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Frank sinatra canto nuestras vidas con sus palabras

Faru • 12/10/2026 • 1 capítulo
Magic Kaito T ▶ En curso Romance Amor prohibido Enemies to lovers Universos alternativos (AU) Angst
Kaito y Aoko Malentendidos enemigos a amigos amigos a amantes amantes a extraños matrimonio arreglado angst final feliz
7 visitas 0 me gusta 0 comentarios 1 cap. 4.666 palabras 23 min de lectura
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Sinopsis Cuando Kaito tenía cinco años, en vez de esperar a que su padre lo recogiera junto a la torre del reloj, salió corriendo a jugar. Así, no vio a una niña pequeña que esperaba a su padre con lágrimas en los ojos.
Cap. 1

I’ve got the world on a string

4.666 palabras

“¡Mi nombre es Kaito Kuroba! ¡Es un placer conocerlos a todos!” El niño había corrido hacia un grupo de palomas en la plaza y las saludó animadamente antes de empezar a jugar con ellas.

Era divertido, y las palomas volaban hacia él y arrullaban con alegría, como si supieran desde el primer instante que él era de confianza. Sus pequeñas manos hacían aparecer pequeños granos para alimentarlas, y les acariciaba las cabecitas hasta que su padre vino a buscarlo.

Pero este pequeño desvío hizo que pasara por alto por completo a la niña que esperaba a su padre junto a las escaleras de la torre del reloj, con lágrimas mojándole las mejillas enrojecidas y las manos aferrándose con fuerza a su falda, intentando verse fuerte.

Un par de semanas después de eso, la familia Kuroba decidió mudarse de ese vecindario. Después de todo, se acababan de enterar de que el inspector Nakamori y su familia se habían mudado justo al lado de ellos. Y aunque todo era una gran coincidencia, preferían vivir sus vidas en paz y no tener al inspector tan cerca de sus asuntos.

Una pequeña introducción para decir que Kaito Kuroba apenas recordaba a Aoko Nakamori del preescolar. Nunca fueron amigos, solo. “Alguien con quien compartí clase durante medio año.”

Así que la primera vez que se detuvo a mirarla no hubo rosas ni amistad, y mucho menos algo tan tonto como amor a primera vista.

Más bien todo lo contrario.

Fue durante su cuarto atraco. Después de los dos primeros y de los increíbles trucos que realizó durante sus espectáculos, la gente empezó a reunirse para verlo. El tercer atraco tuvo un grupo relativamente pequeño afuera del edificio, pero ahora ese número se había multiplicado significativamente, y había mucha gente allí, algunos incluso sosteniendo pancartas. Se sintió eufórico al leerlas:

[¡Kid es genial!]

[¡Te amamos, Kid-sama!]

[¡Amo a Kid!]

[¡Róbame a mí ahora, Kid-sama!]

[¡Kid, vete de aquí!]

-¿Eh?-

Tuvo que mirar dos veces. ¿No era demasiado pronto para empezar a tener detractores? Miró a su alrededor para ver si había alguien más. Pero no. Solo una chica con su pancarta diciéndole que se fuera.

-Bueno.- Pensó, encogiéndose de hombros con indiferencia. -No puedes agradarle a todo el mundo.-

Pero al siguiente atraco, estaba allí de nuevo.

[¡Vamos, MPD! Atrapen a ese inmundo ladrón.]

Pensó que tal vez esa persona solo lo hacía por diversión. Pero sucedió en el siguiente atraco, y en el que le siguió, y en el posterior. Para el atraco número 11, las cosas cambiaron. Para mal, cabría añadir.

Las pancartas se habían vuelto un poco más insultantes con cada atraco. Nada explícitamente vulgar, pero lo notó. No es que le molestara un solo detractor en un mar de fanáticos. Pero entonces, ese día, la pancarta decía:

[¡Kid apesta! ¡Sus trucos de magia son básicos!]

Y con eso ya había tenido suficiente. ¿Quién era esta mocosa? Se esforzaba demasiado por hacerse notar. Patético, en realidad, pero ¿decir que sus trucos eran básicos? Eso era cruzar la línea.

¡Qué falta de respeto! ¡¿Quién se creía que era?!

