alabaran su trabajo de esta manera. “En realidad, esto es fruto de años de estudio de la ciencia y de experimentación, pequeña.”

“¡Usted me recuerda a mi abuelo!” expresó Haibara de repente sorprendiendo tanto al médico como al brujo que espiaba la conversación. Merlin incluso escuchó una ligera aspiración que, si tuviera que adivinar, podía asumir que venía de Conan.

De hecho, el brujo miró hacia donde estaban los otros niños, y vio claramente que los tres que desconocían su lengua miraban a su amiga con asombro mientras que Conan tenía lo que parecía una expresión aliviada en el rostro, aunque también había sorpresa, probablemente fruto de la actuación de su amiga.

Gwen estaba al lado de los niños y contemplaba el desarrollo de la situación con una sonrisa en su rostro. Parecía contenta de ver a Gaius interactuando con alguien tan joven.

“¿Por qué has dicho esto, pequeña?” la ceja de Gaius se había alzado nuevamente. Esta niña le resultaba desconcertante, ya que la primera impresión que tuvo de ella era que parecía una niña calmada e introvertida, pero ahora casi parecía exultante y lista para comenzar a brincar de un lado a otro de la habitación.

Con la sonrisa aún en su rostro, Haibara miró al médico directamente a los ojos. “¡A mi abuelo también le gusta la ciencia y hacer experimentos!”

Los ojos de Gaius se abrieron con sorpresa. No era usual encontrar a gente que siguiera el camino de la ciencia, tal y como él había hecho. Muchos se limitaban a vivir sus vidas y no aspiraban a hacer nada más, no tenían esa curiosidad por descubrir cosas nuevas que sí tenía Gaius. Encontrar a alguien así era… agradable.

El médico negó con la cabeza. Este no era el momento para esto. Aún tenía trabajo que hacer.

“Ya veo… sin embargo,” se volvió hacia el chico con gafas, “si pudiera terminar-”

“¿Ha leído todos estos libros?” preguntó una vez más la niña esta vez señalando la estantería en la que Gaius guardaba su, sin querer alardear, basta colección de libros.

El anciano arqueó nuevamente una ceja. Casi parecía que la niña de cabello castaño estaba intentando distraerle de su trabajo.

“La mayoría,” concedió finalmente, luego desvió la mirada de la niña al pequeño con gafas otra vez. No podía permitirse más distracciones. “Pero volviendo-”

“Y no solo ha leído muchos libros, sino que también ha escrito alguno él mismo, como ese tratado de ‘Anatomía básica’ que me hizo leer en una ocasión.” Anunció repentinamente la voz de Merlin mientras salía de su habitación. El joven de cabello negro tenía una expresión divertida en el rostro, como si supiera algo que Gaius ignoraba.

El hechicero secreto se adentró un poco más en la estancia del médico y miró brevemente a Conan guiñándole un ojo. Conan estaba genuinamente sorprendido por ese gesto. ¿A qué había venido eso? Casi parecía que Merlin sabía que Conan no quería que Gaius le examinara, y les estuviera ayudando a conseguir ese propósito. ¿Acaso sabía algo el sirviente del príncipe?

Eso es imposible, él no habla japonés, pensó Conan poniendo los ojos en blanco mentalmente. ¿Cómo podía haberle pasado esa idea por la cabeza? Sin embargo… ese gesto de guiñarle el ojo… parecía un acto de camaradería, como si realmente estuviera al corriente de su plan y estuviera aportando su granito de arena para ayudar.

El falso niño negó rápidamente con la cabeza. Era imposible que Merlin supiera que estaban intentando evitar que Gaius reconociera a Conan. En lugar de pensar en eso, el adolescente encogido decidió concentrarse en lo que el sirviente del príncipe acababa de decir, pues acababa de darle otra excusa que postergaría y tal vez incluso evitaría que el anciano médico le examinara.

“¿Ha escrito un libro?” preguntó el niño con gafas tratando de sonar lo más emocionado posible. “¿Podemos verlo?” de reojo, el detective encogido vio a Merlin sonreír triunfalmente, como si hubiera logrado cumplir su objetivo.

El médico de la corte parecía atrapado. No entendía qué estaba pasando ni por qué Merlin había decidido intervenir con ese comentario, pero ahora, con la atención de los niños puesta en su ‘obra literaria’ Gaius veía muy difícil acabar con su tarea. A pesar de ello, lo intentó. “Sí, sí, pero antes-”

“¡Por favor!” exclamó el niño mirándole con ojos tristes.

Eso dejó a Gaius derrotado. No soportaba ver tristes a los demás, especialmente cuando se trataba de niños. suspirando, el anciano caminó hacia la estantería para recoger el libro que solicitaban. En su camino, se perdió la mirada triunfal en el rostro de Conan y Ai, así como la expresión divertida de Merlin al mirar a los dos niños, y las expresiones confusas de los otros tres niños que habían entendido entre poco y nada de lo que acababa de suceder.

Gwen se había mantenido al margen durante todo el intercambio, sin saber muy bien cómo debía proceder, si ayudando a Gaius a calmar la curiosidad de los niños, o, por otro lado, defenderles, pues era natural que los niños tuvieran una sed, prácticamente insaciable, de aprender, lo cual debía ser alentado y no negado.

El médico de la corte colocó cuidadosamente el gran volumen sobre la mesa para que los niños pudieran verlo. Acercaron bancos y sillas sobre los que pudieron subirse y contemplar la ‘maravilla’ literaria de Gaius.

Haibara en especial estaba gratamente sorprendida ante la rigurosidad descriptiva del médico. Siempre le habían dicho que la Edad Media en Europa era una época oscura en la que el conocimiento apenas había avanzado. Pero aquí se encontraba con una controversia que o bien indicaba que Gaius era una excepción a la regla, o que todo lo que había escuchado sobre la época medieval era, básicamente, una mentira.

Estaban ojeando el libro cuando de repente la puerta de la habitación del médico se abrió y un soldado apareció. Todos los presentes se quedaron mirándolo desconcertados. El soldado dio un paso más adentro, centrando su atención en los Detectives Junior. “El rey ordena que los niños que vinieron con el príncipe sean llevados ante su presencia, inmediatamente.”

Conan y Haibara se miraron unos instantes antes de pasar a traducir lo que el soldado había dicho a sus amigos.

El detective encogido en realidad estaba nervioso. El príncipe desde un principio se mostró abierto y dispuesto a darle una oportunidad de conocer aquello que no entendía y que por muchos sería considerado magia. Pero por lo que había escuchado que Arturo les decía a sus caballeros referente a su padre, sumado a lo que el caballero le contó cuando le había hablado sobre la magia esa mañana, además de cómo el rey había actuado, y seguía actuando a día de hoy para erradicarla, le hizo pensar que el soberano de Camelot no sería tan transigente si supiera la manera… poco ortodoxa de cómo llegaron a estas tierras, o de los objetos que llevaban con ellos cuando llegaron.

Lo que estaba claro, era que deberían tener mucho cuidado con lo que decían frente al rey. El detective encogido decidió sugerirles a Genta, Mitsuhiko y a Ayumi que dejaran la comunicación con el rey en manos de Haibara y él, también les advirtió que tuvieran mucho cuidado cuando estuvieran en su presencia.

“-sobre todo, sed respetuosos, él es el rey después de todo, no habléis ni actuéis de manera indisciplinada. ¿entendido?”

“Hai.” Respondieron los tres niños.

Conan no pudo evitar suspirar, todavía intranquilo, temiendo que algo pudiera salir mal, y que fueran descubiertos o peor, acusados de usar magia y asesinados por ello. El adolescente encogido jamás se lo perdonaría si algo les pasara a los chicos.

Por detrás de los niños, Merlin, quien caminaba al lado de Gwen y Gaius, observaba y escuchaba atentamente todo lo que Conan hacía y decía. El niño se comportaba como si los otros pequeños, a excepción de Ai, fueran su responsabilidad. Parecía un adulto dejado a cargo de unos niños para que él los cuidara.

Esto era sin duda algo muy distinto a actuar de una forma más madura a la que correspondería a su edad. Conan parecía creer que era un adulto que debía cuidar y proteger a los otros niños. Y… aunque no lo mostraba tan abiertamente, Merlin tenía la impresión de que Ai creía lo mismo que el niño con gafas. El hechicero secreto estaba considerando decirle a Gaius lo que había descubierto de esos niños. Incluida su procedencia… completa.

La verdad, no sabía cómo se tomaría su mentor descubrir que tenían visitantes del futuro, pero dado que estos niños no parecían representar una amenaza para el reino y Gaius ya sabía parte de la verdad referente a ellos, quizás que lo supiera todo podría ofrecerle al brujo alguna idea sobre cómo proceder con todo el asunto.

Tan sumido estaba el hombre de cabello negro en sus pensamientos que no se dio cuenta de que Conan le miraba de reojo. El detective encogido se había dado cuenta de que Merlin había reaccionado ligeramente a varias cosas que el falso niño había dicho con el atisbo de una sonrisa, alzando las cejas, pareciendo incrédulo… cada una de esas reacciones había tenido lugar después de que Conan dijera algo en japonés. Y, aunque sabía que no era posible, le hizo pensar al detective que Merlin estaba entendiendo lo que decía.

