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Would You Fall in Love With Me Again?

ginakayer • 13/10/2026 • 1 capítulo
Detective Conan G ◆ One-shot Romance Suspenso Tragedia Angst Hurt/Comfort
Crossover Akai Shuichi Akemi Miyano
7 visitas 0 me gusta 0 comentarios 1 cap. 2.108 palabras 11 min de lectura
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Sinopsis El musical EPIC x Detective Conan, con Akai y Akemi al frente!
Cap. 1

Sin título

2.108 palabras

Is it you? Have my prayers been answered? Is it really you standing there? Or am I dreaming once more?

You look different. Your eyes look tired. Your frame is lighter. Your smile, torn.

Is it really you, my love?

El cielo, opacado por un puñado de nubes grises en aquella tranquila mañana de martes, se esforzó en dejar un fino hilito de sol que fue el encargado de iluminar la figura de una insegura Akemi. Era la primera vez que ella y Dai se citaban en el exterior de las instalaciones en las que trabajaban, así que el nerviosismo se apoderó de ella nada más estuvo en uno de los bancos de aquel pequeño parque en el que habían quedado.

Llegar la primera a la ubicación escogida era tanto una maldición como rutina para ella, así que con cierto temblor en las manos se acarició la zona del pecho donde se encontraba el corazón, dejando escapar un largo suspiro esperando que eso le ayudase a calmarse. Si bien las cosas habían sucedido excesivamente rápido cuando se trataba de aquel hombre, ella estaba segura de que no se arrepentía ni de un solo segundo que había pasado con él.

Dispuesta a dar un paso más aquel frío día de invierno, Akemi cerró el puño para agarrar con fuerza la parte de su camiseta que estaba más cerca del corazón, decidida a no echarse para atrás en el último instante. Para tratar de calmarse, repitió una y otra vez en forma de susurro lo que pensaba decirle si todo iba bien.

Pero había un problema.

Ella había ido allí dispuesta a ignorar todo lo sucedido. A ignorar que, probablemente y desde el primer minuto que se conocieron, Dai le había estado mintiendo. Ingenua o no, ella quería creer que, igual que ella se había acostumbrado a él, él lo había hecho a ella. No tenía pruebas de ello, ni siquiera tenía pruebas de que la persona que había escogido amar fuese buena, pero… ¿quién puede decirle que no a los asuntos del corazón?

Ese mismo corazón que había elegido al pelinegro, dio un vuelco al verlo acercarse, pese a saber de antemano sobre su venida. Reconocerlo era fácil, pues rara vez se quitaba la gabardina negra, y eso sin contar con su generoso cabello negro azabache. Akemi bajó la mirada, haciendo como que no le había visto, pues recibirlo solo le aceleraba el pulso y le llenaba de esos pensamientos negativos de los que aseguraba haberse deshecho antes de venir aquí.

Un suave y delicado toque en el hombro fue lo que la despertó de aquella pesadilla que era su inseguridad, y al levantar la vista y darse de bruces con aquella gentil mirada, todas sus dudas se disiparon y solo pudo que coger dulcemente la mano ajena para ayudarse a levantarse, quedando frente a frente con un cortés Dai que la miraba con una sonrisa ligeramente ladeada, bien característica de su personalidad.

Derretida ante aquella vista, Akemi dejó escapar un suave suspiro convertido en risita. No había duda de que ese era, sin trampa ni cartón, el hombre del que estaba perdidamente enamorada.

I am not the man you fell in love with. I am not the man you once adored. I am not your kind and gentle partner.

And I am not the love you knew before.

Would you fall in love with me again if you knew all I've done? The things I cannot change, would you love me all the same?

I know that you've been waiting… Waiting, for love.

La mañana de “Moroboshi Dai” no había sido diferente a la ajena, con la diferencia de que en su pecho el sentimiento predominante era la culpa, mientras que su cabeza se dividía en si aparecer o no a la cita. Culpa por sus acciones, culpa por sus mentiras, culpa por aquellas promesas aún por incumplir; pero sobre todo culpa por haber caído en las garras del amor y no haber podido salir de ellas a tiempo.