Pero entonces vio que la gente a su alrededor le dirigía miradas de desaprobación e incluso le arrojaban cosas. A pesar de eso, la chica se mantuvo firme, con la pancarta en alto y una mirada decidida.

En los dos siguientes robos, notó lo mismo. Con la postura que la hacía parecer Benkei sosteniendo su bandera (otro ataque a sus habilidades como mago en forma de pancarta), mientras las flechas volaban para derribarlo (o, en su caso, gente arrojándole latas, botellas e incluso frutas a ella). Pero al igual que el mítico guerrero, no bajó su pancarta durante todo el atraco.

¿A quién intentaba llegar?

Los robos continuaron.

Las cosas se complicaron a medida que pasaba el tiempo. A los seis meses de haber comenzado sus actividades, la organización detrás de la muerte de su padre finalmente hizo un movimiento en su contra, y él descubrió de qué se trataba realmente todo esto y el peligro detrás de su trabajo.

Los detectives empezaron a meter las narices en sus asuntos. Especialmente un detective inglés que parecía haberlo rastreado hasta su escuela y que decidió vigilarlo al inscribirse en su misma clase. Aunque no tenía pruebas.

Todo esto para decir que el estrés en su vida había sido alto, por lo que un día, mientras se preparaba para el atraco, notó la clara ausencia de las infames pancartas anti-Kid. El pensamiento de que la chica finalmente se hubiera rendido le levantó un poco el ánimo. ¡Qué suerte la suya!

Silbó en una feliz victoria en solitario durante todo el trayecto hacia el interior del edificio. Kaito se había disfrazado de oficial y pasó sin problemas todos los controles de seguridad. Para ser honesto, estaba un poco sorprendido de que hubieran logrado organizar toda esta seguridad. Esta vez había hecho el acertijo extra confuso a propósito, y le parecía inesperado que hubieran tenido tiempo de resolverlo y prepararse lo suficiente para la cita. Pensando que tal vez solo había sido suerte, o que el inspector podría estar recibiendo ayuda de Londres, Kid decidió que no era motivo suficiente para preocuparse. Así que empezó a revisar las rutas de escape para asegurarse de que todo estuviera listo para el espectáculo…

Pero estaban bloqueadas.

Los planes A, B y D estaban bloqueados. Las salidas estaban cerradas herméticamente o fuertemente custodiadas. El ladrón todavía tenía los planes C y E para elegir, pero ¿qué carajos? Caminó hacia la sala principal de exhibición, listo para investigar la repentina mejora de seguridad, solo para encontrarla a ELLA adentro.

Vestida con una sudadera de policía gigante, con una llave de acceso colgando de su cuello y señalando cosas a otros oficiales en un plano.

-Ahí va el plan C.- Pensó con frustración, siguiendo los trazos que el dedo de ella dibujaba en el papel.

Disfrazado, se abrió paso hasta la mesa donde los oficiales de policía se habían reunido alrededor de esa chica. Kaito miró a su alrededor, tratando de descifrar qué carajos hacía ella allí.

¿Qué hacía esa mocosa con la policía? ¿Por qué todos estaban tan felices de verla?

En ese momento llegó el inspector Nakamori y acarició cariñosamente la cabeza de la chica.

-Nooo, Inspector, no, por favor, no vaya a por una menor.- Pensó, sintiendo una vergüenza ajena interna al ver la suave sonrisa que el hombre le dirigía a la chica.

“¡Buen trabajo, Aoko! Gracias a ti, no solo resolvimos el acertijo, sino que también aseguramos las posibles rutas que aún no habíamos visto.” Así que fue ella quien destrozó todos sus preciosos planes y les dio los detalles del atraco.

“¡Como era de esperarse de la hija del inspector!” Dijo alegremente otro miembro del escuadrón.

Y Kid se congeló.

-¿El inspector tenía una hija?- La información lo tomó por sorpresa. Tanto que casi suelta la pregunta en voz alta.

Bueno, cuando Kaito empezó a meterse en toda esta vida de ladrón, no podía acceder a la información privada de la policía. Sus habilidades de hacking no estaban tan desarrolladas antes de Kid, y apenas estaba empezando a dominar el arte. Así que efectivamente, fue un error suyo que, ahora que tenía más recursos y experiencia, por no mencionar la capacidad, no hubiera hecho su trabajo correctamente.