El grupo dirigido por el guardia que había ido a buscarlos llegó a una puerta doble flanqueada por dos soldados que, al verlos, procedieron a abrirla. Al otro lado de la puerta, se reveló una gran sala con filas de columnas en los laterales y al fondo, ligeramente elevado había un trono en el que estaba sentado un hombre de pelo canoso con una corona sobre su cabeza.

Al lado del trono estaba Arturo que inmediatamente trató de tranquilizar a los niños con la mirada, como si les comunicara que ya había puesto a su padre al corriente y le había explicado la historia que habían pactado de antemano.

“Acercaos.”

Conan y Ai asintieron y comenzaron a caminar más cerca del monarca, lo que les dio a entender a Genta, Mitsuhiko y Ayumi que eso era lo que había ordenado Uther. Cuando estuvieron a poca distancia del rey, se detuvieron e hicieron algo que sorprendió a todos los presentes en la sala.

Los cinco al mismo tiempo se arrodillaron y sentaron sobre sus rodillas para después inclinarse hacia adelante con las palmas de las manos en el suelo cerca de su cabeza hasta que casi podían tocar el suelo con sus frentes. Uther estaba atónito por decirlo suavemente. “¿Por qué habéis hecho esto?” preguntó cuando pudo encontrar su voz.

El niño con gafas, de quien el rey había sido informado por Arturo que las llevaba siempre, a diferencia de Gaius, levantó la cabeza y se quedó sentado sobre sus rodillas mirando al monarca con expresión tranquila. “Así es como en nuestra tierra presentamos nuestros respetos a nuestro soberano, el emperador.” Dijo simplemente. No necesitaba decir que nunca antes había visto a su emperador en persona ni que el emperador carecía en la actualidad del mismo poder que había tenido en el pasado.

Los ojos del rey se abrieron con asombro. Si bien había esperado que los niños le hicieran una reverencia como lo hacían sus súbditos, no había anticipado que le mostraran respeto de esa manera tan… atípica.

“Levantaos.” Dijo Uther con voz calmada, algo que el chico con gafas hizo de inmediato y pronto los otros siguieron su ejemplo.

Arturo le había informado que esos niños fueron encontrados como prisioneros de los bandidos contra los que lucharon. Probablemente habían pasado por experiencias duras, que requerían de… tacto más que de autoridad.

Pero, por otro lado, Uther necesitaba confirmar de los propios niños todo cuanto el príncipe le había contado de ellos.

“Mi hijo me ha comunicado que de vosotros cinco, solo dos habláis nuestra lengua. Es eso cierto.”

El niño con gafas asintió. “Así es majestad.” Miró a la niña que estaba a su lado, una chica de cabello castaño claro y luego nuevamente al rey. “Solo Haib- Ai y yo hablamos esta lengua. Mis amigos, están intentando aprenderla, pero aún no la hablan.”

Uther vio que la niña ahora identificada como Ai estaba hablando con los otros tres niños en una extraña lengua, presumiblemente traduciendo lo que su amigo le estaba diciendo al rey. Eso… parecía confirmar lo que su hijo le había explicado.

No era usual que tuvieran a alguien de tierras tan lejanas que ni siquiera hablaba la misma lengua que ellos, y a menudo cuando sucedía, eran extranjeros adultos quienes, con mayor o menor dificultad, lograban comunicarse con el rey o con quien fuera necesario. Y ahora de repente, se encontraban que había cinco niños cuyo lugar de origen era desconocido y que tres de ellos no podían comunicarse con nadie sin la ayuda de los otros dos.

“Ya veo…” dijo el rey de Camelot recostándose ligeramente en su trono. Al menos esta parte estaba aclarada. Ahora necesitaba confirmar el otro asunto que Arturo le había explicado referente a estos niños, por ese motivo, se inclinó hacia adelante para mostrar que tenía mucho interés en la siguiente parte de la conversación. “El príncipe me ha dicho también que fuisteis secuestrados de vuestro hogar y llevados lejos. ¿Tenéis alguna idea de dónde venís o cuanto tiempo habéis estado con vuestros captores?”

Esta vez fue la niña quien respondió antes de que el chico con gafas pudiera siquiera abrir la boca para hacerlo. “Lamentablemente no, majestad.” Miró momentáneamente al niño, cuyo nombre el rey aún no había aprendido y luego nuevamente al Uther. “Estuvimos con ellos tanto tiempo que perdimos la noción del tiempo. Y viajábamos a menudo, incluso de noche. No sabemos en qué dirección queda nuestro hogar.”

Uther adoptó una actitud pensativa y habló más para sí mismo que para todos, aunque lo que dijo pudo ser perfectamente escuchado. “Con tan poca información será difícil ayudaros a volver a vuestra casa.”

“Somos… conscientes de eso, majestad.” Respondió el chico con gafas, luego su mirada se dirigió a Arturo. “Pero el príncipe dijo que haría todo lo posible para ayudarnos a volver a casa.”

Uther asintió en acuerdo. “Y así se hará. Hasta entonces, sois bienvenidos a quedaros entre nosotros.” Miró de reojo a su hijo que le observaba con una expresión que sólo él, tras años de experiencia, podía leer. “Os proporcionaremos un lugar para descansar y comida. Vuestras necesidades serán atendidas.”

Normalmente, el rey no habría aceptado hacer eso con nadie que no fuera noble, pero Arturo había sido muy insistente al respecto, alegando que eran niños, que era su deber como caballero procurar su bienestar mientras estuvieran en Camelot, y además… ya les había dado su palabra de procurarles alojamiento.

El niño con gafas habló momentáneamente con sus amigos y uno de ellos, un niño con pecas en el rostro le dijo algo que hizo asentir al primero antes de que centrase su atención nuevamente en el monarca. “Le agradecemos su hospitalidad, majestad, y… nos gustaría corresponder a ella ayudando en lo que podamos.”

Los ojos de Uther se abrieron con sorpresa atónita por lo que acababa de escuchar. “¿Queréis trabajar?”

La niña de cabello castaño dio un paso más cerca, su expresión calmada y serena le hizo pensar a Uther que no miraba a una niña, sino a una joven. “No queremos causar molestias, si nuestro trabajo, por pequeño que sea puede ser de ayuda, estaremos encantados de hacerlo.”

Uther se giró para mirar a su hijo que tenía una expresión sorprendida en el rostro, aunque no tanto como habría imaginado. Casi parecía que Arturo, de algún modo, había esperado que algo así pudiera pasar. ¿Tal vez sucedió algo durante su viaje de regreso a Camelot que Arturo olvidó mencionarle?

En fin, esto no era importante ahora. “Admito que no esperaba esto, pero, está bien, si es vuestro deseo,” su mirada se dirigió a Gaius, “y mi médico cree que estáis sanos como para hacerlo, estoy seguro de que encontraremos algún trabajo en el que podáis ayudar.”

Gaius se enderezó al ver que se había convertido en el centro de atención. Todos le miraban a la espera de una respuesta. A decir verdad, sabía que aún le quedaba un niño por examinar, pero a pesar de ello, podía ofrecer una respuesta, bastante sincera, a lo que el rey le estaba pidiendo.

“Por lo que he podido observar, milord, estos niños parecen estar perfectamente sanos. No veo ninguna objeción a que se les permita… ayudar. Aunque primero sugeriría que descansaran unos días para reponerse de su experiencia.”

Gaius esperaba que con esta ‘excusa’ de que descansaran, tendría la oportunidad de terminar el trabajo que le habían encomendado. La verdad, no sabía por qué, cuando iba a examinar al último niño, todo había parecido complicarse hasta el punto de no haber podido concluir con esa sencilla tarea. Sin embargo, no se había rendido. Lograría examinarle eventualmente, solo para confirmar que estaba tan sano como los otros niños.

Ahora que pensaba en ello, todos y cada uno de los niños parecían estar completamente sanos, y salvo alguna cicatriz ocasional en alguno de ellos, de bastante antigüedad, no vio ninguna herida ni nada que hiciera pensar que habían sido mantenidos cautivos por un largo periodo de tiempo. Casi parecían en el mismo estado en el que estaba Morgana cuando volvió después de su ‘secuestro’.

Las puertas del salón se abrieron de repente, cortando los pensamientos del médico de la corte, y una mujer de piel blanca, ojos verdes, cabello negro y labios rojos apareció allí. Para los niños parecía una princesa. Aunque Conan notó varias cosas con la llegada de esa mujer.

En primer lugar, nada más verla, el rostro de Arturo y sobre todo el del rey Uther se iluminó con júbilo, ambos parecían contentos de ver a la recién llegada. Y, por otro lado, Merlin y Gaius tuvieron una reacción completamente opuesta a la del rey y el príncipe. Ambos se tensaron tan pronto como sus ojos se posaron en la mujer, aunque hicieron todo lo posible para ocultarlo.

La mujer recién llegada caminó decidida pero elegantemente más cerca del trono. Uther, por su parte se puso en pie y bajó los escalones para ir al encuentro de la mujer. La tomó de las manos y miró entonces a los desconcertados Detectives Junior.

“Niños, os presento a mi pupila, Lady Morgana.”