Esa misma culpa fue la que le impidió añadir el abandono a su lista de cosas por hacer. No podía ni se veía capaz de darle plantón a Akemi, no luego de todo lo que ella había hecho por él en estos meses de infiltración. Lo que al principio parecía un trabajo difícil y extremadamente peligroso, ella lo había convertido en algo por lo que se levantaba cada día con una sonrisa en los labios.

Verla en la zona común cada mañana era como ver salir el sol tras una terrible y prolongada tormenta. Su sonrisa iluminaba hasta el más oscuro rincón de su corazón, y por ella había hecho cosas que tenían un claro impacto en su futuro, como había sido el romper su relación con su pareja.

Amar a dos mujeres a la vez, simplemente él no era ese tipo de hombre… y claramente una había ocupado todo el espacio disponible durante la misión más difícil y atrevida de su vida. Haber sido sincero consigo mismo y con Jodie había sido lo que le había ayudado a continuar sin arrepentimiento alguno, pero no por ello no significó la decisión más dura de su vida hasta la fecha.

Con la determinación de haber tomado la resolución correcta, se dirigió con paso firme al punto en el que habían quedado esa mañana. Con su particular gorro de lana y su recién peinada melena, el pelinegro se trasladó con la mayor puntualidad que le fue posible hasta el parque, no pudiendo evitar sonreír al ver de lejos a una nerviosa Akemi que no dejaba de jugar con sus propias manos.

Pero pese a que pensó que podría controlar sus pensamientos, cada paso que daba para acercarse a ella se sentía más pesado, pues le recordaba a cada instante que somos el futuro de nuestras palabras, y la consecuencia de nuestros actos. Y sus actos no habían sido sinceros. Tocar su hombro, ayudarla a levantarse y observar ahora cara a cara su dulce y delicada sonrisa fue la gota que colmó el vaso, un vaso que cayó y estalló en pedazos mientras de sus labios escupía todo el pecado acumulado en forma de disculpa desesperada, sincera y temerosa.

“No te merezco, Akemi. Tú mereces a alguien que te clave un beso en la frente y te diga que gracias a ti, hoy todo es diferente. No a una persona egoísta que ha hecho todo lo posible por aprovecharse de las circunstancias y de ti para sus propios fines.”

What kinds of things did you do?

[…]

Left a trail of red on every mission, as I traded friends like objects I could use. Hurt more lives than I can count on my hands. But all of that was to bring me back to you.

Akemi no esperaba ni mucho menos aquella disculpa tan repentina, y aparentemente sin contexto. Por suerte o por desgracia, ella el contexto lo conocía muy bien, aunque él ignorase ese dato. Queriendo darle la oportunidad de explicarse ante aquella retahíla de información en principio sorprendente y novedosa, ella no dudó en preguntar:

“¿A qué te refieres, Dai?”

Que la mirada gentil y nada acusatoria de Akemi estuviese fijada en la propia, no ayudó en lo más mínimo a un nervioso Dai. Primero que todo, porque cada vez que ella usaba ese nombre para referirse a él, le recordaba que no había sido sincero ni un solo instante con alguien que solo le había dado cosas buenas y positivas. Por desgracia, el tema del nombre no era ni mucho menos el que más le preocupaba, así que no se molestó en añadirlo.

Consideró mucho más importante empezar desde el principio, desde el mismo día en que se conocieron si no antes, desde el momento en el que él investigase profundamente la situación de Akemi antes de entrar como infiltrado en la organización. Desde el mismísimo momento en el que él decidió que ella era lo suficientemente manipulable como para que su plan tuviese éxito.

“Te he estado mintiendo desde el principio, Akemi. Yo… Mi trabajo real es agente del FBI. Estoy en esta organización como parte de mi trabajo, una especie de infiltración que me ayudará a saber más sobre sus propósitos y, con suerte, sobre el paradero o destino de mi padre. Antes de entrar, pensé que la forma más sencilla de encajar sería tratar de hacerme cercano a alguien para poder aprovecharme de él o ella, y la elegida fuiste tú. Entrarte de golpe era raro, por eso me puse frente a tu coche y traté de saber más de ti a través de la pena o la culpa que pudieses tener por causarme el atropello.”