Porque hasta hace un momento, y según su conocimiento, el inspector era un hombre soltero de unos cuarenta años que vivía solo en la ciudad. Cuando Kaito se infiltró en su departamento para obtener información sobre el hombre a cargo de su captura hacía ya unos meses, solo descubrió lo dedicado que era a su trabajo y que entrenaba a diario para seguirle el ritmo a Kid. No había señales de que viviera con alguien más ni de que tuviera familia, así que Kaito simplemente asumió que no la había.

Ahora entendía de dónde venía esa loca de la pancarta. De tal palo, tal astilla. Puso los ojos en blanco e intentó ver si podía rescatar el plan A.

Resultó que una investigación más profunda sobre su inspector personal reveló que, en efecto, estaba casado, pero se había separado de su esposa hacía unos seis meses, cuando él quiso mudarse al centro de Tokio para perseguir a Kid y su esposa quiso quedarse donde estaban su trabajo y la escuela de su hija, en Yokohama. Por absurdo que pareciera, porque está lo suficientemente cerca como para no ser un problema en absoluto, decidieron separarse por un tiempo porque las discusiones eran constantes, y terminaron decidiendo que este era el mejor camino a seguir o eventualmente se dirían algo de lo que se arrepentirían. Así que terminaron viviendo separados, pero aún pasaban tiempo juntos cuando surgía la ocasión.

Y Aoko Nakamori, la distinguida hija del gran inspector Nakamori, era una maldita fuerza a la que tener en cuenta.

La chica era alegre, feroz, inteligente y ágil. Una maldita prodigio con la naginata, y corría tras él como si su vida dependiera de ello. Cuando no estaba sosteniendo sus pancartas francamente insultantes, se escabullia detrás de él con un sigilo y silencio que él no podía comprender en una chica que constantemente tropezaba consigo misma y parecía gritar más fuerte que nadie cuando veía a Kid durante el atraco. Y de alguna manera siempre estaba lista para darle un golpe con cualquier palo suficientemente largo que pudiera encontrar.

Kaito tuvo entonces una revelación.

No la soportaba.

Era molesta e imprudente, siempre obligándolo a cambiar de planes, siempre corriendo de cabeza ignorando los peligros a su alrededor, y siempre hablando mal de Kid a cualquiera que estuviera dispuesto a darle tiempo. Llegó a tal punto que Kaito empezó a rezar para ver las pancartas entre la multitud. Porque significaría que ella no estaría adentro haciéndole la vida imposible y obstruyendo su trabajo.

Pero entonces su vision sobre la chica cambio un día. Caminaba como civil hacia la zona del atraco, la gran torre del reloj de Ekoda, que tenía algunas joyas muy interesantes descansando en las manecillas. Sin embargo, ese día solo vino a hacer que la policía notara que el dueño las había reemplazado y planeaba estafar a la ciudad con una gran cantidad de dinero para mantener la torre allí. Había robado las originales un par de días antes, así que lo que hacia ese dia era más bien un acto de servicio a la comunidad.

Caminó hacia la multitud que se formaba en la plaza y allí la vio. La chica ya estaba en su lugar con su flamante pancarta que decía:

[Kid no es un ídolo, es un mero criminal.]

Esta vez estaba lo suficientemente cerca como para ver que ella miraba hacia arriba, erguida en su lugar, como si protestara más que buscar la aprobación de alguien. Vio que para ese momento ya estaba empapada en diferentes tipos de líquidos y había vasos y latas vacías tiradas a sus pies. Y también había gente, muchísima, gritándole cosas terribles.

Pero ella no se movió.

Botellas y basura volaban constantemente en su dirección, pero su determinación era de acero. Incluso cuando una mujer exuberante le gritaba sobre su apariencia, lo horrible que se veía, lo plana que era, cómo no debería estar empañando la vista de Kid-sama con su fea presencia, y haciendo que se le llenaran los ojos de lagrimas. Pero ella no bajó la pancarta.

Eso no era buscar atención. Había algo más en todo lo que ella estaba haciendo y que él había pasado por alto debido a su frustración con la muchacha.

Todo el asunto le dejó un mal sabor de boca, pero tenía que correr o llegaría tarde a su propio espectáculo.