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(1) Merlin temporada 3 episodio 5 - La cueva de cristal


Cap. 9

Capítulo 9

4.564 palabras

"Habla en japones"

Pensamientos en japonés

"Habla en ingles"

Pensamientos en ingles

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Haber vivido en el castillo desde que era una niña le había dado a Morgana un excelente conocimiento de la mayor parte de espacios que en él había. No le fue difícil encontrar un rincón desde el cual poder escuchar la conversación entre Uther y Arturo, y fue gracias a esta conversación que descubrió que el príncipe y su grupo habían luchado contra unos bandidos quienes parecían ser también esclavistas.

Sí, Morgana sabia ahora que esos niños que vio llegar con el príncipe y sus caballeros habían sido prisioneros de esos hombres por un tiempo indeterminado. Tanto tiempo habían estado los pequeños con esos bandidos que ni siquiera recordaban cómo volver a su hogar. En otro tiempo, la mujer de pelo negro se habría sentido conmovida por ese hecho, pero ahora… le era indiferente.

Supo por Arturo, además, que esos niños hablaban una lengua extranjera, y que solo dos de ellos eran capaces de comunicarse con cualquiera de los habitantes de Camelot, los que les convertía en intérpretes de unos y otros, según el príncipe ese detalle junto con lo anterior era lo que le había llevado a tomar la decisión de traerlos al castillo con ellos, alegando que su deber como caballeros les obligaba a ello. En realidad, el hombre rubio se mantuvo muy firme al respecto, dejándole claro a su padre que no iba a ceder.

“El noble de Arturo.” Se dijo Morgana para sí misma. “Lástima que no piense igual de aquellos que poseen magia.”

La mujer de pelo negro negó con la cabeza. No era el momento de dejarse llevar por su odio hacia los Pendragon, odiadores de magia. En su lugar, se concentró en los nuevos inquilinos del castillo. A decir verdad, estos pequeños despertaron la curiosidad de la aprendiz de bruja. Si habían sido prisioneros por tanto tiempo y rescatados por caballeros de brillante armadura, probablemente eso los predisponía a confiar en la gente del castillo.

Como yo.

Y, si más de la mitad de los niños no conocen su idioma, podría ser fácil manipularlos y usarlos para sus planes. Quizás una exploración de primera mano con esos niños podría arrojar más luz a la situación, así como la posibilidad de urdir nuevos planes que llevaran a la caída de Uther y Arturo y su posterior ascenso al lugar que le correspondía como reina de Camelot.

“Traed a estos niños ante mi presencia.” Ordenó Uther de repente.

Morgana sonrió. Dejaría que el tirano hablara un poco con los niños mientras ella escuchaba, ya que, por desgracia, no podía ver y después entraría ella misma para conocer a estos niños. No pasó mucho tiempo antes de que escuchara las puertas abrirse nuevamente y el conjunto de muchos pasos adentrándose en la estancia.

La mujer de cabello negro escuchó con atención, pero lo primero que llegó a sus oídos, fueron los jadeos sorprendidos de varios adultos. No tardó en descubrir que el motivo era algo que habían hecho esos niños para mostrar sus respetos al rey.

Pobres ignorantes presentándole sus respetos a un monstruo como Uther. Pensó Morgana con rabia. Si esos niños supieran cómo eran en realidad Uther y su hijo, no le habrían presentado sus respetos.

La conversación que siguió fue una repetición de lo que la aprendiz de bruja ya sabía, referente a la captura y posterior rescate de esos niños. O al menos así era hasta que escuchó que esos niños se estaban ofreciendo a trabajar, como una especie de pago por el hecho de poder hospedarse en el castillo.

Esto no me lo esperaba. Quizás sea hora de finalmente conocer a estos niños. Con este pensamiento, Morgana abandonó la sala en la que se hallaba, discretamente, por supuesto, y se encaminó al salón del trono.

Tan pronto como los guardias la vieron acercarse, abrieron las puertas del salón para permitirle la entrada. Enseguida pudo ver que todos los presentes se volvían a mirarla.

El rostro de Uther se iluminó nada más reconocerla.

Me entran nauseas solo de pensar que dice quererme, pero no dudaría en ejecutarme si supiera de mi don, pensó la mujer de pelo negro disimulando lo mejor que pudo su asco hacia el tirano rey.

Sus ojos de inmediato se dirigieron a las únicas personas que no reconoció. Cinco pares de ojos la miraban con mezclas de asombro y estupefacción. Lo cual no la sorprendió, pues era muy consciente que su belleza natural despertaba la admiración de cuantos la observaban por primera vez.

Sin embargo, no tuvo mucho tiempo de observar detenidamente a esos pequeños, pues vio que Uther se levantaba para acudir a su encuentro.

Fantástico, ahora tendría que actuar como la perfecta pupila del rey que amaba a su mentor por acogerla y cuidarla desde niña. Morgana sonrió, aunque interiormente quería gritar, cuando el rey le tomó las manos. Luego el monarca se giró hacia los cinco pequeños.

“Niños, os presento a mi pupila, Lady Morgana.”

La mujer mentiría si dijera que no se sorprendió al ver el cambio de expresión en esos niños. En lugar de la admiración con la que hasta ahora la habían observado fue reemplazado por el shock, y juraría que incluso pudo detectar miedo y confusión en su mirada.

Esto es extraño, pensó Morgana. Era casi como si supieran que era una traidora, una información que hasta la fecha solo Merlin y… casi con total seguridad Gaius conocían.

Entonces, los niños comenzaron a hablar entre ellos, y la pupila del rey experimentó de primera mano cuan extraña era en verdad la lengua que hablaban estos infantes.

Por su parte, tan pronto como los Detectives Junior escucharon el nombre de la recién llegada, sus ojos se abrieron con sorpresa y miedo, incluido Genta. Inmediatamente, todos se volvieron hacia Conan y Haibara.

“Oye Conan-kun, ¿Morgana no era una malvada bruja en la leyenda Artúrica que buscaba destruir a Arturo?” Ayumi fue la más rápida en hablar y expresar lo que todos estaban pensando.

Conan vio de reojo que Merlin abría los ojos con sorpresa. ¿Había acaso entendido la pregunta de la niña con diadema?

El detective frunció ligeramente el ceño. Esta no era la primera vez que el sirviente del príncipe había reaccionado a algo que habían dicho cuando hablaban en japonés, pero sin duda, esta había sido la más notoria. Tendría que… hablar con Haibara al respecto, y tal vez… hacer un experimento.

Sin embargo, eso podía esperar. Ahora lo primordial era responder la pregunta que Ayumi había formulado.

“Eso mismo tenía entendido yo, por eso me extraña que esté aquí.” Admitió el adolescente encogido.

Mitsuhiko se cruzó de brazos tratando de pensar en una posible explicación.

“¿Puede ser que la leyenda esté equivocada con respecto a ella?” preguntó finalmente.

Nuevamente, el niño con gafas vio a Merlin negar ligeramente con la cabeza, como si hubiera entendido a Mitsuhiko y le estuviera respondiendo. Esto hizo que el ceño fruncido de Conan se profundizara.

Trató nuevamente de ignorar su curiosidad ante la aparente repentina capacidad del hombre de cabello negro de entender el japonés y nuevamente se centró en la conversación que estaba manteniendo con sus amigos.

“No lo sé.” Respondió con sinceridad tras unos momentos de duda. “Creo que lo más conveniente por el momento, es que seamos cautelosos. ¿Entendido?”

Los otros niños, incluida Haibara asintieron ante esto.

“Niños, ¿Qué estáis diciendo?” preguntó repentinamente Uther, ligeramente molesto por el hecho de que estos niños no le habían rendido el debido honor a su pupila.

Los cinco parecían sorprendidos cuando el rey se dirigió a ellos. Entonces, el niño con gafas dio un paso al frente con una sonrisa tímida en su rostro, pero antes de que pudiera decir nada, la niña de cabello castaño claro habló primero.

“Nosotros…” parecía nerviosa, mirando entre el rey y Lady Morgana, “bueno, nuestros captores mencionaron en alguna ocasión que en Camelot había una mujer noble llamada Morgana, y que según decían era muy bella.”

Bien salvado Haibara, pensó Conan sonriendo internamente, y luego procedió a traducir lo que la niña de cabello castaño le había dicho al rey, lo que hizo que Genta, Mitsuhiko y Ayumi sonrieran y asintieran rápidamente al monarca.

“La verdad,” continuó la científica encogida, “nos ha sorprendido ver que esos hombres malos tenían razón, y estábamos… comentando entre nosotros que Lady Morgana es en verdad una mujer muy bella, majestad.”

La explicación que la niña acababa de darle pareció ser del agrado del rey, ya que su molestia anterior desapareció dando paso a la comprensión e incluso la alegría de saber que su pupila era considerada una mujer bella por esos niños.

Morgana también sonrió, aunque en su interior, algo le decía que estos niños no habían sido sinceros. Si tan solo pudiera entender lo que decían…

Tal vez, podría hablar con mi hermana. Pensó la mujer de cabello negro. Ella sabía mucho más que Morgana sobre magia, seguro que conocía algún hechizo que le permitiría entender el idioma con el que estos niños se comunicaban entre ellos.