Akemi escuchó aquella explicación completamente en silencio, bien porque quería que él mismo contase lo que tuviese que contar y bien porque tampoco sabía qué responder. Ante aquella ensordecedora calma, Dai subió las manos a sus hombros y en principio los acarició, queriendo también ser sincero con sus sentimientos porque no todo había sido falso durante aquella época.

“En lo que no he mentido… es en lo que siento por ti, Akemi. ¿Sabes cuando quieres que un momento dure para siempre? Así me siento cuando estoy contigo. Mientras más te conozco, más te quiero y más deseo estar contigo. He sacrificado todo por ti, y no me arrepiento ni un solo segundo de haberlo hecho, pero entiendo y entenderé que quieras parar aquí, y no dar paso a nada más serio.”

“Pero sí quiero, Dai.” -fue la conclusión de Akemi a aquella dolorosa pero sincera confesión.

“¿… por qué?”

I will fall in love with you, over and over again, I don’t care how, where, or when, no matter how long it’s been, you’re mine.

Don’t tell me you’re not the same person, you’re always my love, and I’ve been waiting, waiting… for you.

I love you.

“Can’t you tell why without asking?”

Aquella frase retumbó dolorosamente en la cabeza de Dai a la vez que el agarre de los hombros ajenos se afianzaba, y las lágrimas empezaban a brotar de los ojos de Akemi, directos al suelo sin que nada ni nadie pudiese detener su camino. Verla tan vulnerable provocó en él que se lanzase a abrazarla, decidido a protegerla de todo aquello que pudiese dañarla, incluido él.

No estaba en sus planes que Akemi le perdonase, pero una vez más demostró que solo la pureza y la amabilidad tenían cabida en su enorme corazón. Sin saber qué decir a continuación, Dai simplemente mantuvo el abrazo para luego separarse y mirarla a los ojos. Siendo más que consciente de que no era merecedor de un beso suyo, igualmente se acercó a sus labios, pidiendo permiso antes de poder acercarse y finalmente dárselo.

Sus labios eran incluso más suaves de lo que él había imaginado, y su piel tan delicada como la esperaba. A ese beso le siguió otro, y otro más, hasta que finalmente ella se separó para limpiarse delicadamente con la manga de la chaqueta las lágrimas sobrantes, tratando de calmarse. Eran demasiadas las emociones que ahora paseaban a sus anchas por su corazón, pero sin duda ninguna era mala.

Dai tendría que trabajar duramente en recuperar la confianza que una vez Akemi depositó en él, pero apreciaba que ahora hubiese sido sincero y claro con lo pasado, lo presente, y lo que esperaba a futuro. Y como veía en su mirada y sus acciones que él estaba dispuesto a cambiar, ella estuvo dispuesta a perdonar.

Con una delicada caricia en la mejilla, le transmitió su decisión al chico, acompañando ese gesto de un delicado beso en los labios, uno que hizo durar un par de segundos y que profundizó al ladear la cabeza y poder así besarle más cómodamente. Ese era apenas el principio de su futura relación, pero ambos ya se sentían incompletos cuando el otro estaba demasiado lejos.

Dai, aún incrédulo con el ángel que había bajado del cielo para amarlo a él sin juzgar sus acciones, acercó las manos para poder sostener las ajenas, cubriéndolas ya que ella parecía tener algo de frío y él estaba dispuesto a remediarlo con su calor corporal. Una vez las tuvo cogidas, entrelazó los dedos de su mano derecha con la ajena y se aclaró la voz, tratando de decir algo pero siendo interrumpido por ella.

“Te quiero.”

Ella escupió aquella confesión como si fuese algo que necesitaba decir a toda costa, con miedo a no ser correspondida debido a la peculiar situación en la que se encontraban. Pero la respuesta de Dai fue clara, y sentenció las inseguridades de Akemi al acercarse y volver a besarla cariñosamente.

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