Resultó ser un atraco muy complicado, incluso sin la asistencia de su detractora número uno. Un detective de vaya a saber dónde decidió aparecer, entrometerse y complicar su buena acción del día. Su truco quedó al descubierto ante el público y tuvo que huir de una manera muy poco favorecedora. Estaba más que enojado, pero al menos su código había sido entregado y el propietario puesto bajo custodia.

La gran tela blanca que había usado como proyector y paracaídas había dispersado bastante a la multitud, y algunos oficiales de policía ya estaban trabajando en enrollarla para meterla como prueba.

Miro alrededor de la zona buscando a la chica. Era un poco más complicado hacerlo desde el suelo, pero no le tomó mucho tiempo. Porque allí estaba. La mujer todavía sostenía la pancarta en alto, incluso cuando la gente ya se estaba yendo del lugar.

Algo en ella le dio ganas de hacer una estupidez.

Fue a una tienda de conveniencia, compró algunas cosas y se retocó el maquillaje en el baño para cambiar un poco su apariencia. Para el mundo, ahora parecía un civil normal. Ropa sencilla, pecas falsas y una gorra que le ensombreció la mitad del rostro.

Cuando regresó al lugar, la gente ya se había ido en su mayoría. Pero la hija de Nakamori todavía estaba allí. Aunque ya no sostenía la pancarta. Estaba sentada en un banco, intentando limpiarse con su pañuelo ya arruinado antes de irse tambien.

Se veía tan solitaria y triste en ese momento. ¿Por qué estaba sola aquí para empezar? Luego se mordió el labio, como si intentara evitar llorar, y él no pudo evitarlo cuando acortó la distancia y se paró frente a ella.

“¿Por qué te sigues haciendo esto?” Preguntó el chico, casi irritado, y le tendió una toalla de mano limpia. Ella pareció sorprendida por un segundo ante el objeto que se le presentaba, luego sus ojos subieron a su rostro y sonrió, como si toda la tristeza en sus ojos se hubiera desvanecido en un segundo. Ahora un fuego bailaba en sus grandes ojos azules, agitando algo en su interior.

“¡Porque a los criminales no se les debe idolatrar!” A él le dio un tic en la ceja. ¡¿En qué estaba pensando?! ¡No podía esperar nada más de esta mocosa! La chica finalmente tomó la toalla y comenzó a limpiarse la cara.

“¡Pero Kid apenas si es un criminal!” Explicó Kaito de inmediato, intentando defenderse. “Solo da un gran espectáculo, roba cosas que luego devuelve, e incluso oí que en realidad se han atrapado a 7 grupos de sujetos malos gracias a él.”

Al quitarse la tela de la cara, sus ojos reaparecieron con un destello peligroso que lo hizo estremecer un poco. Pero se disipó rápidamente con sus siguientes palabras.

“Tienes razón, ha habido 7 grupos atrapados gracias a él y ha devuelto cada joya a su legítimo dueño. Lo cual, en sí mismo, es muy loable, pero…”

“¿Pero?” La apremió Kaito mientras luchaba para que la frustración no se colara en sus palabras.

Entonces ella sonrió. Y su sonrisa tenía algo brillante, o cálido, como el sol a principios del verano.

“Pero sigue siendo un criminal. Roba, destruye cosas que otras personas tienen que pagar, moviliza a una gran cantidad de policías a su antojo que no pueden responder a otros delitos mayores, y…”

“Si la policía decide convertirlo en su prioridad, ¡No es culpa de Kid en absoluto!” Interrumpió Kaito, sintiendo que la culpa no debería ser 100% suya.

“Oh, pero ahí estás cometiendo un error.” Ella continuo con esa sonrisa ganadora en sus labios. “Kid en sí no es la prioridad. Pero sus espectáculos atraen a un montón de gente y a veces cierran calles, así que los policías que podrian haber estado evitando que le robaran a una abuelita, tienen que ir a hacer guardia fuera de la zona del atraco, y el departamento de tráfico, en lugar de controlar que la gente no supere el límite de velocidad, tiene que ir a desviar el tráfico alrededor de la zona del atraco…”

“Eso también es parte de su trabajo, ¿sabes?”