“Bien, ahora que ya conocéis a Lady Morgana, volvamos al asunto que estábamos tratando.” Dijo el monarca encaminándose de nuevo a su trono con la mujer de pelo negro justo a su lado. Uther se sentó en su trono, y Morgana en un trono más pequeño a la derecha del del rey. El monarca de Camelot centró su atención nuevamente en los niños. “Ya que mi galeno parece considerar que estáis todos sanos, no veo inconveniente en permitir que ayudéis en las tareas del castillo. Después de que descanséis como os ha recomendado.”

Conan y Haibara hicieron una ligera reverencia, lo que instó a Genta, Mitsuhiko y a Ayumi a hacerla también.

“Muchas gracias, majestad." Dijo Conan con sinceridad.

“Pero…” el niño con gafas alzó la vista, preocupado ante esa simple palabra por parte de Uther, “para poder descansar apropiadamente, hay que buscaros un alojamiento.”

Los ojos del detective encogido se abrieron con sorpresa. No había caído en ese… pequeño detalle. “Eso es… cierto, majestad.” Expresó finalmente.

“Podrían ocupar una de las habitaciones de sirvientes.” Intervino entonces el príncipe Arturo. “Creo que hay alguna que está libre, y creo recordar que son bastante espaciosas, por lo que los cinco podrían caber perfectamente-”

“Perdonad, sire.” Dijo Ai repentinamente interrumpiendo a Arturo. El príncipe parecía sorprendido por un momento, no era habitual que alguien, a excepción de Merlin, le interrumpiera mientras hablaba. De hecho, le pareció escuchar una ligera risita tanto de Morgana como de su sirviente.

El hombre rubio decidió ignorarlo por ahora y centró su atención en la niña de cabello castaño claro. “¿Qué sucede Ai?” preguntó con voz calmado, tratando deliberadamente de evitar mirar a Morgana o a Merlin.

La niña se movió ligeramente incómoda. “¿Sería… sería posible que los chicos ocuparan una habitación y las chicas otra?” preguntó finalmente mirando al príncipe con ojos esperanzados. “Sé que somos todos niños, pero también creo que es mejor adquirir buenos hábitos ya desde temprana edad, como no mezclar niños y niñas en una habitación.” Explicó para que entendieran el motivo de su solicitud.

Los ojos del rey se entrecerraron ligeramente. “Pero… mientras estuvisteis cautivos, seguro que dormíais todos juntos, ¿no es así?”

Haibara asintió, sin embargo, ya tenía una réplica en mente. “Eso es cierto, pero en esa ocasión, no teníamos elección, éramos cautivos.” Dio un pequeño paso al frente. "Ahora ya no somos prisioneros de nadie, según nos dijo el príncipe, veníamos a Camelot en calidad de invitados, ¿no es así?”

Durante todo el intercambio, Conan nuevamente asumió la tarea de ir traduciendo lo que decían unos y otros, aunque interiormente tenía cierto miedo por la reacción que Uther pudiera tener ante la… ‘osadía’ de Haibara.

En realidad, parecía que el rey iba a decir algo más, así que Arturo decidió intervenir en favor de la pequeña. “Ella tiene razón, padre, ya no son cautivos, como bien dice, son… nuestros invitados.” Luego miró brevemente a los niños y luego de nuevo a su padre. “No veo impedimento a que duerman chicos y chicas por separado, tenemos habitaciones más que suficientes para que se acomoden por separado.”

“No sabía que os habíais vuelto tan sentimental, Arturo.” Dijo Morgana de repente en un tono de voz jocoso. Que tuviera que mantener las apariencias siendo la perfecta pupila, no quería decir que tuviera que renunciar a su buena costumbre de meterse con Arturo. A decir verdad, era uno de los pocos pasatiempos que aún disfrutaba en grado sumo.

El hombre rubio no perdió el tiempo en volver su mirada hacia su dirección. Su cara mostraba su ligera indignación por la burla de la mujer de pelo negro. “Esto no es sentimentalismo, Morgana.” El príncipe inhaloó brevemente. “Como bien habéis escuchado, estos niños eran prisioneros de unos bandidos que además eran traficantes de personas. Ni siquiera recuerdan dónde está su hogar o cómo volver.” Miró a los cinco niños un momento y luego nuevamente a la pupila del rey. “Han pasado por mucho y creo que podemos ayudarles a que su estancia entre nosotros sea lo más agradable posible."

Para consternación de Morgana, su hermanastro había presentado un argumento… válido. Un escalofrío recorrió su espalda cuando se dio cuenta de que no quedaba más remedio que…

"Claro... tenéis razón Arturo." Odiaba tener que darle la razón a ese engreído.

Por su parte, los ojos de Arturo se abrieron con sorpresa. "Jamás pensé que os escucharía decir esto, Morgana.”

La aprendiz de bruja soltó un resoplido divertido. “Sólo porqué esta vez estemos de acuerdo, no quiere decir que siempre sea así.”

“Claro…” fue todo lo que dijo Arturo antes de girarse hacia su sirviente. “Merlin, acompaña a los niños y ayúdales a instalarse.”

El hechicero secreto saltó ligeramente al ser llamado por el príncipe. La verdad, entre lo que los niños habían dicho acerca de Morgana siendo malvada, sumado al hecho de que cada vez que se encontraba en la misma habitación que ella extremaba las precauciones al máximo, casi había olvidado que estaba en presencia del rey y del príncipe también.

“Sí, sire.” Respondió con una ligera reverencia.

“Gwen.” dijo repentinamente la voz de Morgana haciendo que Merlin se tensara de nuevo, aunque intentó disimularlo lo mejor que pudo.

“¿Milady?” preguntó la doncella sorprendida de que la incluyeran de algún modo en la conversación.

Morgana miró a la joven morena con una sonrisa pícara. “Ve tú también, creo que a las chicas es mejor que las ayude alguien del sexo femenino.”

“Como gustéis, milady.” Respondió Gwenivere con una sonrisa propia.

Luego ambos sirvientes instaron a los niños a salir del salón del trono para llevarlos a las que serían sus habitaciones mientras estuvieran en el castillo.

✦ ✦ ✦

Conan caminaba ligeramente por detrás de sus amigos. Su mente no paraba de dar vueltas con todo lo que había pasado hasta el momento. Comenzando con la sospecha que tenía de que por alguna razón ahora Merlin podía entenderles cuando hablaban en japonés.

También estaba Morgana. Según la leyenda Artúricas, Morgana era una malvada bruja que buscaba la destrucción de Arturo. Y, si bien a simple vista la mujer que habían conocido parecía ser amable y bondadosa, el pequeño detective se había percatado de varios detalles.

Como detective, se había esforzado por aprender a leer el lenguaje corporal de los demás, ya que a veces los gestos podían decir mucho más que solo las palabras.

Esa capacidad le hizo ver lo tensos que estuvieron Merlin y Gaius todo el tiempo que la mujer estuvo en la sala, y no solo eso, la propia Morgana, aunque lo disimulaba de manera magistral, también se tensaba ligeramente cuando estaba cerca del rey, como si simplemente pretendiera querer estar a su lado, pero, en realidad, quisiera tenerle lo más lejos posible.

Sin embargo, lo que ya fue el detalle definitivo de que algo no iba bien, fue mientras salían de la sala del trono. En ese momento, el detective encogido miró a la mujer de pelo negro y lo vio, una expresión de odio puro que iba dirigida a… Merlin.

Eso dio mucho que pensar al niño con gafas. Esa mirada… ¿Era Morgana en realidad malvada? ¿Lo sabía Merlin y por eso había estado tenso todo el tiempo? ¿Sabía Morgana que Merlin era consciente de su maldad y por eso sentía odio hacia él? ¿O había algo más?

“¿Conan-kun?”

El adolescente encogido salió de sus pensamientos cuando escuchó a la niña con diadema que le llamaba. Ahora que se daba cuenta, todos los niños, Haibara incluida parecían estar mirándole.

“¿Pasa algo?” preguntó confundido.

“¿En qué estás pensando?” preguntó entonces Genta con voz curiosa. A menudo, cuando Conan parecía estar pensando en algo, significaba que tenían un caso entre manos.

El niño con gafas pudo entrever fácilmente lo que pensaba Genta en realidad, que seguro era lo que pensaban también Mitsuhiko y Ayumi. Tenía que quitarles rápidamente la idea de la cabeza antes de que decidieran hacer alguna estupidez que les pondría en peligro.

El detective encogido puso entonces cara de inocencia, como si no hubiese roto un plato en su vida. “¿Yo? En nada importante.” Comenzó levantando las manos en señal de rendición para enfatizar su postura. “Solo… no puedo dejar de pensar en cuan diferente me imaginaba todo el asunto de las leyendas artúricas en comparación con lo que hemos visto hasta ahora.”

“Tienes razón Conan-kun.” Dijo Mitsuhiko con un asentimiento. Luego miró al sirviente de cabello negro que caminaba frente a ellos. “Por ejemplo siempre que he escuchado hablar de Merlin, dicen que era un mago muy poderoso y además un anciano. Pero aquí le tenemos. No tiene magia y, es un sirviente que parece tener más o menos la misma edad que Arturo, quien ni siquiera es rey aún, es príncipe.”

