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Disculpa

ginakayer • 13/10/2026 • 1 capítulo
Detective Conan G ◆ One-shot Triángulo amoroso Acción Crimen / Detectives Angst Dark / Oscuro
Furuya Rei Akai Shuichi Tea Party Hiromitsu Morofushi
5 visitas 0 me gusta 0 comentarios 1 cap. 1.112 palabras 6 min de lectura
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Sinopsis Basado en el Tea Party que Gosho Aoyama sigue sin desarrollar :P
Cap. 1

Sin título

1.112 palabras

Por primera vez al descubierto frente a una persona que no consideraba su aliado, Akai Shuichi mantuvo firme la pistola abrazada entre sus dedos. Pese a no ser un desconocido quien ahora le apuntaba con un arma, la tensión mantenía su cuerpo paralizado, y su dedo índice dubitativo ante el delicado gatillo. Una vez creyó conocer al rival que ahora se alzaba frente a él, pero la versión que ahora mostraba le era completamente ajena.

Su mente funcionaba a toda velocidad, ignorante ante las decisiones que el rubio barajaba en su cabeza. ¿Sería capaz de dispararle? ¿Tal era la ira que sentía que eso le llevaría a cometer el más atroz de los crímenes? La respuesta no llegaba. El cruce de pistolas se mantuvo firme durante varios minutos más, que para él parecieron horas. No fue hasta que una luz iluminó la estancia, y pudo ver una furtiva lágrima luchar por no resbalar por la mejilla ajena que se dio cuenta de que no sería capaz de terminar el trabajo.

Poco a poco la pistola fue cayendo de su tembloroso agarre hasta finalmente aterrizar en el suelo bajo sus pies. Su cuerpo fue capaz de recuperar el movimiento con lentitud, todo esto mientras sus compañeros trataban de calmar a Furuya Rei y explicarle qué estaba pasando exactamente. Ese no era su trabajo.

Él, hoy, solo era el cebo.

Como todos en aquella casa sabían, Furuya Rei no era un cualquiera. Su inteligencia estaba a la par con la de muchos de sus aliados, por lo que la precaución y planificación eran esenciales a la hora de poder pillarle y convencerle de que una conversación era lo único que necesitaban de él. Pero había un problema: la manera en la que él percibía a Akai Shuichi. Mientras que Yukiko y Yusaku ignoraban la raíz de este odio, Akai podía hacerse una idea, aunque quizá ignoraba la profundidad real de la ofensa.

Siendo su meta de hoy la de analizar cada gesto del rubio, se sentó frente al resto de participantes y se cruzó de piernas, confiando plenamente en Yusaku para que convenciese al detractor de unirse a sus meticulosos y complejos planes para acabar con la organización criminal de la que una vez ambos fueron topos junto con una tercera persona: Hiromitsu Morofushi. Él era, probablemente, lo que había desencadenado toda aquella enemistad e ira.

Hacía ya un tiempo de los sucesos relacionados con Hiromitsu, pero no era algo que fuese fácil de olvidar para Akai. En aquel momento, Hiro sería la primera persona que no podría salvar pese a intentar todo lo que estaba en su mano para conseguirlo. Lo que no sabía en aquel entonces, es que él solo sería el primero de muchos en su vida.

Pero volviendo a Hiro, él aún pasaba noches en vela pensando en lo sucedido, hundiendo los recuerdos en bourbon y marlboro. El terror plasmado en su mirada, el miedo inundando su corazón, la desesperación en su forma más humana... Esos eran los últimos recuerdos que Akai tenía del que había sido uno de sus mejores aliados en la infiltración más difícil de su vida. Y, finalmente, pólvora. Sus manos manchadas de sangre, de manera directa e indirecta. Y una victima inocente, alguien a quien se le fue de las manos y se dejó devorar por las negras garras de la maldad que rodeaba a aquella organización.

¿Pero por qué alguien como Rei, que también estuvo allí y presenció lo obvio, seguía culpándole por el suicidio de un amigo? Porque para Rei no era solamente un amigo, concluyó tras meses de hipótesis no tan descabelladas.

Habiendo llegado a esta conclusión, Akai estaba decidido a corroborarla esa noche. Una vez Yusaku y Yukiko se retiraron él, decidido, agarró el brazo ajeno, solo para recibir a cambio un manotazo que consiguió esquivar por los pelos.

– No te atrevas a tocarme.

Aquella advertencia fue más que suficiente para que Akai se mantuviese a una distancia moderadamente segura, y colocase las manos tras su espalda en señal de tregua. Solo por ese gesto tan dócil, Furuya Rei detuvo su camino hacia la salida, dispuesto a escuchar durante unos segundos lo que aquella persona tuviese que decir. Y pese a que en su cabeza había repetido esta escena miles, millones de veces, de su boca solo salió una tímida disculpa.

– Lo siento.

Al contrario del alivio que solían transmitir palabras así, la reacción de Rei fue abalanzarse sobre el cuerpo ajeno para tratar de golpearlo. Aquello inició una avalancha de golpes que Akai Shuichi se limitó a esquivar y detener, observando con curiosidad la ira que irradiaba la mirada ajena. Acostumbrado a que muchas personas durante su vida le mirasen con un profundo dolor provocado por él mismo, pudo entonces percibir lo que estaba sucediendo.

Aquella mirada no se parecía a la de Jodie, cuando desafortunadamente escogió terminar su relación con ella para iniciar otra con Akemi Miyano. Tampoco era parecida a la de Akemi Miyano cuando admitió saber que estaba siendo usada por la persona que más amaba. Esa mirada... Era exactamente la suya cuando perdió al que consideraba al amor de su vida.

Era un calco de la mirada que vio reflejada frente al espejo cuando decidió cortar su larga melena tras la pérdida de Akemi a manos de Gin. Una copia del reflejo plasmado en una copa de vino hecha añicos en una noche dominada por sus recuerdos y sentimientos más difíciles. Aquellos eran ojos que mezclaban desesperación, con un luto no resuelto, un corazón roto, y una sed de venganza que probablemente no calmaría ni un poco su dolor. En eso, eran parecidos.

Identificar al fin la verdadera razón tras el odio a todo lo que tuviese que ver con él, y por ende al color rojo, solo dejaba una pregunta en el aire; ¿qué debía hacer para curar ese odio? ¿Cuáles eran los pasos a seguir?

Inmerso en sus pensamientos, fue que recibió el primer golpe en la nariz, uno que le hizo caer al suelo frente al rubio, con la mano apretada formando un puño y las lágrimas imposibles de detener a estas alturas de la “disculpa”. En ese estado fue que pudo ver finalmente el brillo volviendo a los ojos de Rei, un brillo que hacía años que echaba en falta: el brillo del que había sido su amigo, con el que había compartido experiencias y dificultades. El brillo del Rei que una vez conoció. Y fue ahí, cuando finalmente se dio cuenta de que debía detener esto lo antes posible, porque...

En un mundo sin Hiromitsu, el odio era el único sentimiento capaz de mantener con vida a Furuya Rei.

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