“Pero es quitar de un lado para ponerlo en un problema creado innecesariamente. Además, esos cierres de calles y la reorientación del tráfico hacen que la gente pase más tiempo en sus autos o autobuses, y tardan una eternidad en llegar a casa.” Como podía la chica tener una sonrisa tan linda y hablar con tanta calma cuando podría estar frente a alguien que podría atacarla de nuevo por ensuciar el nombre del gran Kaitou Kid? Kaito obviamente no lo hiba a hacer, pero ella no podia saber eso o quien era una buena persona. “Así que sí, él también le roba el tiempo a toda esa gente, y eso es algo que no puede devolver” Explicó la chica, casi con entusiasmo, como si estuviera feliz de que alguien finalmente se hubiera tomado el tiempo de hablar con ella.

¿Y Kaito? Se sintió como si le hubiera caído un ladrillo en la cabeza y como si alguien, concretamente esta chica, le hubiera dado un puñetazo en el estómago. Porque ella tenía razón.

“Además, tal vez esté bien aclamar a este antiheroe misterioso, ¡QUE ROBA!” remarcó estas últimas palabras, levantando los dedos para darles más énfasis. “Porque sí, claro, eso parece bastante bueno. Y el parece bastante simpático, ¿verdad?” Kaito quería asentir, pero algo en la forma en que decía esos cumplidos le hizo pensar que lo que diría a continuación lo pondría rápidamente en su lugar. “Entonces, también podemos aclamar al tipo que, mientras hacía parkour, robó una billetera. O tal vez podemos hacer la vista gorda con los traficantes de drogas que hacen videos divertidos para internet y los usan para promocionar su negocio ilícito. Después de todo, ¡Son tan divertidos! Pero así es exactamente como las líneas empiezan a borrarse y empezamos a pasar por alto las cosas malas porque también está sucediendo algo muy genial de fondo.” Maldita sea, odiaba que tuviera razón. “Así que sí, hay que detener a Kid. Si quiere ayudar a la policía, puede unirse a las fuerzas policiales el mismo, o incluso podría hacer lo que hace sin atraer a una masa enorme de gente varias veces a la semana que al final causará molestias a los demás. Porque esto…” Dijo, señalando el lugar donde la multitud había estado no hacía mucho. “No está bien. Y no deberíamos normalizarlo.”

Odiaba aún más tener que admitir que esta loca mocosa tenía razón. Obviamente, él tenía sus razones para hacer las cosas como las hacía. Incluso si atraer fanáticos es más una consecuencia que un requisito, eso no cambia el hecho de que la gente eventualmente borrará las líneas para otro criminal.

Por otra parte, no vino aquí a debatir si tenía razón o no.

“Pero ¿vale la pena? Quiero decir, mírate. Nadie te presta atención, nadie se detiene a escucharte, claramente te odian y te maltratan.” Aoko se movió un poco incómoda en su asiento mientras el extraño enumeraba todos los contras de su decisión. “Estás empapada de líquidos de todo tipo y te arriesgas a ser atacada. Todo por una causa que a nadie más le importa.”

“Aoko no hace esto para ser querida. Aoko lo hace porque es lo correcto.” Respondió la chica sin perder el tiempo. Y eso lo hizo fruncir el ceño. ¿Por qué tiene que ser tan noble al respecto? Lo hacía enojar tanto. ¡Estaba siendo imprudente otra vez y muy ingenua! Sin embargo, una pequeña parte de él realmente la admiraba por eso. “De vez en cuando, hay algún extraño ocasional que viene y habla con Aoko. Algunos se ofenden y se van. Otros se ponen violentos y le arrojan cosas, pero hay un pequeño número de personas que escuchan y ven las cosas de manera diferente después. Tal vez no dejen de apoyar a Kid, pero se vuelven conscientes de las cosas que Aoko ya ha mencionado. Y ahí ella hace un pequeño cambio en el mundo, y Aoko siente que es su deber, porque si ella no lo hace, ¿quién más lo hará?”

A pesar de que hablaba en tercera persona y tenía un toque de infantilismo, lo que decía sonaba casi poético, pero…

“Sé sincera.” El chico entrecerró los ojos de manera acusatoria. “¿Cuántas personas han escuchado realmente y se han vuelto, como dices, 'conscientes' y mejores ciudadanos?” Su pregunta fue seca, sin molestarse en ocultar la ligera burla en sus palabras.