Conan entrecerró los ojos al ver que Merlin se enderezaba al ser nombrado y que los miraba de reojo, con expresión ligeramente sorprendida. Eso solo parecía reafirmar sus sospechas de que, de alguna manera el joven de cabello negro ahora podía entenderles sin problema.

Sin embargo, los niños no parecieron darse cuenta de ello.

“¡Sí! Y yo siempre he oído que Morgana es una bruja muy malvada, pero… a mí me ha parecido una mujer muy buena y amable.” Ayumi dijo con voz alegre.

Nuevamente Conan vio como Merlin se tensaba ante esas palabras. Definitivamente, la única explicación posible, era que les estaba entendiendo. Conan sonrió con picardía, una idea se estaba formando en su mente que le llevaría a confirmar sus sospechas.

No tardaron mucho más en llegar a la zona de sirvientes. Donde rápidamente les asignaron a los niños habitaciones separadas según su pedido. Gwen se encargó de acomodar a las chicas, mientras que Merlin hizo lo propio con los chicos. Después de ver la habitación en la que iban a residir las chicas, Ai y Ayumi se despidieron de Gwen, ya que la sirvienta dijo que tenía tareas que completar, y se encaminaron a la habitación que iban a ocupar los chicos.

Cuando estuvieron todos reunidos y, a pesar de que Arturo no lo había dicho explícitamente, el sirviente del príncipe les aseguró a los niños que les procurarían más ropa y otras necesidades básicas.

Poco después de terminar de hablar, con Conan y Ai actuando como traductores, cuando Merlin ya se disponía a salir y dejarles un poco de tiempo para ellos, el príncipe apareció en la puerta de la estancia. Miró a su alrededor con una expresión de satisfacción, como si fuera él mismo el que hubiera ayudado a acomodar a los niños en su nueva residencia temporal y estuviera contento del trabajo bien hecho.

Después de mirar el lugar, se centró en los cinco niños. “Espero que encontréis vuestras habitaciones confortables.” Les dijo con tono amable.

Conan y Haibara asintieron y mientras la niña de cabello castaño traducía, el niño con gafas respondió en nombre de todos. “Sí, lo son. Muchas gracias, sire.”

El hombre rubio asintió complacido, luego se agachó ligeramente más cerca de Conan. “Bien, si necesitáis algo, no dudéis en decírselo a Merlin, a Gwen, a alguno de mis caballeros o a mí mismo, ¿entendido?”

“Por supuesto, sire.” Respondió el adolescente encogido con un asentimiento.

Arturo se enderezó, y permaneció unos momentos en silencio, como si debatiera lo que iba a decir a continuación. “Bien,” comenzó finalmente, “ahora, Gaius no es el tipo de hombre al que le gusta que sus pacientes le desobedezcan. Así que, a pesar de todo, os recomiendo que descanséis.”

Haibara tradujo las últimas palabras del príncipe a Genta, Ayumi y Mitsuhiko. Como era de esperar, ninguno de los niños parecía contento con ese desarrollo de los acontecimientos, pero entendieron, después de un poco de persuasión de la científica encogida que eso era lo mejor si querían dar credibilidad al hecho de que habían sido prisioneros viajando durante un tiempo indeterminado y cuyas mentes y cuerpos necesitaban descanso para reponerse de esa experiencia.

“Si es necesario, lo haremos.” Dijo Haibara esta vez tras lograr convencer a los demás para que hicieran lo que decía el príncipe. “Aunque en realidad no estamos cansados.” Añadió mirando de reojo a sus amigos, con una expresión que mostraba que sabía que con lo enérgicos que eran esos tres, no tardarían en querer tener algo de acción.

Arturo asintió comprendiendo muy bien la insinuación subyacente en las palabras de Ai. Había visto poco de esos niños, pero lo poco que vio ya le hizo pensar que eran pequeñas criaturas llenas de energía casi incontenible.

Pero a pesar de ello…

“Lo imagino, pero Gaius, al igual que mi padre, cree la historia que le hemos contado. Os obligará a descansar, imagino que al menos una semana, ese es el tiempo que obligó a Morgana a descansar después de que la rescatáramos.”

Esta última pieza de información llamó la atención de Conan, y no solo por la mención de que Morgana había sido rescatada sino también porque Merlin se tensó, incluso más que cualquier otra de las veces que se había tensado antes, como si este recuerdo en particular no fuera en absoluto de su agrado.

“¿Lady Morgana fue también prisionera?” preguntó tratando de sonar lo más curioso posible, lo cual no fue difícil, ya que, como detective, su afán de conocer todos los hechos era prácticamente imposible de contener.

Arturo asintió al pequeño. “Así es, no hace mucho que volvió a estar entre nosotros después de que Morgause se la llevara hace más o menos un año.”

Los ojos del niño falso se abrieron con sorpresa nuevamente. “¿Queréis decir que la secuestró?” preguntó ligeramente alarmado.

“Eso es. En realidad, Morgana estaba inconsciente cuando ella y Morgause desaparecieron en medio de un tornado.” Respondió el príncipe.

El detective encogido miró hacia el suelo con expresión pensativa. Arturo le había hablado de Morgause y de cómo la bruja le hizo tener una visión falsa de su madre fallecida para que se enfrentara a su padre y le matara(1), pero no mencionó nada de que hubiera secuestrado a Morgana. Sin embargo, lo que parecía claro, era que esa mujer, a la que por ahora no conocía, se le daba bien manipular a los demás para que actuaran del modo en el que ella quería.

“Entiendo…” respondió Conan, “¡Me alegra que pudieran encontrarla y traerla de vuelta a casa!” añadió para mantener al príncipe ignorante de las sospechas que tenía con respecto a la pupila del rey. No quería decir nada hasta corroborar lo que su intuición le decía, ya que el príncipe parecía tener en muy alta estima a Morgana.

Arturo sonrió cálidamente al niño con gafas. “Gracias, Conan.”

“¡De nada!” respondió el adolescente encogido.

Sin embargo, el pequeño detective no podía parar de pensar en lo que Morgause le había hecho al príncipe en el pasado. ¿Podría ser que le hubiera hecho eso a Morgana? Si la secuestró y estuvo con ella por alrededor de un año, Morgause podría haberla manipulado y hacer que se volviera malvada. Eso sin duda explicaría su repulsión bien disimulada hacia el rey. También explicaría la tensión en Merlin en caso de que el sirviente fuera conocedor de la verdad.

Pero entonces la pregunta era, ¿por qué estaba nuevamente en Camelot?

Los ojos del adolescente encogido de repente se abrieron con horror cuando un pensamiento cruzó su mente. ¿Podría ser que-?

“Ahora.” Dijo de repente Arturo girándose hacia su sirviente, “si ya has terminado de holgazanear, Merlin, te recuerdo que aún tienes tareas que hacer.”

Conan miró entonces al sirviente y su expresión de horror pasó a una de planificación. El sirviente podría confirmar sus sospechas o bien desmentirlas, aunque antes… quería probar otra sospecha que aún rondaba por su mente.

Por su parte, los ojos del joven de cabello negro se abrieron con sorpresa ante la acusación del príncipe. “Pero- iba a hacerlas cuando vuestro padre mandó llamar a los niños los acompañé, y después me ordenasteis-”

Arturo levantó una mano para detener la perorata de su sirviente. “No quiero excusas, Merlin, haz lo que te he dicho, y cuando acabes, no olvides traerme la cena.”

Merlin exhaló un suspiro ligeramente exagerado. Sabía que este tipo de situaciones eran habituales con el príncipe, creyendo que Merlin evitaba cumplir con sus tareas, cuando en realidad estaba luchando contra un brujo que quería matarle; creer que pasó la noche en la taberna cuando estuvo en medio del bosque muriendo por el veneno de un Serket… no es que pudiera decirle eso a Arturo, por supuesto, pero aun así… no dejaba de ser… exasperante que le reprendiera así, especialmente cuando en esta ocasión no había sido su culpa.

“Sí, milord.” Respondió finalmente con una ligera reverencia resignándose una vez más a la humillación de su persona por el bien de Camelot.

Merlin esperaba que Arturo algún día reconociera todo lo que había tenido que aguantar y sufrir para que el Clotpole pudiera llegar a ser un gran rey.

Ignorante de los pensamientos del hechicero secreto, Arturo sonrió y se marchó de la estancia.

Merlin negó con la cabeza mientras se quedaba mirando la espalda del príncipe hasta que desapareció a la vuelta de la esquina.

“El príncipe Arturo parece ser una buena persona, pero a veces, también parece ser un ‘imbécil real’.” Dijo una voz repentinamente a su lado.

“Sí, tienes toda la razón.” Respondió el sirviente asintiendo sin pensar, y solo después de decir esas palabras, se dio cuenta de lo que acababa de hacer y sus ojos se abrieron con horror.

Acababa de responder a un comentario que había sido hecho en una lengua que supuestamente no entendía.

Lentamente, Merlin giró la cabeza y sus ojos miraron hacia abajo donde encontró al niño con gafas mirándole con una gran sonrisa triunfal y ligeramente engreída – aunque sin malicia – como si acabara de ganar un gran torneo con una victoria aplastante sobre sus rivales.