La sonrisa de la muchacha flaqueó un poco y un tinte rojo comenzó a cubrir sus mejillas antes de mirar hacia otro lado.

“P-Pocas…”

Él arqueó una ceja. Por esa reacción, tiene que ser un número muy pequeño.

“¿Entonces, menos de ochenta?” Desde que empezó hace casi nueve meses, y seguro que hay al menos algunas personas curiosas en cada atraco, tirando muy por lo bajo, no debería ser inferior a su suposición. Aun así, ¿ochenta personas realmente hacen un cambio?

Ella dejó escapar un largo suspiro y dejó caer un poco los hombros, concediendo la derrota.

“Seis.”

Él no pudo evitar reírse a carcajadas. La chica le dirigió una mirada desafiante.

“¡No te rías, es de mala educación!” Dijo la chica, poniéndose de un bonito tono rojo mientras jalaba su manga un poco.

“Jajaja, pero…” Casi estaba jadeando. Intentó respirar y mantener el control, pero… “Lo siento, es solo…” Hubo otra ronda de risitas. No se había reído así en mucho tiempo y empezaron a dolerle los costados, así que se desplomó a su lado en el banco mientras se sujetaba el estómago. “¡Es que no me esperaba eso! Tan grandiosa y poética y a la vez tan pequeña.” El chico se secó las lágrimas con la mano.

“Eso no es algo muy bueno que decir” Murmullo la joven mientras inflaba sus mejillas, casi como una niña pequeña, y él sintió el repentino impulso de pellizcarle la cara.

Pero obviamente no lo hizo.

ALo siento, lo siento…” Dijo finalmente el chico. A medida que las risitas sesaban, dejó escapar un largo suspiro antes de volver a hablar. “Pero sí, tienes razón. Supongo que no me esperaba que la detractora número uno de Kid fuera tan racional con todo.”

“¿Estás diciendo que Aoko parecía irracional?” Él sonrió.

“Solo un poquitito.” La mujer resopló, claramente molesta por su comentario. “Pero me sorprendió mucho que también pudieras ver lo bueno en lo que él hace. Esperaba que estuvieras completamente sesgada.”

“¡Oh, Aoko está extremadamente sesgada!” Dijo ella. “Personalmente, lo odia, y también es una gran parte de la razón por la que viene a cada atraco, solo para desahogar su odio hacia él.” Resopló. “Porque, sea él consciente o no, su regreso rompió la familia de Aoko. Y le quita cada minuto de la atención de su padre. Aoko siente celos de que él reciba más atención de su padre que ella.” ¿Cómo podía decir eso mientras seguía sonriendo? Estaba más allá de su comprensión. “También está muy celosa del hecho de que, aunque comete delitos, Kid siempre es amado. Mientras que Aoko, que intenta hacer lo bueno a cada momento, siempre es odiada. A Aoko le frustra enormemente. Así que sí, está sesgada. Aoko simplemente sabe separar muy bien sus sentimientos de las situaciones que nos afectan a todos.”

Hubo una pequeña puñalada añadida a su conciencia. Ahora se sentía culpable a nivel personal. Se limitó a tararear en respuesta a lo que había dicho la pequeña detractora y se quedó allí sentado en silencio durante un rato, hasta que ella volvió a hablar.

“¿Y bien?” Empezó ella. “¿Podría dejar de robar por favor, señor ladrón?”

Justo cuando las palabras terminaban de salir de su boca, sintió que las esposas frías se cerraban alrededor de su muñeca derecha.

Un escalofrío le recorrió toda su columna vertebral. -¡Esta mocosa! -Sus pensamientos se alzaron con rabia.

“¿Cómo supiste…?”

“Oh, Aoko simplemente lo dedujo.” Se encogió de hombros mientras cerraba con calma el otro extremo alrededor de su mano izquierda. Como si toda la fuerza policial no estuviera muriéndose por conseguir una oportunidad como esta. “La gente no suele acercarse a ella. Los que lo hacen suelen estar allí para pelear o atacarla. Por otro lado, si quieren escuchar, casi siempre son personas mayores o detectives, policías, abogados, etc. Y tú no pareces ser de ninguno de los dos grupos.” La chica continuó su explicación. “Además, hubo dos cosas que dijiste que te delataron. La primera que le dijiste a Aoko fue: '¿Por qué te sigues haciendo esto a ti misma?', como si hubieras estado mirando hace tiempo y supieras que no la estaban tratando bien” Explicó con inocencia. “La gente normal ni se daría cuenta, pero Aoko supone que su única detractora llamaría un poco la atención, así que puede que lo hayas notado.”Su razonamiento era infantil pero correcto, y todas esas pequeñas contradicciones sobre ella lo estresaban. “Y luego, lo segundo fue que sabías sobre los arrestos y pensabas que había algunos rumores circulando. Solo se habían referido a un solo evento. Mencionaste las siete veces, y las únicas personas que realmente podrían saber sobre los seis arrestos más el último que ocurrió justo hoy son…” Empezó a enumerar con los dedos, como si le estuviera explicando las cosas a un niño pequeño. “Los propios sujetos malos, la policía, tal vez sus familias, y Kaitou Kid, así que sí, Aoko lo dedujo.”

La forma en que se encogió de hombros, como si sus instintos no hubieran jugado un papel enorme en todo el asunto, le hizo pensar que ella no valoraba demasiado sus propias habilidades.

Esta chica era jodidamente inteligente. Ya había visto pruebas cuando la vio ayudando durante los atracos. Había sido un gran testigo de su brillantez. Sin embargo, escaló a un nivel completamente nuevo. Había sabido casi desde el principio con quién estaba hablando, esperó a que bajara la guardia y lo capturó eficazmente.

Tuvo que dejar escapar una pequeña risita de nuevo. Esto en realidad era muy entretenido.

“Bueno, ¡Nakamori Aoko-san, admito que eres muy buena!” Dijo el ladrón, aplaudiendo lentamente. “Solo por eso, tengo un pequeño regalo para ti.”

Con la mano libre, sacó un pañuelo de su bolsillo y lo agitó frente a ella. La cosa se hizo enorme ante sus ojos y, antes de que supiera lo que estaba pasando, la chica quedó completamente cubierta por él.

“Tres… dos… uno…”

Cuando le quitó la tela de encima, Aoko llevaba un conjunto limpio de camiseta y pantalón de entrenamiento. Su rostro y su cabello también estaban limpios de toda la porquería que los había estado cubriendo. Todo con el chasquido de sus dedos.

De alguna manera, a pesar de todo lo hablado sobre odiarlo a muerte, ella parecía maravillada.

“¡Vaya, eso fue genial!” Dijo Aoko con sinceridad, y eso hizo que Kaito quisiera sonreír y tal vez saltar. Simplemente no sabía que era esa extraña sensacion estomago y prefirió no darle demasiadas vueltas. “Podrías ser un gran mago, Kid-san, si tan solo dejaras de robar.”

¡Agh! Había algo igualmente atractivo e irritante en ella, y no sabía qué sentía al respecto.

“No puedo dejar de hacer eso, pero puedo hacer esto.” Agitó la mano y una rosa azul apareció ante sus ojos. Ella parecía como si acabara de ver la luna por primera vez, su rostro iluminado por una sonrisa radiante y emocionada mientras tomaba la flor ofrecida.

Pero entonces se tomó un momento, notando que él estaba parado bastante lejos para ser alguien esposado a ella. Mirando hacia su muñeca, allí estaba. Su extremo de la esposa estaba abierto y él era libre una vez más, permitiéndole poner distancia entre ellos.

“Fue… definitivamente algo… hablar contigo, Nakamori Aoko-san. Espero no volverte a ver en mis atracos nunca más” Dijo el hombre, haciendo una reverencia y despidiéndose con la mano.

La chica sonrió y le devolvió el saludo. Sabiendo que incluso si corría tras el ladrón, había una posibilidad muy remota de que realmente pudiera atraparlo.

“¡Aoko estará allí la próxima vez también! ¡Nos vemos entonces! Mientras tanto, ¡vete al demonio, Kid!”

Kaito casi se olvida de la parte en la que ella admitió abiertamente que lo odiaba, pero su maldición al final solo lo hizo reír más.

Esa chica era todo un caso.

Uno que no le molestaba tanto.

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