“¿Se puede saber quién eres?” fue todo lo que el hechicero secreto pudo preguntar al darse cuenta de que Conan ya había descubierto que podía entenderles cuando hablaban y que su comentario, expresado cuando Merlin estaba con la guardia baja, había sido para que el sirviente se delatara él mismo.

El adolescente encogido cerró los ojos, pero su sonrisa permaneció en su rostro. “Edogawa, Conan,” luego abrió los ojos y miró al sirviente directamente, “detective.”

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(1) Merlin temporada 2 episodio 8 – Los pecados del padre


Cap. 10

Capítulo 10

4.259 palabras

"Habla en japones"

Pensamientos en japonés

"Habla en ingles"

Pensamientos en ingles

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El silencio reinó durante lo que pareció un tiempo indeterminado. Los niños miraron asombrados entre Conan y Merlin. Puede que apenas supieran inglés, pero sabían de sobra que ni Arturo, ni nadie de Camelot había podido entender lo que decían cuando hablaban entre ellos.

Y, sin embargo, justo después de que Arturo hablara con su sirviente, Conan se había acercado sigilosamente mientras el príncipe abandonaba la estancia y ante su sorpresa lanzó un comentario en japonés en el que se burlaba del príncipe Arturo. Sin embargo, lo que les sorprendió a todos, incluida a Haibara, fue que Merlin respondió afirmativamente a ese comentario con total naturalidad al menos eso era lo que los niños podían deducir del asentimiento que acompañó a las palabras del hombre de cabello negro. Merlin habló como si en verdad hubiera entendido lo que su amigo con gafas le había dicho al sirviente.

Pero eso era imposible ¿Verdad?

Casi al instante, Merlin se había puesto rígido, como si acabara de darse cuenta de que había metido la pata y miró con asombro a Conan que tenía en su rostro la misma sonrisa que siempre ponía cuando resolvía un caso.

El sirviente parecía incapaz de hablar al principio, aunque segundos después, de sus labios salió una única pregunta.

“¿Se puede saber quién eres?”

“Edogawa, Conan, detective.” Respondió el niño con gafas nuevamente en japonés y con total naturalidad.

Merlin se quedó quieto, mirando al niño con una mezcla de sorpresa y miedo. Este niño le había descubierto, sabía que podía entenderle cuando hablaba en su propia lengua. ¡Sabía que tenía magia! ¡Esto no era bueno! ¿Qué se suponía que debía hacer ahora?

Por el rabillo del ojo vio a los otros niños acercándose, eso solo podía significar que lo habían escuchado todo. En pocas palabras. Merlin estaba en problemas.

“¿Conan-kun?” Mitsuhiko miraba nerviosamente entre el sirviente y su amigo. “¿Es… es solo imaginación mía o Merlin te ha dado la razón cuando te has burlado del príncipe Arturo?”

Conan no dejó de mirar a Merlin mientras respondía a su amigo con voz tranquila. “No, Mitsuhiko, no ha sido imaginación tuya.” Entonces miró a su amigo con pecas con la sonrisa aún en su rostro. “Al parecer, Merlin puede ahora entendernos cuando hablamos.”

“¡¿Cómo?!” exclamaron Genta, Mitsuhiko y Ayumi al mismo tiempo.

Conan cerró los ojos por lo que no vio al sirviente que ahora estaba pálido como la nieve, y también parecía estar temblando ligeramente. “Por sorprendente que os parezca, así es.” Declaró y luego para sorpresa y estupefacción de Merlin, el niño le miró mientras añadía una pieza de información que le hizo palidecer más, si es que eso era posible. “De hecho, creo que ha podido entendernos desde algún momento cuando estábamos en las cámaras del médico. Por eso intervino en la conversación diciendo que Gaius no solo había leído mucho, sino que también había escrito. ¿Me equivoco, Merlin?”

Fue solo entonces cuando el detective encogido se dio cuenta. El sirviente estaba lleno de pánico. Que ahora pudiera entenderles solo podría explicarse como algo… mágico, y Merlin temía las consecuencias que podrían sobrevenirle si era acusado de magia.

Tal vez… sería una buena idea intentar tranquilizar al hombre de cabello negro para ver si así lograban que se abriera. Por suerte para el adolescente encogido, tenía una idea que quizás podría funcionar.

El chico con gafas dio un paso más cerca del aterrorizado sirviente y ofreció la expresión más tranquilizadora que pudo. “Antes de que respondas, si me lo permites, déjame explicarte algo.” Merlin miró a Conan con desconcierto, lo que el falso niño tomó como un indicativo para seguir. “Hay un ladrón de joyas en nuestra tierra al que persigo desde hace tiempo, aunque siempre consigue escaparse. Lo llaman el Mago de la luna plateada(1), ya que viste de blanco y si bien no tiene magia, como la que me estuvo explicando antes el príncipe, sí utiliza trucos de magia para cometer sus robos.”

Merlin ladeó la cabeza, desconcertado. ¿De dónde venían estos niños no parecía haber magia, pero sí gente que hacía trucos que parecían magia? Y este niño se dedicaba a perseguir a uno de ellos. Esto definitivamente no podía ser una buena señal. Sin embargo, Conan no se detuvo allí. “Yo quiero atraparle, no porqué haga magia, sino por ladrón.”

De acuerdo, esto no me lo esperaba. Pensó el brujo secreto mientras sus ojos se abrían con sorpresa y subconscientemente comenzaba a relajarse un poco.

El detective encogido tomó eso como una buena señal, estaba logrando tranquilizar al sirviente quien ya no estaba tan pálido como antes. “Si soy sincero, no me importa si la magia se considera buena o mala,” prosiguió el niño con voz convencida, “lo que me importa y procure que guíe mi juicio, son las acciones de la persona, y por lo que he visto hasta ahora de ti, Merlin, no eres un mal hombre.”

Dio otro paso más cerca del sirviente. “Si, como estoy prácticamente convencido, tienes magia, podrías haberla usado para herir, o matar al rey o su hijo, pero no lo has hecho, es más, Arturo y tu parecéis ser muy buenos amigos, amigos genuinos. Tan buenos que incluso puedes burlarte de él frente a sus caballeros y cinco niños desconocidos y no padecer consecuencias por ellos.”

Ante estas últimas palabras, el miedo de Merlin desapareció y no pudo evitar soltar un resoplido divertido.

“Está bien, sí tienes razón en casi todo.” Admitió el hechicero secreto con aire de ligera derrota.

Conan ladeó la cabeza, desconcertado. “¿Casi todo?”

Ahora el sirviente de cabello negro estaba sonriendo. “Estoy convencido que la lista de tareas que ese Prat me ha puesto ha sido precisamente por burlarme de él.”

“Oh, ya, claro…”

Ayumi se acercó entonces a su amigo con gafas. El hecho de descubrir que Merlin podía entender el japonés la había emocionado muchísimo, y le había dado una idea que podría hacerles las cosas más fáciles. “Conan-kun.”

“¿Sí, Ayumi?” preguntó el detective encogido desviando por primera vez la mirada del sirviente para encontrarse con los ojos de su amiga.

La niña sonrió ampliamente.

Espera… no me digas que-

“Si Merlin tiene magia y gracias a ella ahora puede entendernos, ¡tal vez podría hacer que nosotros entendiéramos el inglés!” exclamó la niña con diadema con voz extremadamente emocionada.

Conan reprimió las inmensas ganas de gritar que tenía en esos momentos. ¿En serio lo que el detective les había dicho el día anterior no había servido para nada?

“¡Sí! Así no tendríais que ir traduciendo lo que nos dicen.” Genta se unió a la propuesta de la chica con diadema, dándole más motivos al falso niño para pensar que efectivamente, todo cuanto les había dicho a sus amigos, había sido inútil.

“No, es mejor que no hagamos eso.” Dijo Haibara repentinamente antes de que Conan pudiera decirlo él mismo.

Tanto Genta como Ayumi miraron a la niña de cabello castaño claro con sorpresa. No podían entender por qué su amiga se negaría a algo que podría facilitarles su estadía en ese lugar.

“¿Por qué no, Ai-chan?” preguntó Ayumi con un toque de decepción en su voz.

La científica encogida exhaló un suspiro cansado. No estaba enfadada con los niños, a fin de cuentas, la propuesta no estaba hecha con malicia, solo querían ayudar.

Pero… aun así…

“Pensadlo bien, si vosotros que no entendéis el inglés, de repente sois capaces de entender lo que dice la gente a vuestro alrededor, eso resultará sospechoso. Si no algo mucho peor.”

Los ojos de Genta y Ayumi se abrieron como platos ante la explicación de su amiga, lo que hizo que ambos adoptaran expresiones avergonzadas por no haber pensado en los problemas que podría acarrearles hacer algo como eso.

“Tienes… tienes razón Ai-chan.” Admitió la chica con diadema finalmente.

Conan sonrió con simpatía y agradecimiento al ver que Haibara se había hecho cargo de la situación.

“Por otra parte,” dijo el pequeño detective centrando su atención nuevamente en el sirviente, hechicero secreto, “antes que querer entender otra gente, lo que a mí me gustaría saber, es cuánto ha descubierto Merlin acerca de nosotros.”

Dio un paso más cerca del hombre de cabello negro, “Y me intriga también saber cómo puede alguien que practica la magia vivir en un reino donde la magia está prohibida, concretamente debajo de las narices del rey. Hay que ser o muy estúpido o muy valiente para hacer eso.”

Merlin podía sentir sus nervios crecer. Este niño… tenía la impresión de que sabría si el hechicero omitía información, lo que significaba que, si seguía adelante con esta conversación, tendría que confesar que sabía que estos niños venían del futuro.

Esto no tiene buena pinta.

Por fortuna, el brujo tenía a su favor una carta que podía jugar para evitar, o al menos posponer, esta conversación, lo que le daría tiempo de pensar en algo.

“Me… encantaría responder a vuestras preguntas, pero Arturo realmente me matará si no hago lo que me ha ordenado.”

Merlin hizo ademán de salir de la habitación, pero entonces Conan sonrió aún más ampliamente que antes, lo que, para el hechicero secreto no era un buen augurio.

“Hagamos un trato entonces.” Anunció el niño con gafas con voz alegre. “Tú nos cuentas lo que sabes y nosotros te ayudaremos con estas tareas.”

Los ojos del brujo se abrieron con horror ante esa perspectiva, no solo por la falta de tiempo para buscar una excusa, sino también porqué su propia integridad física podría estar en juego.

“¡Ni hablar!” espetó Merlin con voz ligeramente alarmada. “Gaius me mataría si se entera que os he dejado trabajar cuando se supone que debéis descansar.”

Y era cierto, si Gaius descubría que permitía que esos niños trabajaran, aunque no lo necesitaran, afrontaría grandes consecuencias por parte de su mentor.

Sin embargo, esa justificación no hizo flaquear la sonrisa del niño con gafas. “Por lo que recuerdo de las ‘tareas’ que tienes que hacer, una de ellas, es pulir la armadura del príncipe.” La sonrisa de Conan se ensanchó aún más. “Eso podemos hacerlo sin movernos de aquí, ¿verdad chicos?”

El adolescente encogido miró a sus amigos quienes sonreían entusiasmados mirando entre Conan y Merlin.

“¡Por supuesto!” exclamaron los tres llenos de júbilo.

“Además…” Merlin centró su atención en el niño con gafas cuando él volvió a hablarle, “lo que has dicho abre las puertas a otro tema del que me gustaría hablar.” El detective cerró los ojos momentáneamente y poco después los volvió a abrir para mirar al sirviente del príncipe. “Creo que Gaius sabe más de lo que parece también. Concretamente sobre tu magia, no lo sé, pero sí sé que es consciente, al igual que tú, de que Morgana es malvada.” Explicó el niño con calma.

Ante esas palabras, los niños exhalaron jadeos de sorprendidos. Habían llegado a creer realmente que Morgana era buena. Escuchar de repente a Conan decir que en realidad sí era malvada, les sorprendió a todos, Haibara incluida.

“¿Cómo lo sabes?” Merlin estaba tan sorprendido como los niños ante lo que el falso niño había dicho.

“Te lo he dicho antes, soy detective, y un detective se fija en todo y analiza.” Respondió el niño con gafas. Luego exhaló un suspiro, preparándose para explicárselo todo tanto a Merlin como a los niños. “Pude ver lo rígidos que estabais Gaius y tú cuando Morgana entró en el salón del trono antes, pero, sobre todo, vi cómo te miraba con odio cuando nos íbamos. ¿Morgana te odia, Merlin?”

El sirviente de cabello negro parecía ahora derrotado. Ni siquiera se había dado cuenta de la mirada que Morgana le había lanzado, aunque tampoco le hubiera sorprendido. Morgana lo odiaba, y Conan lo había visto. No tenía más remedio que… darle la razón al niño, pues cuanto había dicho, era cierto.

“Sí,” dijo el hechicero secreto con voz avergonzada, “y la verdad… no la culpo por ello. Lo que le hice fue-”

“¡Merlin!” La voz de Arturo llegó súbitamente a los oídos del sirviente y de los cinco niños.

Todos se volvieron para ver a un ligeramente molesto príncipe acercándose a ellos. Por suerte, parecía estar demasiado distante como para haber escuchado cualquier cosa, sobre todo, el asunto de Merlin entendiendo a los niños gracias a la magia.

Pero a pesar de que su secreto seguía siendo un secreto, Merlin no pudo evitar que la aprehensión creciera en su mente cuando vio el rostro malhumorado de su señor.

“¿Sire?” su voz sonaba tímida, sin saber exactamente qué era lo que había hecho mal ahora a los ojos de Arturo.

“¿Qué haces aún con los niños? ¡Tienes trabajo que hacer!”

Oh, así que era eso, el arrogante príncipe seguía pensando que era un holgazán.

El sirviente inhaló con la intención de replicar, pero alguien se le adelantó. “No ha sido culpa de Merlin, sire, nosotros le entretuvimos.”

El príncipe centró su atención en el niño con gafas que le miraba con ojos ligeramente atemorizados, como si pensara que Merlin sería castigado injustamente por haberle entretenido. Arturo miró al niño con simpatía. Si hubiese sido Gwen la que estuviera en esa situación, no tendría reparos en aceptar las palabras del niño, pero tratándose de su sirviente…

“En circunstancias normales, Conan, me lo creería, pero es de Merlin de quien hablamos, cualquier excusa le es buena para no cumplir con sus obligaciones.”

Ai dio un paso al frente, uniéndose a su amigo para apoyar al sirviente del príncipe.

“Lo decimos en serio, sire,” comenzó la niña de cabello castaño claro, “le estábamos preguntando a Merlin cómo movernos por el castillo sin molestar, no queremos causar problemas a nadie.” Explicó la pequeña con calma.

El príncipe exhaló un suspiro cansado. Tener a los niños del lado de su sirviente, defendiéndolo tan férreamente, casi le hacía pensar en la posibilidad de que Merlin realmente no tuviera la culpa en esta ocasión.

El caballero rubio miró a todos los niños. Conan se había encargado de traducir lo que la pequeña de cabello castaño claro le había dicho al príncipe, por lo que ahora cinco pares de ojos suplicantes le rogaban en silencio que no fuese duro con el hombre de cabello negro.

Optando por dejar ese tema de lado, el hombre rubio decidió responder al asunto que la niña había planteado. “Ya habrá tiempo para eso, Ai, por el momento, tenéis que descansar, y,” obviamente dejar de lado el tema de su holgazán sirviente era mentira. Arturo jamás dejaría pasar una oportunidad de recordarle al hombre de cabello negro cuáles eran sus deberes. “Merlin tiene tareas que hacer.”

Ai asintió en comprensión. Al menos parecía que habían logrado disminuir la ira de Arturo hacia Merlin. Conan se aclaró entonces la garganta llamando así la atención del caballero rubio.

“Si tenemos que descansar, sire, entonces, si me permite preguntar, ¿a qué ha venido?” su voz sonaba llena de curiosidad y Arturo no pudo evitar sonreír.

Este pequeño con gafas era tal vez el niño que le hacía más preguntas de cuantos niños había conocido… no es que fueran muchos en realidad, pero, aun así, ninguno de los que había conocido, hasta la fecha, hacía tantas preguntas como el niño con gafas.

“Puedes preguntar lo que quieras, y con gusto os daré una respuesta.” Expresó el príncipe, todavía sonriendo. “Vengo en nombre de lady Morgana.” Vio como los ojos de los niños se abrieron con sorpresa, aunque contrariamente a lo que pensaba Arturo, su sorpresa no era fruto de la alegría.

Ajeno a los pensamientos de los niños con respecto a Morgana y lo que sabían de ella, el hombre rubio procedió a explicar qué era lo que la pupila del rey quería pedirles a los niños. “Quiere saber si mañana querríais acompañarla al mercado. Si me preguntas a mí, creo que quiere obsequiaros con algo, es muy propio de ella, sobre todo si al hacerlo le lleva la contraria a mi padre.”

“Pero… si quiere invitarnos, ¿Por qué no ha venido ella misma?” preguntó el detective encogido con voz confundida. Buena o mala, Morgana parecía ser una persona directa a la hora de hablar con otros. ¿Por qué se había tomado la molestia de tomar un intermediario para invitarles?

El hombre rubio se encogió de hombros. “Supongo que ha preferido que alguien en quien ya confiáis sea quien os transmita el mensaje.”

“Sí, supongo que tiene sentido…” concedió el falso niño finalmente mientras asentía a Arturo.

La sonrisa aún adornaba las facciones del príncipe, estaba claro que esperaba una respuesta positiva por parte de los niños. Conan se volvió hacia sus amigos.

Los tres niños le miraban con ligero temor, pues Haibara ya se había encargado de traducirles a los otros lo que Arturo les estaba proponiendo. La propia científica encogida tenía una mirada que dejaba claro que no le agradaba esa idea para nada.

“¿Qué hacemos Conan-kun?” preguntó Ayumi con voz ligeramente temblorosa.

El hecho de saber que la mujer que creían malvada en las leyendas y habían descubierto que efectivamente era malvada quería llevarlos de paseo al día siguiente había dejado a los Detectives Junior conmocionados.

Conan miró al suelo por unos instantes. Luego alzó la vista de nuevo. Los demás le observaban expectantes, incluso Merlin parecía esperar con ligera aprehensión la respuesta del detective.

El falso niño inhaló. “Creo que lo más prudente, es que aceptemos.”

Ayumi, Genta, Mitsuhiko e incluso Haibara soltaron ligeras exclamaciones de sorpresa. Por el rabillo del ojo, Conan vio a Merlin abrir los ojos con ligero horror. Estaba claro que el recién descubierto hechicero secreto tampoco parecía feliz con la idea de que Morgana interactuara con ellos.

Genta dio entonces un paso más cerca del niño con gafas. “¿Estás seguro, Conan-kun?”

El adolescente encogido centró su atención en el niño más alto. “El príncipe no sabe que Morgana es malvada, y todo lo que él ha visto de nosotros hacia ella, es que parecemos admirarla.” Miró entonces a los demás niños e incluso le dedicó una mirada rápida a Merlin para asegurarse de que todos, incluso él, entendieran el motivo de su decisión. “Creo que debemos mantener esta… farsa. Además. Morgana tampoco sabe que somos conscientes de quién es en realidad. No creo que sea prudente que la hagamos sospechar a ella.”

Los niños miraron al suelo dubitativos. Entonces el chico con pecas miró a su amigo más bajo con expresión serena. “Tienes razón, Conan-kun, como siempre.”

El falso niño le dedicó una sonrisa a su amigo. “Yo también me puedo equivocar, Mitsuhiko, pero creo que en esta ocasión este es el mejor curso de acción. Además, hay algo que tendremos que hacer.”

Esto llamó la atención de todos que miraron curiosos al niño con gafas.

“¿Qué tendremos que hacer?” preguntó Ayumi confundida.

La sonrisa de Conan se ensanchó. “Actuar como nunca antes lo hemos hecho. Lo cual es algo que en ocasiones los detectives también tienen que hacer. Será un gran momento para practicar, ¿creéis que podréis hacerlo?”

“¡Hai!” respondieron los demás niños ahora también con sonrisas en sus rostros.

Haibara le dedicó una sonrisa cómplice al detective encogido. Sabía que, si querían convencer al príncipe de que su respuesta era genuina, los niños tenían que parecer entusiasmados, de ahí que los hubiera animado para que su alegría fuera real.

Conan se volvió entonces hacia el príncipe que había esperado pacientemente a que los niños acabaran de hablar entre ellos. La verdad, al principio le sorprendió que los pequeños parecieran asustados por la propuesta. No habían parecido asustados cuando conocieron a Morgana en el salón del trono. ¿Por qué iban a estarlo ahora?

Afortunadamente, su miedo en algún momento dio paso al júbilo de nuevo. Arturo consideró preguntarle a Conan al respecto, pero decidió que no merecía la pena, por su actitud actual, parecía que aceptarían la propuesta de Morgana, lo que en secreto alegraba al hombre rubio.

Siempre le había gustado ver ese lado afectuoso de Morgana cuidando de los demás, aunque fueran simples campesinos, y… hacía tiempo que no lo veía. Por lo que saber que quería ayudar a sus nuevos invitados había llenado al príncipe de alegría. Poco a poco Morgana estaba volviendo a ser ella misma.

Arturo centró su atención en Conan que se había acercado un poco más a él.

“Para nosotros será un honor ir con Lady Morgana mañana al mercado. ¿Podríais transmitirle nuestro agradecimiento?”

Arturo asintió complacido, le alegró saber que los niños se sentían honrados por la propuesta, y tenía ganas de transmitirle su respuesta a Morgana. Estaba seguro de que ella también se alegraría de saber que los niños habían aceptado.

Además… había otra cosa.

“Por supuesto, Conan. Y yo también quería proponeros algo, apuesto a que nunca habéis visto un entrenamiento de caballeros. Me gustaría invitaros a asistir a nuestro entrenamiento mañana.”

El príncipe vio como los ojos del niño se abrieron con sorpresa. Supuso que no esperaba una invitación como esa.

“¿Alele? ¿No se supone que debemos descansar?” preguntó entonces Conan con la voz más infantil que el príncipe le había escuchado usar desde que le conoció.

Este repentino cambio confundió ligeramente a Arturo, aunque pronto creyó entender a qué se refería el niño y comprendió que debía deshacer el error en el que había hecho caer al niño.

“No os estoy diciendo que participéis,” explicó rápidamente el príncipe, “simplemente que vengáis como espectadores.”

La comprensión llenó entonces las facciones del niño con gafas.

“Oh, claro.” Dijo el niño finalmente. Luego Conan se volvió hacia sus amigos a quienes Arturo había escuchado que Ai les iba traduciendo lo que decían el príncipe y el niño con gafas, ellos sonrieron y asintieron a su amigo, quien se volvió de nuevo hacia el príncipe. “Sí, creo que también podemos hacer eso.”

Arturo sonrió de nuevo. “Perfecto entonces. Yo ya me voy, y… ¿Merlin?”

“¿Sire?” preguntó el sirviente con ligero temor.

Arturo endureció la mirada y usó su voz más autoritaria. “Vete ya, tienes trabajo que hacer.”

“Sí Sire, enseguida voy.” Respondió el sirviente no queriendo poner aún más a prueba la paciencia del Clotpole.

Inmediatamente se giró para alejarse, lo cual también era bueno, ya que le permitiría posponer la charla que esos niños parecían empeñados que tuvieran.

Sin embargo, no había dado ni un paso antes de que la voz del príncipe le llegara de nuevo. “Espera un segundo.”

“¿Sí, sire?” preguntó el hechicero secreto mirando de nuevo al hombre rubio.

El príncipe miró a su sirviente, luego a los niños y por último nuevamente a Merlin. “Cuando hayas concluido con tus tareas y me hayas traído la cena, asegúrate de conseguir algo para ellos también.”

Los ojos del brujo se abrieron con sorpresa. Era cierto que con todo el ajetreo de ser llamados por el rey e instalarles en sus nuevas habitaciones, nadie había caído en la cuenta de que esos pequeños necesitarían comer. Merlin sabía que a él le esperaba su cena en los aposentos de Gaius, pero estos niños no tenían esa suerte.

Fue… un bonito detalle que Arturo se hubiese acordado de eso.

“Por supuesto, sire.” Expresó Merlin finalmente. Ni siquiera había tenido tiempo de volverse de nuevo para alejarse cuando sintió un escalofrío recorrerle la espalda al escuchar de nuevo la voz de Conan.

El niño fingía hablar con sus amigos, aunque estaba claro que lo que decía iba dirigido a él. “Nuestra oferta de ayudarte con tus tareas sigue en pie. Cuando vengas con nuestra cena, puedes traer también la armadura y mientras la pulimos y cenamos, podemos terminar la conversación que hemos dejado a medias.”

Merlin reprimió un gemido, sabía que ese pequeño no lo dejaría pasar tan fácilmente. Miró brevemente a los niños e hizo un ligero asentimiento, que Arturo no notó ya que había dejado de prestarle atención, transmitiendo así que había escuchado al chico con gafas.

Sin decir nada más, el sirviente finalmente se giró y salió rápidamente de la zona de sirvientes. Iba a hacer las molestas tareas de Arturo y pensar en cómo explicárselo todo a esos niños. También consideró la posibilidad de contarle toda la verdad a Gaius, ya que los niños ya sabían que el viejo galeno era conocedor de algunos secretos. Sin embargo, descartó la idea.

De algún modo le parecía una traición hacia esos niños que, a pesar de haber descubierto su secreto, no parecían dispuestos a contárselo a nadie, decididos a demostrarle a Merlin que podía confiar en ellos. Bien pues, Merlin iba a hacer lo mismo, no le diría nada a su mentor sin el consentimiento de esos niños, les mostraría que él también era digno de confianza.

✦ ✦ ✦

Arturo vio a su sirviente irse. Bien, parecía que finalmente el idiota había entrado en razón y dejaría de ser un holgazán.

El príncipe asintió para sí satisfecho de haber hecho todo cuanto quería, y más aún, de que todo hubiera salido bien tanto con su padre como con Gaius. Y ya el toque final de Morgana invitando a los niños fue un regalo inesperado pero bienvenido. Arturo tuvo la sensación de que su estancia en Camelot, sería algo que esos niños recordarían con gratitud y alegría.

El hombre rubio se despidió entonces de los niños y también se retiró. Tenía deberes que atender después de todo, y, además, un sirviente al que vigilar para asegurarse que no volvía a distraerse.

Mientras se alejaba una súbita duda asaltó su mente, una duda sobre algo que Conan había dicho.

[i][b]¿Alele? ¿Qué significa alele?

[/b][/i]

(1) Primera aparición de Kaito Kid episodio 76 (files 156-159)?

Comentarios (2)

E
edogawa_mourii 10/04/2026 13:18
Buen inicio. Se puede vislumbrar la manera de ser de cada personaje
P
Pilyarquitect 15/04/2026 11:47
¡Gracias! Siempre que escribo fanfics intento que los personajes se parezcan lo máximo posible a los de los fandoms de los que provienen. Espero conseguirlo.
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